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Alfonso Carlos Saiz Valdivieso

Alfonso Carlos Saiz ValdiviesoDeia

ALFONSO CARLOS SAIZ VALDIVIELSO (1940-2026)

Memoria fiel de la cultura, la política y la tauromaquia en Bilbao

Para la cultura taurina, fue muy importante su labor como editor de Clarín Taurino, una publicación de alto nivel y merecido prestigio

Alfonso Carlos Saiz Valdivieso
Nació en Bilbao el 24 octubre de 1940 y falleció en Lejona (Vizcaya) el 22 septiembre de 2026

Alfredo Carlos Saiz Valdivieso

Intelectual y periodista

Él era, sencillamente, una persona culta de verdad, sentía amplia curiosidad por muchos aspectos de la cultura, tanto la académica como la popular.

Pasadas las Corridas Generales, que él siempre quiso tanto, ha fallecido Alfonso Carlos Saiz Valdivielso, una auténtica institución de la vida cultural bilbaína, además de una persona muy respetada y muy querida, en múltiples ámbitos.

Le han aplicado algunos el calificativo «renacentista» por su pluralidad de intereses y de actividades. Él era, sencillamente, una persona culta de verdad, sentía amplia curiosidad por muchos aspectos de la cultura, tanto la académica como la popular.

Profesionalmente, obtuvo el doctorado en Derecho de la Universidad Complutense. Fue profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Deusto y escribió varios libros sobre esa disciplina.

Estudió también Periodismo y mantuvo toda su vida una clara vocación literaria: publicó, por ejemplo, Triunfo y tragedia del periodismo vasco.

Su tesis doctoral versó sobre Indalecio Prieto, al que dedicó un interesante volumen. Lo visitó, en el exilio mejicano. En su casa, pudo ver la fotografía de Manolete, con esta lacónica pero expresiva dedicatoria: «A Indalecio Prieto, de español a español».

Era Saiz Valdivielso un gran aficionado a la ópera, a la música clásica y a la popular: publicó interesantes biografías de Miguel Fleta y de Raquel Meller. También organizó exposiciones y formó parte de la comisión directiva del extraordinario Museo de Bilbao.

Su padre, periodista, firmaba las crónicas con el hermoso seudónimo «Claridades». Alfonso Carlos, ahijado de Pepote Bienvenida, continuó también ese camino.

Además de ejercer la crítica taurina, publicó notables libros sobre la Fiesta Brava, a la que calificó como «una pasión ibérica».

Para la cultura taurina, fue muy importante su labor como editor de Clarín Taurino, una publicación de alto nivel y merecido prestigio. (Recuerdo bien que la premió la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña, a través de Salvador Balil).

Charlábamos de toros Alfonso Carlos y yo … y no pocas veces discrepábamos: él se acercaba a la Fiesta con una pasión extraordinaria, superior a la mía. Sin embargo, su lucidez le hacía ver con claridad los problemas que en los últimos tiempos está viviendo la Tauromaquia en el País Vasco.

Hace algunos años, en un homenaje que le ofreció su querido Club Cocherito, señaló que veía la Fiesta en una situación «no agónica pero sí crítica», por culpa de los ataques de unos políticos sectarios e ignorantes. A la vez, defendía la necesidad de crear estrategias para que los jóvenes pudieran descubrir su belleza.

Últimamente, comentábamos los dos –con evidente satisfacción e innegable ironía– cómo la unión del arte de Morante y de los ataques del ministro Urtasun han logrado que la Tauromaquia vuelva a ponerse de moda… pero no en su querida ciudad de Bilbao.

Compartíamos él y yo, como es lógico, la devoción por una figura como Ignacio Sánchez Mejías, que mostró como muy pocos la unión del toreo con el resto de nuestra cultura.

Alfonso Carlos publicó sus Escritos periodísticos, en los que Ignacio hacía la crónica de las corridas que él mismo había toreado: un caso único, en toda la historia de la Tauromaquia.

En vísperas del centenario de la Generación del 27, le hacía ilusión a Alfonso Carlos que un grupo teatral vizcaíno preparara, con él, un espectáculo a partir de Sinrazón, el singular drama de Sánchez Mejías. Y se alegró mucho cuando le comenté que en Madrid estábamos también intentando algo similar.

Gran parte de la actividad literaria de Alfonso Carlos Saiz de Valdivielso se centró en Bilbao, su ciudad natal: su historia, sus artistas, sus escritores, sus espectáculos, sus costumbres…

Dentro de todo eso, me gusta a mí subrayar lo que supuso la recuperación de la Sociedad El Sitio, a la que él contribuyó y que llegó a presidir: era un claro símbolo de un Bilbao liberal, culto, abierto… que, por desgracia, ha pasado ya a la historia.

De modo paralelo – y no sólo por edad – me temo que, en los últimos años, la voz de Alfonso Carlos Saiz de Valdivielso ya no recibía en su tierra la atención que merecía… Así van las cosas en el País Vasco.

Hace un par de años, Alfonso Carlos publicó una novela histórica, Un infierno helado. Bilbao, 1936-1938. En la presentación, en una librería madrileña, me pareció a mí advertir un tipo de público singular, muy emocionado, diferente del habitual en este tipo de actos. En el coloquio posterior, comprendí el motivo: buena parte de los asistentes eran bilbaínos que, por obvias razones políticas, se habían visto obligados a abandonar su tierra…

Esa tarde, aprendí yo muchas cosas que desconocía. Además de sus valores literarios, ese libro, sólidamente documentado, supone un testimonio terrible sobre cómo fue la Guerra Civil en Bilbao y cómo se comportaron entonces los líderes del PNV.

Lo que cuenta ese libro debería ser conocido y comentado por muchísimos españoles. Me temo que no ha sido así. No es el único caso que conozco. Así es la España actual.

Descanse en paz mi querido amigo Alfonso Carlos Saiz de Valdivielso.

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