30 de enero de 2023

Apesar de que no escribí ni una sola línea en tu contra y de que siempre defendí tu presunción de inocencia, te voy a pedir perdón en nombre de todos los que no estuvimos a la altura cuando los inquisidores modernos te acosaban. Y sé que tú me lo vas a otorgar, porque tuve la oportunidad de conocer tu generosidad de espíritu y tu bondad intrínseca. Me hubiese gustado haber leído ya varias páginas de mis colegas disculpándose por las miles de líneas y centenares de horas que en prensa, radio y televisión dedicaron contra ti. Especialmente en algunos canales de televisión, donde los inquisidores modernos adquieren volúmenes inquietantes. Ellos llevaron hasta el paroxismo, dentro de la hemiplejia moral reinante, un asunto menor, que desde lejos ni eso era. Es cierto que contaron con un interés y colaboración muy notable de fiscales y jueces. Lo hicieron para acosar a tu partido, para ganarse una ventaja menor y en ello no respetaron ni tu muerte. Es doloroso comprobar que en España no se respeta casi nunca la presunción de inocencia, sobre todo, si el afectado es de derechas o se trata de don Juan Carlos. La Justicia, tan lenta en sus tiempos, ha decidido en los últimos días poner en su lugar a mucha gente. A pesar de ello, el sectarismo y la mala educación siguen reinando en la bancada de enfrente y se siguen destruyendo honores. Y nadie pide perdón. Así que, no en nombre de los que te acosaron, pero sí en nombre de miles de periodistas de buena voluntad, querida Rita, perdón. Y que sepas que aquí en la Tierra, parecen comenzar los malos tiempos para los inquisidores.
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