30 de enero de 2023

Gaspar Arino, junto a Esperanza Aguirre en la presentación de su libro Regenerar la Democracia, Reconstruir el Estado

Gaspar Ariño, junto a Esperanza Aguirre en la presentación de su libro Regenerar la Democracia, Reconstruir el EstadoEFE

Gaspar Ariño (1936-2023)

Mi amigo

Abogado de prestigio, fue diputado entre 1989 y 1993. Doctor y catedrático de derecho administrativo, puso en marcha un prestigioso bufete y publicó el libro Regenerar la Democracia y Reconstruir el Estado

Gaspar Ariño
Nació en Utiel en 1936 y falleció en Madrid el 5 de enero de 2023

Gaspar Ariño Ortiz

Abogado, político y catedrático de derecho administrativo

Abogado de prestigio y catedrático de Derecho Administrativo, fue diputado entre 1989 y 1993. Hombre de profunda fe y sólidas convicciones religiosas publicó en 2012 el libro «Regenerar la Democracia y Reconstruir el Estado».

Muy de mañana el día de Reyes recibí la tristísima noticia del fallecimiento de mi querido y admirado amigo Gaspar Ariño. Su hija, en el tanatorio donde acudí por la tarde, me comentaba que su padre se había marchado de esta vida tal y como siempre le había gustado. Muy de repente, sin molestar ni ser gravoso a nadie. Creemos que no debió sufrir y que el Señor se lo ha llevado con Él para que se encuentre también con su querida esposa María, a quien adoraba. Siempre que nos veíamos últimamente pude comprobar que su voz se volvía temblorosa y sus ojos se humedecían al recordar a su compañera del alma a la que admiraba profundamente.
Mi amistad con Gaspar no era muy antigua pero sí fue muy sincera y profunda. Yo sabía de él como es lógico por ser una persona muy ilustre de la Universidad española y un acreditado abogado, amén de un hombre muy comprometido con la vida pública de nuestro país. Pero hasta muy entrado ya el presente siglo, esto es a principios del año 2000, no habíamos coincidido prácticamente más que pocas veces.
Fue en Pozuelo, donde ambos vivíamos, y muy especialmente en la Parroquia de Santa María de Caná, a la que solíamos acudir ambos para asistir a Misa, donde entablé una profunda amistad que ha perdurado hasta el último momento. Para el martes 10 de este mes habíamos convenido en mantener un almuerzo con un grupo de amigos que estamos comenzando a debatir y estudiar una serie de temas que esperamos puedan servir en un futuro para ayudar a sacar al país del atolladero en que se encuentra.
Cuando puse en marcha el Foro de la Sociedad Civil tuve el privilegio de poder contar con él como Vicepresidente, en compañía de otros tres ilustres españoles, Agustín Muñoz Grandes, Juan Antonio Sagardoy y Manuel Lagares, que componían así el Comité Ejecutivo de dicha plataforma de estudios y debates.
Ariño ha sido siempre una persona modesta, poco dada al relumbrón pero que atesoraba multitud de conocimientos y experiencias, siendo a la vez un muy ilustre catedrático de Derecho Administrativo, creador de un prestigioso despacho de abogados y figura muy destacada en el campo de la energía y el sector de las telecomunicaciones. Fue llamado en su momento por Manuel Fraga para ser Diputado del Partido Popular por la circunscripción de Valencia y miembro del Comité ejecutivo del mencionado partido. Hablaba siempre con claridad y precisión y ha sido un infatigable y brillante escritor que llegó incluso a obtener el Premio Luca de Tena que otorga el diario ABC para distinguir a aquellos escritores que manejan la pluma y el lenguaje de forma sobresaliente. Era, por otra parte, un lector empedernido. Hace unos días en su propio domicilio pude comprobar la extensión de su biblioteca, repleta de volúmenes del mayor interés, pero aún me decía que poseía un antiguo chalet de otros tiempos en Majadahonda donde tenía más y más libros que iba con frecuencia a consultar para la redacción de los distintos trabajos que tenía en marcha habitualmente.
Aunque era una autoridad internacional en materia de Energía permanecía muy atento e interesado en el discurrir de la vida política española. Tuve la satisfacción y el honor de prologar un libro de enorme interés que realizó hace unos años con un título muy evocador: Regenerar la Democracia y Reconstruir el Estado.
Mis largas conversaciones con él versaban con frecuencia sobre los distintos problemas que acucian en la hora presente a nuestro país. Siempre estábamos, por lo general, muy de acuerdo en todas las cuestiones que abordábamos, aunque mantuvimos permanentes discusiones sobre la valoración que ambos hacíamos del Estado Autonómico tal y como lo establece nuestra Constitución. Ariño era más benévolo que yo a la hora de enjuiciar los pros y los contras del sistema autonómico al que yo criticaba, sin embargo, severamente. Recuerdo que él me decía que para un hombre de provincias tener la Administración más a mano sin tener que viajar a Madrid para resolver cualquier gestión, comportaba una enorme ventaja. A mí su razonamiento me parecía entendible pero siempre le rebatía argumentando que los perjuicios que el Estado Autonómico ha ocasionado a nuestro país no se han visto compensados, en manera alguna, por los riesgos que nos ha causado su implantación y mantenimiento.
Le preocupaba asimismo hondamente el papel de la Corona, a cuyo estudio dedicó un interesante ensayo. Era partidario de que la Corona contara con un Consejo compuesto por destacadas personalidades de la vida pública española que ayudara al Rey en el papel que le otorga la Constitución como árbitro y moderador de los distinto poderes del Estado.
Se nos ha ido un gran español. Un hombre de profunda fe y sólidas convicciones religiosas. Un universitario ejemplar y un abogado ilustre y respetado por todos los que le conocieron.
En mí deja un recuerdo imborrable y un vacío difícil de superar.
Descansa en paz, querido Gaspar.
  • Ignacio Camuñas fue ministro para las Relaciones con las Cortes 1977-1979
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