01 de octubre de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

Napoleonchu

La política informativa del Ministerio desde que lo encabeza Albares es bastante bochornosa: solo se habla de él y sus actividades, apenas hay información sobre la política exterior española, se han dejado de hacer comunicados y se hacen notas de prensa de autobombo

José Manuel Albares Bueno (Madrid, 1972) lleva hoy cinco meses y 21 días al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación y cuentan los que allí prestan sus servicios –en Madrid o en cualquier otro punto del planeta– que la tiranía con la que trata al personal es propia de alguien que tiene algún problema. No diré yo cuál porque no tengo ganas de empezar el año con querellas.
En toda la Carrera se habla de la bronca que echó el pasado mes de septiembre en América del Norte a un embajador de España delante de su personal. El mismo, que al parecer no es de extrema derecha, le paró los pies diciéndole que si quería destituirle, el cargo era suyo, pero que «no te tolero que me trates así». Albares, que apenas llevaba dos meses en el cargo, se achantó. Eso ya no ocurre.
El Ministerio está paralizado porque el propio Albares no consiente ninguna iniciativa. Quien de verdad manda allí es una asesora externa, Irene Rodríguez, estrechamente ligada a la consultora Llorente y Cuenca, que probablemente es el origen menos adecuado para un asesor exterior en un Ministerio. La principal función de una consultora de comunicación que trabaja para empresas suele ser que los medios no hablen de ti, salvo cuando tú quieres que hablen. Los periodistas, que somos malísima gente, tenemos la peor costumbre: querer hablar del Gobierno a todas horas y casi nunca para bien. La apuesta de Albares por Rodríguez, tan bien posicionada en Llorente y Cuenca, parece más bien una apuesta de futuro del propio Albares y sus intereses personales. La actuación de Albares y Rodríguez ha derivado en ir marginando a los corresponsales diplomáticos de la mayoría de los medios de comunicación, mientras optan por reunirse con los altos directivos de esos mismos medios. Albares apenas da ruedas de prensa y mucho menos entrevistas. Como explican embajadores con larga experiencia, la política informativa del Ministerio, desde que lo encabeza Albares, es bastante bochornosa: solo se habla de él y sus actividades, apenas hay información sobre la política exterior española, se han dejado de hacer comunicados y se hacen notas de prensa de autobombo, con membrete oficial como la que el jueves pasado hacía un repaso a la actuación del Ministerio en 2021. Irene Rodríguez desconoce claramente los principios de una política informativa de transparencia y de diplomacia pública como la que tienen otros países europeos u occidentales.
En el Ministerio de Albares todo tiene que pasar por el ministro. Y así es imposible que las cosas funcionen. Los secretarios de Estado están atados a él y esencialmente viajan acompañándolo en lugar de que Albares delegue funciones en ellos como siempre ha ocurrido en el Palacio de Santa Cruz. Desde el Ministerio se envía a embajadas y consulados mensajes por Twitter en los que se elogia la labor de Albares y se pide a esas legaciones españolas repartidas por el mundo que los reenvíen. Como el tuit del 6 de diciembre en el que se decía «Nueve días siguiendo el trabajo del ministro y los equipos de @MAECgob» o el del 4 de diciembre: «Buenos días. Os mandamos este tuit para que por favor, embajadas de la zona mediterránea y europea lo retuiteéis». Y seguía una entrevista realizada con el ministro por un think tank italiano, el ISPI. La cuenta de Twitter del consulado de España en Tombuctú –si lo hubiere– tiene la misión de informar a los españoles residentes en su área de acción de cualquier actividad relacionada con ese consulado, desde la convocatoria de unas elecciones autonómicas en Castilla y León para que los que tengan derecho a voto se pongan en marcha, hasta advertir de la caducidad de un pasaporte. Pero no son instrumentos de propaganda de un Gobierno, ni mucho menos de un Ministerio.
El régimen de terror en Exteriores, del que ya hemos hablado en estas páginas, es tal, que la forma despótica con que Albares y Rodríguez rigen el Ministerio le ha valido a él, que tampoco tiene una gran estatura, ser universalmente conocido como Napoleonchu. 
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