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DivisaderoAntonio Pérez Henares

El golpe del 23-F y la manifestación del 27-F: ¿Estuvo a la altura el pueblo español?

Aquel coronel me hizo una pregunta y una reflexión que no olvidaré nunca: «¿Cuántos crees que de los que hoy están aquí no hubieran estado también en una manifestación parecida, pero al revés, si hubiera triunfado Tejero?»

Act. 23 feb. 2026 - 15:59

Viví el golpe del 23-F en primera persona. Era entonces jefe de Prensa del grupo parlamentario PCE-PSUC y como tal figuraba en la credencial que lucía en la solapa cuando los sublevados al mando de Tejero irrumpieron en el Congreso. Me encontraba en la Tribuna de Prensa. Reconocí de inmediato al teniente coronel de la Guardia Civil, famoso por su anterior intentona de la operación «Galaxia», y en las grabaciones se me escucha decirlo y señalarlo: «¡Es Tejero, es Tejero!» .

Me enteré mucho tiempo después que un cabo que parecía mandar mucho, que subió mas tarde donde estábamos, aquel que detectó que la cámara seguía filmando y la desplazó de un manotazo, se había interesado por mí, cuando ya había logrado ocultar mi identificación, y mi condición política ¿«Ese alto de ahí es comunista?», y que varios compañeros de las más diversas simpatías ideológicas le dijeron al unísono: «¡No, no, que va¡».

Muchos de aquellos recuerdos siguen frescos. También una pregunta que entonces y ahora hoy sigue persiguiéndome y en la que comparto en mucho la opinión de Javier Cercas. Tiene que ver con el muy elogiado comportamiento del pueblo español y su reacción ante el Golpe. Ni entonces ni hoy lo vi y lo veo tan así.

Quedó reflejado en una pregunta y una duda que compartí con un coronel de los servicios secretos, cuatro días después, en la gigantesca manifestación del 23-F y que acabé por publicar en un libro que en el año 2018 Fernando Jáuregui y Rafael Fraguas coordinaron y donde recabaron el testimonio de muchos de los periodistas que vivimos aquellos momentos. Los periodistas estábamos allí para contarlo y participé en él. Este fue mi relato, que centré no solo en el recuerdo de lo acaecido en el Congreso sino especialmente en la manifestación que tuvo lugar cuatro días después y donde tuve un papel relevante en su servicio de seguridad.

Lo titulé «Cuatro días después del Golpe», pero bien podía haber sido: "¿Cuántos hubieran estado estado en la `otra manifestación´ si el 23-F hubiera triunfado?»

Nunca se había visto tal gentío, nunca una manifestación tan gigantesca, las otras, las del NODO, las de «un millón» siempre, se quedaban enanas a su lado, y hubieron de pasar muchos años, hasta aquella de las Manos Blancas, tras es el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco para que, tal vez, fuera superada.

Fue el 27 de febrero de 1981, cuatro días después del 23-F. El pueblo español, aliviado, se echó a las calles a gritar Libertad y Democracia. Y vitorear al Rey Juan Carlos, a quien veía como su salvador. Se me quedó y ahí sigue viva en mi memoria una pancarta levantada sobre dos palos. Enarbolaba una bandera tricolor republicana y sobre ella llevaba escrito : ¡Viva el Rey! . Lo decía todo. Resumía el sentimiento, también de aquella izquierda, de lo que estaba pasando.

Yo era por aquel entonces, jefe de prensa del grupo parlamentario PCE-PSUC, al frente de cuya secretaría general estaba mi amigo y jefe político de tantos años, desde el franquismo en la Facultad de Políticas, Enrique Curiel, un protagonista de la lucha por la libertad contra la dictadura, uno de los artífices discretos de la Transición, una figura llena de enorme dignidad y honradez que se nos marchó muy joven. Me tocó formar parte de la dirección del servicio de seguridad de la marcha, una vez más encargado a aquel bien organizado y poderoso PCE, que había liderado todo hasta la llegada de las elecciones de 1977, que lo dejaron arrinconado pero que aun mostraba una capacidad y disciplina inmejorables.

Antes ya de comenzar supimos que estábamos desbordados porque aquello eran riadas de gentes confluyendo y era cada vez más difícil encauzarlas. Aunque ayudaba y conseguía que todo acabara fluyendo la colaboración absoluta, el espíritu que embargaba a todos, que aquella tarde se sentían del mismo sitio, del mismo lado, españoles simplemente, sin división ideológica alguna. Daba igual a quien se votaba. Nunca -y esto tuvo y tiene hoy, cuando el odio político ha regresado a España, una enorme trascendencia- hubo mezcla tan total de gentes de todos los segmentos, edades, colores, y pensamientos y sentimientos políticos tan diferentes caminando juntos y abrazándose.

Recuerdo que llovía intermitentemente, que arreció a veces, que pasamos por un momento de gran tensión cuando se apagaron de pronto las luces en el paseo del Prado, y nos apresuramos a cerrar los cordones de seguridad, pero a nada retornó la luz y la calma. Que perdí tres kilos, y estaba bien delgado por entonces, por la tensión, el esfuerzo, lo recorrido y corrido de un lugar a otro, y al final agotado, cuando ya en Neptuno era imposible que la gran masa prosiguiera avanzando hacia el Congreso, pues otra igualmente numerosa esperaba allí y rodeaba ya el lugar donde se iba a leer el manifiesto, cosa que acabó haciendo Rosa María Mateo, me quedé en la puerta del Hotel Palace, famoso ya en toda España por la noche del 23-F.

Se acercó a mí un señor de cierta edad. Se presentó. Era un coronel. Del servicio secreto del Ejército, el CNI de ahora. Me invitó a subir con él a una habitación de privilegio desde donde se podía contemplar y controlar todo, con vista especial al escenario. Pero también a todo el inmenso gentío. Me ofreció una copa y acepté. Fue un gin-tonic. Y hablamos. Como si fuéramos viejos amigos, como colegas casi, unidos tal vez por el momento y las experiencias. Desde luego, me conocía más que yo a él. Y en un momento me hizo una pregunta y una reflexión que se me quedó clavada y que no olvidaré nunca.

- Chani ¿tu cuántos crees que de los que hoy están aquí no hubieran estado también en una manifestación parecida, pero al revés, si hubiera triunfado Tejero?

Sonreímos ambos.

Tantos años después no se han borrado las imágenes. Ni de la entrada de los guardias civiles, ni del sonido de los tiros, ni de cómo le di el carné de prensa del Diario Guadalajara a Curiel, ni cómo logré llamar por teléfono escurriendo desde la tribuna de prensa a un despacho -el Golpe no era un modelo organizativo ni de control, desde luego, y yo conocía el viejo edificio como la palma de mi mano- al Comité central del partido y dije que no había muertos.

De cómo intenté salir incluso por una pequeña puerta que daba a la calle Zorrilla, pero tenía la llave echada, de cómo escondí bajo una alfombra mi credencial del grupo que llevaba la hoz y el martillo, y de cómo a eso de las 21:30 el capitán Muñecas me hizo salir con otros periodistas del recinto y nos cruzamos con el general Aramburu de la Guardia Civil y el coronel, amigo y de Guadalajara, Félix Alcalá Galiano, al mando de la Policía Nacional, que entraban.

Pero me acuerdo también de luego. Cuando de nuevo hablando con la sede del partido, hubo instrucción de convocar huelga general en defensa de la democracia y algunos, muy pocos, se acercaron a las inmediaciones del Congreso para manifestarse en apoyo de la democracia secuestrada. También había algunos ultras vitoreando a los golpistas por Neptuno. Pero de lo que más me acuerdo es de cómo nadie contestaba a las llamadas. Ni en el PSOE, ni en UGT ni por sitio alguno. Silencio. Luego todos hablaron de la prudencia del pueblo. Pegado a los transistores, callado, esperando al Rey. Con miedo. Muy justificado, muy lógico y más aún con la sombra de la dictadura aún encima. Pero llamando a las cosas por su nombre: miedo.

Luego ya lo saben. Dos periódicos, El País y Diario 16, sacaron valientes ediciones en defensa de la Libertad que me llegaron a las manos en los aledaños del Congreso. Habló, tras tensa espera, el Rey, Miláns del Bosch retiró los tanques en Valencia y Tejero se rindió por la mañana. Al día siguiente comenzamos a preparar la gran manifestación, esa a la que fuimos todos y donde aquel coronel me hizo aquella pregunta.

«¿Cuántos hubieran estado en la otra?».

Biografía: Antonio Pérez Henares «Chani». Periodista y escritor desde los 18 años. Pueblo, Mundo Obrero, Tiempo, Cadena Ser, Tribuna, La Razón, Negocio, Promecal. Comentarista en medios audiovisuales y columnista. En el momento que narra era jefe de Prensa del grupo parlamentario PCE-PSUC y se encontraba en la Tribuna de Prensa del hemiciclo.

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