19 de agosto de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

La izquierda internacional está nerviosa

Musk ha hecho una inversión de su bolsillo que no se puede permitir perder. Nadie puede perder 44.000 millones de dólares. Principalmente porque casi nadie los tiene. Y los que los tienen, como Musk, porque saben lo que cuesta ganarlo. Algo de lo que no tienen ni idea la mayoría de sus críticos de esta hora

Esta semana hemos tenido una muy buena noticia a la hora de empezar a poner freno al control abusivo que hace la izquierda de las redes sociales y los medios de comunicación del mundo entero. En España tenemos un ejemplo apabullante con el duopolio televisivo, donde una cadena, Mediaset, es propiedad del mayor enemigo del comunismo (en Italia) y la otra de un grupo surgido en torno a la familia Lara, que nunca integró la Joven Guardia Roja. Organización que si todavía existiese proveería a La Sexta de múltiples contertulios.
Esa izquierda, en todo el mundo, se cree en posesión de la Verdad y con derecho a censurar en los medios discursos que no sean concordantes con sus verdades. Cuando esta semana se confirmó que el empresario –multimillonario– sudafricano Elon Musk ha comprado Twitter, la izquierda internacional se puso muy nerviosa. La cadena de televisión de referencia de la izquierda en Estados Unidos es MSNBC, y uno de sus programas estrella es el que presenta el abogado y periodista Ari Melber. A Melber no se le ocurrió el pasado martes otra cosa que decir que Musk puede manipular el debate político haciendo que Twitter «prohíba a un candidato» hacer uso de la red o «censurar los contenidos de unos usuarios y promover los de otros mientras los electores no nos enteramos de esa manipulación hasta después de las elecciones». No hay mejor ejemplo de la prepotencia de estos analistas de izquierda. Porque da la casualidad de que Twitter censuró la cuenta del presidente Trump. Y un mes antes de las elecciones de 2020 empezó a frenar la difusión de las informaciones del New York Post sobre el controvertido ordenador de Hunter Biden, el hijo problemático del hoy presidente Biden.
Como se ha explicado en un informe elaborado por el Centro Pew, Twitter es una plataforma desproporcionadamente de izquierda, como lo son el 69 por ciento de sus usuarios. La moderación de los usuarios que hace la propia plataforma refleja casi siempre las prioridades de la izquierda como demuestra una instrucción que dio la compañía la semana pasada a sus moderadores según la cual se debe prohibir la publicidad que no reafirme el «consenso» del Panel Intergubernamental de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Viva la libertad.
Otra manifestación muy interesante de ese nerviosismo de la izquierda la ofreció Robert Reich, que fue el secretario de Trabajo de Bill Clinton: «Musk y sus apologistas dicen que si a los consumidores no les gusta lo que haga con Twitter, pueden irse a otras plataformas. Pero ¿a dónde van a poder irse los consumidores a publicar mensajes cortos con una audiencia potencial de millones de personas si no es Twitter?» Razonamiento perfecto si no fuera porque desde hace años se dice a los que critican Twitter desde posiciones conservadoras que se busquen otra plataforma o la creen.
Si de verdad este izquierdismo fuera dominante en el mundo, esas voces indignadas de la izquierda deberían estar muy tranquilas. Musk ha hecho una inversión de su bolsillo que no se puede permitir perder. Nadie puede perder 44.000 millones de dólares. Principalmente porque casi nadie los tiene. Y los que los tienen, como Musk, porque saben lo que cuesta ganarlo. Algo de lo que no tienen ni idea la mayoría de sus críticos de esta hora.
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