Campo de minas
De seguir Sánchez liderando el PSOE, que esa es la tarea principal que hoy le ocupa, ese partido pasaría a ser un satélite mas de esa legión de profetas de la ignorancia y el sectarismo
Cuando un ejército ve perdida la guerra, siembra de minas explosivas y traicioneras el campo de batalla que va abandonando. Esto es, ni más ni menos, lo que el sanchismo ha acometido en esa fuga ruinosa que dañará al país social y económicamente, culminando una trayectoria ambiciosa, basada en la mentira y la corrupción, sin más norte e inspiración que la ostentación sin límites del poder.
El último informe del Banco de España alerta sobre las consecuencias gravemente negativas de las alegres medidas de índole económica que va impulsando el Gobierno. Y advierte de las decisiones que habrán de adoptarse después del actual gasto desmesurado, con las medidas de ajuste que impondrá la Unión Europea en 2027, advertencia que coincide con las previsiones de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF).
Para percatarse de que Sánchez quiere dejar sembrada de minas la gobernación del país, cuando él sea expulsado de la misma, basta con hacer una lectura objetiva del contenido de los decretos leyes que, ante la ausencia de presupuestos, ha aprobado su Gobierno en el mes de diciembre: incremento de retribuciones del sector público, medidas protectoras para situaciones de vulnerabilidad social, suspensión de desahucios, bonos de transporte, medidas en materia de energía, suministros, pensiones y otras prestaciones, incremento de las bases de cotización a la Seguridad Social y subida de las pensiones entre otras, al tiempo que se practica una presión fiscal agobiante.
Que la finalidad de todo ello es la compra de votos no ofrece ninguna duda, con subidas generalizadas por encima del IPC, especialmente significativas en las pensiones no contributivas que llegan al 10 %.
Por desgracia, la prodigalidad irresponsable de un político sin principios ya la padecimos con un Rodríguez Zapatero que, tras presumirnde que España estaba en la «champion» de la economía occidental, tuvo que enmendar la deriva ruinosa ante las alarmantes llamadas de los responsables europeos y la definitiva del presidente Obama. El marrón lo tuvieron que enmendar, con medidas de rigor presupuestario, los de siempre: los «malos», esos que saben lo difícil de cuadrar unas cuentas para evitar la pobreza que nos aboque a la miseria colectiva, por lo que hubieron de ajustar los excesos buenistas y ruinosos del amigo de Maduro.
Las mordidas, los escándalos de bragueta, el enchufismo desaforado, el dispendio económico, la compra de voluntades, la invasión de las instituciones, el ataque a todos los órganos que garantizan el equilibrio constitucional, el afán divisivo para fraccionar la convivencia y el control del sector público empresarial y de los medios informativos oficiales, son algunas de las muchas minas que el sanchismo dejará como legado de una gobernanza autoritaria hipotecada por quienes no aceptan ni la Constitución ni la idea nacional de España.
La prodigalidad de sus últimas medidas pone de manifiesto que Sánchez opera con vistas a convocar elecciones en 2026. Por una parte, sus medidas pretenden comprar con dinero público los votos de los más desinformados y de los más egoístas. Por otra parte, la deriva del sanchismo está arrastrando a la sublevación de quienes, dentro del socialismo, piensan que alargar la agonía es acabar con el PSOE como partido de Estado. Esta situación no la puede prolongar Sánchez hasta 2027 porque en diciembre de 2026 terminan los fondos europeos Next Generation, lo que imposibilitará la prodigalidad que tanto le gusta, devolviéndonos a la realidad de los ajustes que indica el informe del Banco de España, para cumplir las reglas fiscales europeas en 2027.
Controlando al PSOE con sus fieles en todas las federaciones, Sánchez pretende salvar el naufragio lo suficiente para liderar él la oposición a un gobierno de centro derecha con la idea, tras haber dejado el campo del despilfarro demagógico sembrado de minas, de ponerse al frente de todas las protestas que sus bien cebados sindicatos y toda la izquierda extrema pondrían en marcha ante cualquier medida de buena administración.
De seguir Sánchez liderando el PSOE, que esa es la tarea principal que hoy le ocupa, ese partido pasaría a ser un satélite mas de esa legión de profetas de la ignorancia y el sectarismo, empeñados en que todos los ciudadanos dependan de unas élites de dirigentes dogmáticos que prodiguen sus favores, arrastrando al conjunto al empobrecimiento. Es esa izquierda populista que, interesadamente, ignora que sin empresas que generen riqueza no puede haber bienestar colectivo, que sin seguridad no puede haber libertad y que sin preparar la guerra no se puede vivir en paz.
Los caciques decimonónicos compraban votos con su dinero; el autócrata caciquil Pedro Sánchez lo hace con nuestro dinero. Y como sabe que en 2027, al acabarse los fondos europeos se exigirá mayor rigor presupuestario, deja el campo electoral sembrado de minas para que le exploten a sus adversarios políticos. Como el hijo pródigo, dilapida el dinero alegremente, sabedor de que el daño causado lo tendrán que arreglar otros. Por fortuna, a diferencia de la parábola bíblica, aquí no tendrá el amor incondicional de un padre que lo rescate, sino el repudio público a un gobernante ayuno de principios.