29 de junio de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

Napoleonchu descansa

Ya sabemos que es casi inevitable señalar a Polonia y Hungría como generadores de todos los males, pero supongo que al Gobierno español no le gustará aparecer acusado de los mismos terribles pecados que esos dos países centroeuropeos

No son días fáciles para el Gobierno y el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, más conocido por Napoleonchu, procura descansar, ocultarse, que nadie perciba su existencia. Quizá algún lector que dedique muchas horas a estudiar los medios de comunicación se haya enterado de que en España hay un cierto escándalo que afecta al Gobierno del PSOE a costa del sistema de espionaje Pegasus. No haya lugar a equívoco. Yo creo que es un sistema legítimo y como explicó ayer la directora del CNI en las Cortes, se han realizado pinchazos, con autorización judicial, a personas que estaban delinquiendo. No se puede pedir más a una agencia de inteligencia.
Una de las prioridades del ministro de Asuntos Exteriores debería ser los asuntos europeos que están bajo su mando. Pero no parece que lo sean. Esta semana hemos visto en el pleno del Parlamento Europeo cómo se denunciaba el uso de este sistema de espionaje por considerarlo «una tecnología de espionaje amenazadora para la idea europea de democracia, sus valores y sus derechos. Se caracteriza por su opacidad, es difícil de rastrear, por su intrusividad y su lesividad sobre derechos fundamentales que estimamos muy preciados (sic). Además de su expansividad viral –se ha multiplicado muy deprisa y tiene alto poder de contagio y ser prohibitivamente caro, un coste que no está al alcance de cualquiera–. Está por contrastar si sólo es accesible por los Estados. Lo que sí es cierto es que, hasta el momento, a duras penas, han ido emergiendo indicadores claros de que al menos 20 Estados han dispuesto de esta tecnología, entre ellos Hungría y Polonia, de nuevo, de modo que, a la comisión de investigación, lo que le toca es mucho por saber, mucho territorio por explorar, mucho trabajo por delante». Para acabar diciendo que con tecnologías como Pegasus «acaban muriendo las democracias».
Ante tan espeluznante intervención pronunciada en el Parlamento Europeo el pasado miércoles cabría preguntarse si el Gobierno español se dará por aludido. Claramente es uno de los 20 estados que ha dispuesto de esa tecnología como ayer reconoció sin ambages la directora del CNI. Pero también podríamos preguntarnos si Napoleonchu no hubiera podido hacer algo por intentar evitar un discurso así que no deja en muy buen lugar a España: según estas palabras empleamos una tecnología «amenazadora», «intrusiva» y «lesiva» para nuestros derechos fundamentales. Y ya sabemos que es casi inevitable señalar a Polonia y Hungría como generadores de todos los males, pero supongo que al Gobierno español no le gustará aparecer acusado de los mismos terribles pecados que esos dos países centroeuropeos. Y que España emplea una tecnología por la que acaban «muriendo las democracias» suena a acusación de genocidio.
Dicho todo lo cual, yo sostengo que Napoleonchu debe de estar de vacaciones porque su Ministerio podría haberse ocupado un poco de evitar que se lanzaran estas acusaciones contra la actuación del Gobierno español. Ya se sabe que en el Parlamento Europeo los tiros te pueden llegar de cualquier parte y pillarte desprevenido. Es difícil estar pendiente de las iniciativas de un fascista rumano cualquiera o un parafascista danés. Incluso de un comunista portugués. Pero es que, en este caso, la arremetida contra el uso del sistema Pegasus que emplea el Gobierno español –además del húngaro y el polaco, ciertamente– proviene del Partido Socialista Europeo. No de los amigos de Le Pen u otros indeseables para Napoleonchu y su jefe. Y el socialista al que se le ha ocurrido hacer esto no es esloveno, ni irlandés ni checo ni búlgaro. Da la casualidad de que es español. Y no es una estrella en ascenso dentro del partido y todavía poco conocida. Es un tipo de largo recorrido que ha sido presidente de la delegación socialista española. Y lo que es más notable, fue ministro de Justicia del Reino de España entre abril de 2004 y febrero de 2007 en el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Quizá les suene su nombre. Este conmilitón de Napoleonchu se llama Juan Fernando López Aguilar. Y cuando Napoleonchu se despierte de la siesta, quizá le pueda hacer alguna reflexión para convencerle de que el Gobierno español, por una vez, lo ha hecho bien.
No paramos de mejorar.
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