Niñas caminan junto a símbolos electorales de los partidos políticos de las elecciones legislativas de Marruecos
Marruecos Las formaciones próximas a Mohamed VI parten como favoritas en las elecciones marroquíes
Fue el pasado 10 de septiembre cuando Fouzi Lekjaa, presidente de la Real Federación Marroquí de Fútbol, dio «por hecho» que la final del Mundial de Fútbol, conjuntamente organizado con España, tendría lugar en Marruecos, concretamente en el Gran Estadio Hassan II de Casablanca. Lekjaa combina sus responsabilidades orgánicas en el fútbol con el cargo de ministro de Presupuestos del Gobierno saliente –encabezado por el multimillonario Aziz Ajanuch– y con la presidencia del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), formación «moderada» dentro del arco político marroquí. De ahí que se expresara no tanto en calidad de dirigente deportivo, sino más bien como candidato al puesto de primer ministro, que tanto ansía.
Es una demostración suplementaria de la importancia adquirida por el Mundial de cara a los comicios legislativos de este 23 de septiembre, en los que 16 millones de marroquíes están llamados a designar, como hacen cada cinco años desde 2011, los 395 diputados del Parlamento. Podrán elegir entre 27 partidos distintos mediante el sistema proporcional de lista.
Mas el tema del Mundial de 2030, pese a que fascina, dista de ser la principal preocupación de una mayoría de votantes en un país afectado por una grave crisis económica y social. Baste recordar que hace un año, decenas de miles de jóvenes marroquíes expresaron su hartazgo e indignación con el Gobierno de Ajanuch durante las manifestaciones organizadas por el colectivo juvenil GenZ 212. Las elecciones, curiosamente, se celebrarán cuatro días después del aniversario de las protestas, que dejaron tres muertos y varios cientos de heridos.
Otro dato, esta vez más preocupante: pese a que son los más afectados por la crisis, las generaciones más jóvenes parecen haber perdido interés en las elecciones. Los jóvenes de entre 18 y 24 años, que representan el 12 % de la población, constituyen solo el 3 % de los votantes registrados. Según una encuesta publicada en marzo por Afrobarometer, solo un tercio de los marroquíes de entre 18 y 35 años afirma confiar en el Parlamento, el primer ministro o los partidos políticos.
Los jóvenes se muestran desanimados ante la percepción de que las elecciones no generan grandes cambios políticos. En cuanto a la crisis migratoria generada por Marruecos en Ceuta, la opinión pública marroquí la vincula con estas dificultades económicas, sin la más mínima comprensión hacia la perspectiva española.
¿Qué proponen los principales partidos para intentar atajar e invertir esas mismas dificultades? La cuestión es compleja, pues el reto para los partidos es convencer a los votantes de su capacidad para cumplir con las expectativas sociales y económicas, pero también obtener la influencia parlamentaria suficiente para participar en la formación del próximo Gobierno.
El PAM, miembro de la mayoría saliente, presentó un programa electoral estructurado en torno a 20 compromisos divididos en cinco áreas principales, con un coste total de 350 mil millones de dirhams, alrededor de 31.600 millones de euros al cambio actual. El partido de Lekjaa explicó que la financiación de este programa debería basarse principalmente en los beneficios del crecimiento inclusivo, estimado en un promedio del 5 %, la recuperación de impuestos impagados –otra lacra marroquí–, estimados en 300 mil millones de dirhams, así como 40 mil millones de dirhams provenientes de contribuciones regionales, y el resto se cubriría con otras fuentes de financiación. Sin precisar cuáles.
Por su parte, la Agrupación Nacional de Independientes (RNI en sus siglas occidentalizadas) sitúa el poder adquisitivo, la mejora de los ingresos y la consolidación del Estado de bienestar en el núcleo de su programa, mientras que el histórico Istiqlal ha presentado un programa que contiene 99 medidas económicas y sociales. La formación islamista Justicia y Democracia busca, ante todo, mejorar su resultado tras la severa derrota padecida en 2021, consecuencia de la década en que ejerció el poder ininterrumpidamente.
La verdadera batalla se libra entre PAM y RNI, favoritos según los sondeos y ambos próximos al Rey Mohamed VI y a su entorno. La campaña del RNI se ha visto particularmente empañada por escándalos de corrupción que involucran a su exparlamentario Rachid El Fayek. Es una de las razones principales por la cual Ajanuch, que también es el alcalde de Agadir, recorre estos días el país de cabo a rabo. Si gana el PAM, lo normal sería que Mohamed VI –quien siempre tiene la última palabra– nombrase a Lekjaa primer ministro. Pero los observadores tampoco descartan a su compañera de partido, ministra de Vivienda y alcaldesa de Marrakech, Fatima Zahra El Mansouri. Una mujer a la cabeza de un Gobierno marroquí sí que sería una verdadera revolución.