El primer ministro canadiense, Mark Carney, durante su visita al Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia)
Australia y Canadá o cómo cortar la dependencia de Estados Unidos desde Bruselas si son «miembros asociados»
Úrsula Von der Leyen quiere soltar lastres y generar vínculos que fortalezcan la autonomía de la UE, generen oportunidades económicas a las empresas, industria, consumidores y a los Veintisiete
El pasado miércoles, la presidenta de la Comisión Europea sorprendió a todos al proponer a Canadá convertirse en el «primer miembro asociado» de la Unión Europea. Pero, una vez pasada la sorpresa inicial, parece que el proyecto tuvo éxito entre los mandatarios europeos. Incluso, acto seguido comenzaron a surgir nuevos países candidatos a esa membresía, como Australia y Nueva Zelanda, que proclamó la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola. Pero... ¿Alguien sabe lo que es un «miembro asociado»?
El principal implicado hasta el momento, Canadá, no lo tiene muy claro. «La nomenclatura exacta es una cuestión que compete a Europa. Lo que importa es el contenido», afirmó su primer ministro, Mark Carney, al ser preguntado por la cuestión en Bruselas el pasado jueves.
Tampoco está muy claro dentro de la Unión Europea. El mismo ministro de Economía de España, Carlos Cuerpo, consideró este viernes que «todavía será necesario definir el alcance concreto de esta nueva fórmula de relación».
El concepto de 'miembro asociado' en la Unión Europea no es nuevo. El pasado mes de enero, el canciller alemán Friedrich Merz propuso conceder ese estatus a Ucrania para acelerar su integración en la Unión Europea. La idea era que, así como ahora se negocian las condiciones de entrada y cuando se cumplen se ingresa en la UE, Merz propuso permitir el ingreso de Ucrania en la Unión y luego ir negociando poco a poco las condiciones.
Pero en el caso que nos ocupa, ni Canadá ni Australia pueden ingresar en la Unión Europea, más que nada porque no están en Europa. Así que el título servirá para tener algún tipo de acuerdos privilegiados más cercanos a la adhesión.
Lo cierto es que con Australia, la Unión Europea tiene uno de los acuerdos más sólidos y completos que se conocen, según explicó la propia Comisión Europea. Aunque todavía tiene que ser ratificado por la Eurocámara y por el Parlamento australiano, el pasado mes de marzo ambos organismos cerraron las negociaciones de un acuerdo en materia de Defensa y Seguridad que contempla una coordinación más estrecha en torno a prioridades estratégicas, coordinación en materia de tecnologías emergentes y disruptivas, incluida la inteligencia artificial, y se apoyará el desarrollo de capacidades de los socios.
Pero también se cerró el acuerdo comercial, que con Canadá ya existe desde hace una década y ha supuesto el incremento del intercambio comercial en un 100 % en estos diez años, según explicó Von der Leyen. Este acuerdo con Australia permitirá abrir el mercado europeo a una de las economías desarrolladas de más rápido crecimiento del mundo, aportando así importantes oportunidades económicas a las empresas, los consumidores y los agricultores europeos. La previsión de la Comisión es que el comercio con Australia crezca un 33 % en los primeros diez años.
Además, con este acuerdo, la UE también refuerza sus intereses estratégicos en el ámbito de las materias primas fundamentales, mejorando la solidez y la resiliencia de sus cadenas de suministro frente a las crisis geopolíticas.
Parecidos términos son los acuerdos que la Unión Europea mantiene con Canadá, con el añadido en este segundo caso de que el país que gobierna Mark Carney es miembro de la OTAN, que es lo más parecido a un cuerpo militar europeo, puesto que la UE como tal no tiene un ejército. Australia, aunque no pertenece a la OTAN, es 'socio ampliado' de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
De hecho, incluso en este sentido, Canadá está más avanzado respecto a la Unión Europea. Así, participa en el programa SAFE, por el que la UE concede préstamos para que los estados miembros se rearmen con la compra de material militar europeo, y también canadiense. Y en estos momentos, tal y como anunció el viernes el portavoz comunitario Balazs Ujvari, Carney se encuentra negociando su participación en el préstamo de 90.000 millones de euros para Ucrania.
De hecho, el propio primer ministro de Canadá ya apuntó alguno de los próximos pasos que su país va a dar en la relación con la Unión Europea como la negociación de su participación en el programa Erasmus y el Horizon, que financia investigaciones científicas.
En cualquier caso, falte lo que falte para convertirse en 'miembro asociado de la Unión Europea', porque ni la propia Ursula von der Leyen sabe qué falta, puesto que todavía no ha fijado las condiciones para adquirir ese estatus; el nombramiento tiene que ser aprobado por los Veintisiete estados miembros en un Consejo Europeo y, además, se tienen que poner de acuerdo los Veintisiete, no vale con veintiséis.
Así que tanto Canadá, como Australia, tendrán que esperar un tiempo para convertirse en miembros asociados, si es que finalmente aceptan serlo y las condiciones que ello implique.