30 de enero de 2023

La serenidad es una fuente inagotable de fortaleza. Por eso suelo recomendársela a los jóvenes periodistas en las zozobras de la redacción y se la aconsejo muy vivamente a los políticos de todo pelaje y edad. Además, creo que nos la tenemos que imponer a nosotros mismos en este preciso tiempo navideño con la variante ómicron de la covid. Creo que es tiempo de felicitarnos por ser uno de los países con mayor porcentaje de población vacunada y, por tanto, uno de los lugares del mundo donde el incremento de los contagios, siendo exponencial, no supone presión hospitalaria alguna ni, afortunadamente, aumento de los fallecimientos. Así que démosle la vuelta a la tortilla y felicitémonos por lo bien que España está encarando este nuevo rebrote. Ayer un buen amigo sufrió en su fiesta de cumpleaños la histeria colectiva que padecemos. Como siempre, en medio está la virtud y nada en exceso es bueno, incluida la alarma social. Por supuesto que hay que tomarse en serio la covid, pero también tenemos que reconocer que esta nueva oleada de contagios es muy llevadera, ya que no tiene los efectos de las anteriores en ninguna de su manifestaciones. Por tanto, no permitamos que el alarmismo de los demás destroce nuestro comportamiento sensato. Lavemos mucho las manos, pongamos mascarillas, evitemos las aglomeraciones, vacunémonos de nuevo, si es necesario, y tomemos una buena dosis de sosiego y entereza. De esta manera podremos vivir más tranquilos. Seamos racionales y aflorará la serenidad. A ver si sus ecos alcanzan los muros del Congreso de los Diputados.
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