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28 de febrero de 2024

Antonio Ledezma
Crónica de Antonio LedezmaEl Debate en América

El mundo libre celebra el triunfo de Milei en Argentina

El ahora presidente electo viene a representar un estruendoso aldabonazo para los tímpanos de los populistas que se agrupan en el Foro de Sao Paulo y otros derivados en los que se camuflan

Actualizada 04:30

El presidente electo de Argentina, Javier Milei, en Buenos Aires

El presidente electo de Argentina, Javier Milei, en Buenos AiresEFE

Parafraseando la célebre canción No llores por mí, Argentina, hoy en el mundo entero celebran la contundente victoria de Javier Milei en las recientes elecciones presidenciales realizadas en ese hermano país del cono sur americano. Esa letra escrita con las manos de Tim Rice y su inspiradora música fruto del talento de Andrew Lloyd Webber, se combinaron para servir de acorde al histórico discurso de Evita Perón Duarte, pronunciado desde el balcón de la Casa Rosada en 1946. El pasado domingo 19 de octubre de 2023, esos descamisados a los que les hablaba Evita, en decibeles estridentes y emotivos, minutos después de proclamar a su marido, el general Juan Domingo Perón como triunfador de los comicios de ese año, salieron a votar por la antípoda de esas proclamas populistas.
Hoy el mundo libre exalta el triunfo en 21 de 24 provincias de Argentina –con más de 14,5 millones de votos válidos– de un díscolo personaje al que en su colegio católico Cardenal Copello le adjudicaron el mote del «loco». Era, en sus tiempos de adolescente, introvertido, de mal carácter, desordenado, menos para destacar como un buen estudiante. Javier Milei que, inicialmente se inclinaba por desarrollarse como arquero del Chacarita Juniors, terminó saltando de la cancha de fútbol hacia la Universidad de Belgrano donde, después de cursar estudios de pregrado como licenciado en Economía y seguidamente de posgrado en el Instituto de Desarrollo Económico y Social de la Universidad de Torcuato Di Tella. Ese giro en su vida se produjo después de escuchar, en 1976, las declaraciones del entonces ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, hablando del colapso de la tabla cambiaria y la hiperinflación de la época.
Desde entonces estudiar economía fue para Javier Milei una obsesión. Aquel joven que, fan de Mick Jagger, seguidor fanatizado The Rolling Stones e integrante de su propia banda bautizada con el nombre de Everest, se redujo a sus libros, a escudriñar las tesis de sus pensadores preferidos, tanto que a cada uno de sus perros mastín inglés los bautizó con los apodos de Conan, Murray, Milton, Robert y Lucas. Y llego el día en que después de alimentar a sus «asesores» que pesan más de 100 kilogramos, se hizo conocer desde un set de televisión que lo catapultó a la gloria, después de hacer un crudo diagnóstico de la desplomada economía de Argentina, con ese estilo desafiante, directo y peculiar que no abandonó hasta escalar a la cúspide de esa atronadora victoria que lo convirtió en el flamante presidente de la República de Argentina.
Javier Milei viene a representar un estruendoso aldabonazo para los tímpanos de los populistas que se agrupan en el Foro de Sao Paulo y otros derivados en los que se camuflen. Ese golpazo cívico se está haciendo escuchar en muchos países de nuestro continente. Recientemente en Ecuador se impuso la fórmula de un joven de principios y valores democráticos, Daniel Noboa, con resultados que pusieron de bulto el rechazo a la fórmula populista que encarna el expresidente Rafael Correa.
En Uruguay, en contraste con lo que ocurre en Colombia, el joven presidente Luis Lacalle Pou, mantiene un creciente reconocimiento a su gestión, destacándose por la honestidad y transparencia de la misma, el respeto a los derechos humanos y ser cabeza de un gobierno garantista en el que brilla la separación de poderes. Mientras tanto que el presidente colombiano, Gustavo Petro, cae estrepitosamente en las evaluaciones que se han llevado a efecto por la empresa encuestadora Datexco en los últimos días, con dígitos que indican que el repudio a Petro escala al 68 % en Bogotá, mientras que en la Región de Oriente llega a sumar 75 %, en la Región Caribe 65 %, en la Región Central 68 % y en la Región Pacífica 52 %. Es más que evidente que al Gobierno de Petro le está pegando muy caliente el sol en las espaldas y que el hartazgo de la gente se hace sentir ante sus gradualismos marchitos.
En Chile, el joven presidente Gabriel Boric, que venía de obtener una victoria electoral alzándose con el 55,87 % de los sufragios emitidos por los chilenos el 19 de diciembre de 2021, en la segunda vuelta electoral, transcurridos nueve meses de haber asumido el mandato, acusó un nítido aviso de los ciudadanos chilenos que rechazaron con más de 60 % la propuesta de una nueva Constitución. Fue, sin duda, una señal de un vertiginoso desgaste que el presidente Boric ha sabido manejar a pesar de no contar con la experiencia de otros mandatarios más curtidos a la hora de sortear esas emboscadas políticas. Ha reaccionado con moderación y de alguna manera se ha distanciado del modelo dictatorial de Nicolás Maduro, sacando de sus críticas peroratas el nombre de Milton Friedman y pasando la página de aquellas revoltosas manifestaciones que encendieron las praderas de Santiago, Valparaíso y Concepción, en las que las motivaciones para inflamar las calles era «reclamar un esquema diferente en la prestación de los servicios públicos cuyos costes estimaban muy onerosos y poco eficientes, afincándose en los estándares de educación y salud».
En Guatemala y en Paraguay se han realizado elecciones en las que tampoco el populismo salió bien parado, se eligieron mandatarios comprometidos con la democracia, más allá de sus particulares perfiles ideológicos.
En Venezuela todo indica que de celebrarse elecciones libres el año venidero, María Corina Machado terminaría siendo designada presidenta por votación abrumadora, ante el repudiado dictador Nicolás Maduro que salió gritándole «neonazi» al reciente electo presidente Milei, a quien también le cuestionan su inclinación por las ideas que brotan de la escuela de Austria y de su confesión de inspirarse en su máximo exponente Friedrich Hayek. «Considero al Estado como un enemigo», es una oración que sintetiza el ideario económico del presidente electo de Argentina, Javier Milei, que condensa en seis palabras su pensamiento económico. Nada que ver con Hitler. Así son esos foropaulistas, atacan ferozmente toda iniciativa libertaria, mientras impúdicamente justifican las tiranías de los Castro en Cuba y de sus pares Ortega-Murillo en Nicaragua.
El presidente electo de Argentina debe estar precavido de los planes de los socios foropaulistas, cuya batuta la tiene Lula Da Silva, quien no disimula que la partitura que impone es la de entonar consignas denigrantes contra el nuevo jefe de Estado de Argentina. Milei se tropezará con colosales retos. No cuenta con una fuerza parlamentaria. Tampoco con una sola provincia gobernada por su partido. Y los kirchneristas, que son ineficientes gobernando, por el contrario, trataran de resultar muy aventajados manipulando su aparato para activarlo en contra de su gobierno. Milei está llamado a gobernar con amplitud, articular acuerdos para la gobernanza y a mantener y acrecentar su influencia en la ciudadanía, simplificando sus propuestas con un lenguaje sencillo, impulsar a pulso las medidas adecuadas para revertir la crisis heredada, produciendo soluciones tempranas. Todo eso implica que la gente pueda ganar un salario justo, que pueda comer, vivir con estabilidad y dormir tranquila.

Milei debe estar precavido de los planes de los socios foropaulistas, cuya batuta la tiene Lula Da Silva

En conclusión, todo indica que las tinieblas del populismo se van despejando en nuestro horizonte. Se observa un retorno de los ideales de libertad y de justicia. Las obras teatrales basadas en el guion de la demagogia están siendo sustituidas por la calidad y claridad de las ideas y proyectos que se nutren de esos principios y valores que nos motivan a transitar la senda de la política con ética.
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