Carlos Garaikoetxea
Carlos Garaikoetxea (1938-2026)
Un lehendakari díscolo
Fueron los dos gobiernos de Garaikoetxea los que pusieron en marcha el entramado institucional vasco tras la aprobación del Estatuto de Guernica –concierto económico, policía propia, radiotelevisión, sistema educativo y sanitario etc.–
Carlos Garaikoetxea Urriza
Político vasco
Fue un político que supo abandonar el poder para no renunciar a la defensa de sus convicciones, gesto poco común en política entonces y ahora.
La muerte de Carlos Garaikoetxea, como ocurre con la mayoría de los fallecidos y más si son políticos, servirá para tributarle un general homenaje dentro y fuera del País Vasco. Antes de ser investido lehendakari en 1980 encabezando la candidatura del PNV, fue presidente del Consejo General Vasco en 1979, en 1984 repetiría investidura. Fue un navarro que no ocultaba su ambición por la Euskal Herria de las siete provincias –o al menos cuatro–, la misma que llevó a que su partido exigiera la aprobación de la disposición transitoria cuarta de la Constitución de cara a una futura incorporación de la Comunidad Foral al País Vasco.
Fueron los dos gobiernos de Garaikoetxea los que pusieron en marcha el entramado institucional vasco tras la aprobación del Estatuto de Guernica –concierto económico, policía propia, radiotelevisión, sistema educativo y sanitario etc.– y los últimos en los que el PNV gobernaría en solitario. Como tanto político despegado de la realidad, probablemente pensó que todo aquello se debía a su talento y por tanto era el PNV el que debía plegarse a sus dictados y no al revés. Dicen que en aquellos años en el PNV convivían dos almas, la foralista y la partidaria de un Ejecutivo fuerte al que se sometieran las diputaciones forales. Garaikoetxea no era foralista y, lejos de plegarse a las directrices del Euskadi Buru Batzar que sí lo eran, salió respondón.
La Ley de Territorios Históricos, aprobada en noviembre de 1983, estableció el marco competencial de las Diputaciones y se convirtió en el primer escollo entre el lehendakari y su partido. Garaikoetxea, convencido de su capacidad de gestión y su arrastre personal, sintiéndose apoyado por una parte importante de las bases de su partido, no habiendo vencido el pulso echado a la dirección del PNV, acabó dimitiendo en el arranque de 1985. Junto a un grupo de seguidores decidió poner en marcha posteriormente Eusko Alkartasuna, partido del que fue presidente y con el que volvió a la política, pero ya desde un plano secundario y menos influyente.
El PNV no le perdonó jamás la ruptura del partido. Le sucedió José Antonio Ardanza mediante gobiernos de coalición con el partido socialista, una formula con buena venta en la opinión pública, por aquello de integrar sensibilidades, pero aborrecida en privado en Sabin etxea. La culpa de esos pactos no tenía para los de Arzallus otro responsable que Carlos Garaikoetxea. Su legado final ha sido un partido irrelevante que solo ha servido para blanquear a EH-Bildu, la coalición que el Tribunal Supremo dijo en 2011 que no era otra cosa que la sucesión de los partidos ilegalizados en 2003 por formar parte de ETA. En este terreno nada significativo hizo para acabar con la banda terrorista mientras gobernó y ello figurará sin duda en el debe de su gestión.
Para finalizar puedo decir que, desde el punto de vista personal, siempre fue, al menos conmigo, un hombre atento y educado. Sabía distinguir la tensión de la tribuna de la relación personal. Por último, y aunque hiciera un roto irreparable a su partido, supo abandonar el poder para no renunciar a la defensa de sus convicciones, gesto poco común en política entonces y ahora. La cortesía y los principios no son poca cosa. Descanse en paz.
- Carlos de Urquijo fue delegado del Gobierno en el País Vasco