En ciudades como Madrid o Sevilla siguen siendo muy habituales

En ciudades como Madrid o Sevilla siguen siendo muy habituales

Seguridad vial

Aletas de tiburón: la trampa perfecta que engancha tu coche y no lo suelta

Pese a haberlos retirado en algunas calles, este tipo de separadores de carril son todavía muy habituales en las grandes ciudades

Corría el año 2018 cuando Manuela Carmena, la que fuera Alcaldesa de Madrid, inició la instalación de separadores de carril. En aquel momento estaba de moda delimitar el tráfico del carril bus con cualquier tipo de elemento que impidiera el paso al resto de vehículos, una idea no demasiado afortunada que en Barcelona supuso la instalación de separadores de hormigón que con el paso de los años tuvieron que ser retirados ante el riesgo que suponen para coches, bicis y motos.

Peligro inminente

En Madrid, el equipo de Manuela Carmena optó por otra solución con un nombre mucho más sugerente: las aletas de tiburón. Se trata de unos separadores de fibra plástica rellenos de material muy duro y con un diseño que evita que se deformen en caso de que un coche las pase por encima.

Esta situación es mucho más habitual de lo que cabe pensar

Esta situación es mucho más habitual de lo que cabe pensar, el destrozo en el coche es grande

Una solución difícil de calificar de una forma que no sea grosera si tenemos en cuenta el riesgo que su presencia supone para todos los usuarios de las calles.

Roban espacio

Por un lado hay que valorar el espacio que roban a la propia calzada, en ciudades como Madrid muchas de las calles tienen poco más de seis metros de ancho, de donde se sacan dos carriles de tres metros, el ancho mínimo que por ley puede tener un carril. El problema llega cuando a una calzada que tenga esta medida le robas el ancho de estos dispositivos, que miden 35 centímetros de ancho y casi dos de largo.

En Sevilla también fueron desplegados

En Sevilla también fueron desplegados con consecuencias similares

El resultado es que hay que apuntar con el coche por que el espacio disponible en cada carril se reduce a la mínima expresión. Ni que decir tiene lo que ocurre cuando se circula en paralelo a un camión de la basura o un autobús, situación en la que los roces son habituales. Pero este es el menor de los males de este tipo de dispositivos.

El mal menor

En la vorágine del tráfico de una gran ciduad estos separadores que miden sólo 15 centímetos de alto, quedan ocultos por otros coches y no es extraño llevárselos por delante.

Aquí comienza el drama, pues su peculiar forma los covierte en una rampa de despegue perfecta para los coches, que despegan del suelo y caen sobre la aleta de tiburón quedando enganchados en los bajos, lo que obliga a que sean los bomberos los que liberen el coche de estas trampas urbanas.

Un taxi atrapado en el Paseo de las Delicias de la capital

Un taxi atrapado en el Paseo de las Delicias de la capital

Ni que decir tiene el riesgo que suponen para los usuarios de motos, bicicletas o patinetes, habiéndose registrado ya accidentes mortales a raíz de los cuales el equipo de José Luis Martínez-Almeida anunció en 2021 su retirada, pero lo cierto es que dos años después aún están presentes en numerosas calles de la capital.

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