Un helicóptero de rescate EH101 Merlin de la Fuerza Aérea Danesa en Narsarsuaq, Groenlandia
Las incógnitas sobre el acuerdo de seguridad entre Estados Unidos y Groenlandia se cuelan en la ONU
Tras meses de negociaciones bajo cuerda, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el pasado viernes mediante una publicación en su red social, Truth Social, que había llegado a un acuerdo con el Reino de Dinamarca y con Groenlandia para asumir el «control permanente de la seguridad y todas las demás necesidades» de la isla ártica. «¡No supondrá ningún coste para los Estados Unidos! Bajo mi dirección, hemos colaborado con representantes de Dinamarca y Groenlandia para garantizar que Estados Unidos tenga para siempre plena capacidad para hacer lo que sea necesario en Groenlandia con el fin de garantizar y defender la seguridad tanto de Groenlandia como de Estados Unidos de América», escribió Trump, quien en su mensaje no ofreció detalles sobre lo pactado.
Sin embargo, sí dio algunas pistas, como que el trato garantiza a Estados Unidos que «ningún adversario» pueda albergar una base en Groenlandia o mantener una presencia militar ni realizar «inversiones sensibles» en este territorio. Según explicó el republicano, se trata de un acuerdo con una vigencia «infinita» y adelantó que tienen previsto comenzar «de inmediato el proceso de establecer una importante presencia militar en la zona». Por su parte, en un comunicado conjunto del Gobierno de Groenlandia y el de Dinamarca difundido el mismo viernes, también bastante escueto, confirmaron que el pacto se firmará hoy en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, que se celebra esta semana en Nueva York.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, pusieron rumbo este domingo hacia la capital económica de Estados Unidos. Ambos celebraron el acuerdo de este viernes e insistieron en que se trata de un «buen trato». «En un mundo convulso, creo que este acuerdo es positivo para nuestra seguridad. Tanto desde una perspectiva europea como desde el punto de vista del reino, como desde la perspectiva de la OTAN», subrayó Frederiksen. «Han sido tiempos difíciles para muchas personas en nuestro país, y sé que ha habido tanta preocupación como miedo por lo que pudiera suceder», confesó Nielsen antes de volar a Nueva York. Durante meses, las amenazas de Trump de recurrir al uso de la fuerza para apoderarse de Groenlandia han atemorizado a la isla.
Finalmente, parece que el republicano se ha salido con la suya, pero tanto Nuuk como Copenhague han impuesto sus condiciones. Aunque la letra pequeña del acuerdo se dará a conocer una vez se haya firmado, se intuye que Trump se asegura de que no habrá presencia ni de Rusia ni de China en la isla ártica –sus principales rivales en la región. Actualmente, Estados Unidos tan solo cuenta con una base militar en Groenlandia, la de Pituffik, que se construyó en 1951, durante la Guerra Fría. De hecho, según han revelado funcionarios estadounidenses, daneses y groenlandeses, el pacto se basa en un tratado ya existente de ese año –modificado en 2004– y que ya otorga sobre el papel a Estados Unidos el derecho a desplegar tropas y construir bases en la isla ártica.
Una de las grandes novedades será que el pacto seguirá vigente en caso de que Groenlandia se independice de Dinamarca o de que se produzca un colapso de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Otras de las claves de este «histórico» trato –como lo definió el propio Trump– es el momento. El Ártico se ha convertido en un nuevo campo de batalla. El deshielo ha dejado al descubierto nuevas rutas comerciales y quien controle esas vías llevará la delantera en la guerra económica. Washington teme que Rusia, que se considera a sí misma como la superpotencia dominante en el Ártico, gane influencia y presencia en este territorio, mientras que China ambiciona convertirse en una «gran potencia polar», desafiando así a su gran rival, Estados Unidos.