17 de agosto de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

Bolaños, como Cagancho en Almagro

Lo que no hace ningún Gobierno del mundo salvo el de Sánchez es reconocer que te han espiado hace un año. Y que del teléfono del presidente del Gobierno se han llevado 2,73 gigas de información. Algo masivo. Si, por desgracia y por incompetencia, alguien te hace un robo así, jamás lo comunicas públicamente porque estás confesando que te has quedado en parihuelas

Creo que no hay ninguna democracia occidental en la que se pueda encontrar un Gobierno que convoca una rueda de prensa con dos horas de antelación para hacer el inmenso ridículo que perpetró ayer el Gobierno de España. Ridículo al que nos somete a todos los españoles. Que unos gobiernos y otros han comprado el sistema Pegasus para espiarse entre sí y a sus enemigos en todos los niveles es algo que sabe hasta el que asó la manteca, del que se dice que no era un intelectual. Para eso te lo venden y para eso lo compró el Gobierno de Mariano Rajoy poco antes de que Sánchez y los enemigos de la unidad de España tomaran al asalto La Moncloa. Lo que no hace ningún Gobierno del mundo salvo el de Sánchez es reconocer que te han espiado hace un año. Y que del teléfono del presidente del Gobierno se han llevado 2,73 gigas de información. Algo masivo. Si, por desgracia y por incompetencia, alguien te hace un robo así, jamás lo comunicas públicamente porque estás confesando que te has quedado en parihuelas. Pero claro, qué podemos esperar de un presidente del Gobierno que anunció al mundo el nombre del barco de guerra en el que enviaba armamento a Ucrania y el puerto de destino, poniéndolo a tiro del enemigo. Cuando el pasado verano Le Monde publicó que Marruecos había pinchado el teléfono del presidente de la República Francesa, nadie admitió que fuera cierto y ambos Gobiernos se limitaron a decir que había que clarificar lo sucedido. Hasta hoy.
Sánchez siempre da facilidades a sus enemigos y esta vez no podía ser menos. La cosa ya venía servida desde que un independentista elaboró el informe de los 60 teléfonos supuestamente espiados con Pegasus al servicio del CNI. Y el Gobierno dio la información por buena. Yo no tengo ni idea de si efectivamente se hizo eso. Pero lo que sí sé es que es muy difícil descubrir que tu teléfono está siendo espiado. Y si el Gobierno español ha tardado casi un año en saber que los móviles de Sánchez y Margarita Robles estaban pinchados, dudo muchísimo que los independentistas catalanes tengan los medios para descubrir que 60 personas de su órbita tenían sus aparatos telefónicos igualmente pinchados.
Esta brillante idea de salir en festivo a anunciar que te han pinchado el teléfono y te han robado hasta la partida de bautismo, como forma de decir que tú también puedes ser víctima igual que los golpistas, es buscar una equiparación suicida. Es lógico que otros países, no necesariamente enemigos –como no lo son entre sí Francia y Marruecos– quieran tener una información privilegiada de lo que piensa y barrunta el presidente del Gobierno español. Pero en este asunto Pegasus, cada día vemos cómo el Gobierno perpetra un ridículo mayor que la víspera. Y la semana todavía promete. Verdaderamente lo están haciendo como Cagancho en Almagro.
P.S. Celebré el 2 de mayo invitando a almorzar a tres jóvenes de entre 25 y 35 años. Todos muy aficionados a los toros y ansiando el arranque de San Isidro. Ninguno sabía a que se refiere la frase «Como Cagancho en Almagro». Sirva para ilustrarles una transcripción de ABC del 26 de agosto de 1927, página 29, de una época en que ABC pertenecía a la familia Luca de Tena y todavía servía para desasnar a tantos, no como hogaño: «Tercero. Colorao, bragao y recogido de cuernos. Cagancho emplea varios telonazos al recogerlo, pero sin exposición; luego, en un quite, sale apuradillo. Hay un puyazo monumental de Catalino. Rafaelillo y Guerrilla palitroquean bien. Cagancho sufre en el primer pase una colada. Muletea aliñado y distanciadísimo, empleando pases sin ligar. Entre una bronca, da un pinchazo, echándose fuera descaradamente; otro igual; otro. (Monumental bronca.) Otro cuarteando feamente; otro. (Gran escándalo.) Otra puñalada; cinco intentos de descabello por Cagancho. (Enorme bronca.) Guerrilla apuñala al toro a la primera». «Sexto. Grande y con buenas defensas. De salida siembra el pánico entre la torería. Cagancho huye, y el público protesta ruidosamente. Mal picado y peor banderilleado, pasa a manos de Cagancho. La faena de este torero incomprensible es un espectáculo lamentable. Huye ante el toro, pincha como puede y donde puede, agujereando al bicho por todas partes, presa en todo momento de un pánico indescriptible. La bronca es ensordecedora. Suena un aviso, y Cagancho, harto de pinchar, toma la barrera, e intenta marcharse. El público le apostrofa. Rayito descabella, y Cagancho es conducido a la cárcel, en medio de una gritera inenarrable. No puede darse nada más vergonzoso».
Si en esta crónica se sustituye el nombre de Cagancho por el de Félix Bolaños, el tercer toro fue su visita a Barcelona y sexto ayer en La Moncloa. Sólo falta que se cumpla la penúltima frase y Bolaños pase un rato entre rejas.
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