Ya nada nos asombra. Nos ha tocado un tiempo de confusión, donde con los ojos muy abiertos no alcanzamos a ver nada de lo que en realidad está ocurriendo. La capacidad de escandalizarse de la sociedad española parece que ha desaparecido. O tal vez peor, solo nos escandalizamos de aquello que las televisiones, con una visión desde la izquierda, nos dicen que es escandaloso. O todavía mucho más preocupante que lo anterior, se impone un paradigma según el cual una parte de la sociedad tiene patente de corso para cometer todo tipo de tropelías y la narcotizada opinión pública ya solo atiende al prosaico ejercicio de conseguir el condumio y abandonar las ideas, la ética, los valores… Con este Gobierno que ahora padecemos, la capacidad de asombro ha desaparecido. Que todavía sea fiscal Dolores Delgado después de las revelaciones del Pollo Carvajal solo evidencia que nuestra democracia es de baja calidad. Que se desliza hacia unos derroteros hasta ahora desconocidos. Ya no sé que es peor, si la amoralidad con la que Sánchez maneja los asuntos públicos del país o la apatía con que la ciudadanía responde a cada zarpazo que se le da a la vida pública de España.
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