28 de mayo de 2022

Pecados capitalesMayte Alcaraz

Que pague Carmena lo que despilfarró

La decisión del TSJ de Madrid, que ordena reponer la placa a la calle que llevaba ese nombre desde hace 80 años, da tal tirón de orejas a la exalcaldesa que debería pedir perdón a los madrileños y seguidamente responder con su patrimonio por el quebranto económico al erario público

Manuela Carmena es la alcaldesa más nefasta y sectaria que ha tenido Madrid. Loba con piel de cordero, repartió dogmatismo y guantadas ideológicas camufladas en magdalenas esponjosas. Mientras vendía buenas intenciones, firmaba las ordenanzas más guerracivilistas que ha padecido la capital de España. Doña Manuela le salió rana al Kremlin de Pablo Iglesias porque decidió desprenderse de las siglas de Podemos, pero no por ello dejó de anegar con delirios comunistas la vida de los madrileños.
Lo primero que hizo tras llegar al Consistorio fue velar por la familia unida: ascendió a su sobrino y lo convirtió en su mano derecha en el Ayuntamiento. Lo segundo, tragarse sus palabras de que los comedores escolares mataban de hambre a los niños más vulnerables. Solo días después de recibir el bastón de mando, tuvo que reconocer –con la boca pequeña, eso sí– que al plan social de Ana Botella no se le podía poner ni un pero. Pero ya había conseguido sentar al populismo en el despacho de alcalde de la primera ciudad de España.
Ahora, la que iba de abuelita de los Ayuntamientos del cambio, cuya trayectoria como jueza debería editarse como libro de cabecera de las malas maneras, vive de las rentas en su fabulosa casa de Arturo Soria tras haberse gastado cientos de miles de euros de los madrileños en cambiar calles de la capital, decisión que la Justicia ha tumbado y seguirá tumbando. La última ha sido la de los hermanos García Noblejas. Doña Manuela debería devolver, euro sobre euro, el dinero público que se pagó: primero por informes torticeros para justificar la patraña de la memoria histórica y luego por cambiar las placas de 52 nombres de vías y plazas injustificadamente. 
Por no hablar del gasto que generó para numerosas instituciones públicas, pequeños comerciantes y vecinos a los que obligó a sustituir los rótulos de una calle que ocupa nada menos que cinco kilómetros. Lo bueno que tiene Madrid es que, a palabras necias, oídos sordos, y la calle Hermanos García Noblejas ha seguido llamándose así para transeúntes, pequeños negocios y taxistas que ignoraron lo dictado por el Politburó carmenista: avenida de la Institución Libre de Enseñanza.
La decisión del TSJ de Madrid, que ordena reponer la placa a la calle que llevaba ese nombre desde hace 80 años (como ocurrió con la de Millán Astray o Cirilo Martín, entre otras) da tal tirón de orejas a la exalcaldesa que debería pedir perdón a los madrileños y seguidamente responder con su patrimonio por el quebranto económico al erario público. Ni los hermanos García Noblejas eran criminales de guerra, como sostenía doña Manuela, ni había razón alguna para retirar esa calle que homenajea precisamente a unos hermanos que fueron asesinados durante la contienda (dos por las milicias frentepopulistas y un tercero por los franquistas) y cuyo padre fue ejecutado en Paracuellos por el Frente Popular.
La pregunta es por qué doña Manuela no es condenada a restituir de su propio bolsillo el dinero que se gastó indebidamente. 
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