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Irene de Grecia

Irene de GreciaEl Debate

Su Alteza Real la Princesa Irene de Grecia (1942-2026)

Original y, sobre todo, discreta

Fugaz heredera del trono helénico, dedicó el grueso de su vida a cultivar sus intereses intelectuales y desarrollar su acción humanitaria

El único protagonismo institucional que tuvo la Princesa Irene de Grecia fue su condición de fugaz heredera del trono helénico, entre el 6 de marzo de 1964, fecha de advenimiento de su hermano Constantino II, y el 10 de julio de 1965, día en que vino al mundo la hija mayor de este último, la Princesa Alexia. Fue la Princesa Irene, que entonces tenía 21 años, quien acompañó a Constantino II en su recorrido por las calles de Atenas el día de su proclamación y quien permaneció a su lado en el atril del Parlamento helénico mientras juraba la Constitución: su hermana mayor, la hoy Reina Sofía de España, ya había unido su destino al de Don Juan Carlos, mientras que la Reina Federica se quedó viviendo su duelo en el Palacio de Tatoi; además no gozaba de gran popularidad entre la clase política griega.

Irene de Grecia
Nació en Ciudad del Cabo el 11 de mayo de 1942 y falleció el 15 de enero de 2026 en Palacio de la Zarzuela

Irene Glücksburg

Princesa de Grecia

Hija menor de los Reyes Pablo y Federica, tuvo una formación musical centrada en el piano. Exiliada desde 1967, optó por la discreción, pero no por la inactividad: fundó y presenció 'Mundo en armonía” y fue vicepresidenta del Sarvodaya International Trust. En 2018 renunció a la nacionalidad griega y se naturalizó española.

Después de este periodo de casi año y medio, la Princesa Irene regresó a su proverbial discreción, participando, siempre en segunda fila, en los acontecimientos familiares y en la actividad oficial únicamente cuando su presencia era requerida. También vivió la decadencia definitiva de una Monarquía helénica sustancialmente débil desde sus inicios en el siglo XIX. Especialmente su último acto, que también fue el de apariencia más dramática: el aterrizaje de urgencia en Roma de la Familia Real en la madrugada del 14 de diciembre de 1967, a bordo de un avión al que quedaban cinco minutos de carburante, tras el fracaso del contragolpe impulsado por Constantino II, destinado a derrocar a la Junta Militar que se había hecho con el poder el 21 de abril.

El largo exilio sirvió, paradójicamente, para que la Princesa diese lo más fructífero de su personalidad. Primero, a través de su carrera como pianista, ofreciendo recitales, algunos de ellos en Londres, con asistencia ocasional de miembros de la Familia Real británica, que eran sus parientes. Más adelante, al partir hacia la India junto con su madre, se desencadenó su interés por la filosofía hindú, cuyo estilo de vida adoptó en parte. Por ejemplo, en su indumentaria.

Pero también en su compromiso irreversible con aquella tierra: a mediados de los ochenta, se las ingenió para transportar a la India a un centenar de vacas que la Europa comunitaria se disponía a sacrificar. El compromiso se extendió con la creación de la Ong 'Mundo en Armonía', que creó y presidió hasta su desaparición a principios de 2024. También fue vicepresidenta del Sarvodaya International Trust, dedicado, según el historiador dinástico Ricardo Mateos, a «promover los ideales de Gandhi».

Desde que se afincó en Madrid, en el Palacio de la Zarzuela, a raíz de la muerte de su madre, la Princesa llevó una vida discreta, acompañando a Doña Sofía a eventos culturales y a muchos viajes. También se la podía ver en algunas ocasiones celebrando la Pascua ortodoxa en la capital de España, acompañada por un ayudante de Campo de Don Juan Carlos. En materia de amoríos, se sabe que fue pretendida por uno de los hijos del Conde de París y que fue vinculada, de forma malintencionada y sin fundamento, con un conocido embajador destinado en Madrid.

La Princesa Irene había nacido en Ciudad del Cabo el 11 de mayo de 1942, donde estaban exiliados sus padres, los entonces príncipes herederos de Grecia Pablo y Federica. Fue apadrinada por el mariscal Jan Smuts, a la sazón primer ministro de Sudáfrica y confidente de su madre. Tras su regreso a Grecia, especialmente tras la proclamación de su padre, la Princesa disfrutó del mayor periodo –duró algo más de tres lustros– de estabilidad la Monarquía helénica y en un ambiente familiar forjado por un matrimonio, el de los reyes Pablo y Federica, muy unido. Hasta que las crisis políticas quebraron ese destino.

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