03 de julio de 2022

Pecados capitalesMayte Alcaraz

No cumplen ni con los plazos

El problema es que el gallinero no se puso de acuerdo a tiempo porque Pablo Iglesias intentó imponer a su candidato sobre el de Yolanda Díaz

Imaginemos que usted o yo no entregamos a tiempo el impreso para hacer un examen o para entrar a trabajar en una empresa o para tener plaza para el colegio de nuestros hijos. Lo mínimo que nos llamarían en casa sería idiota. Vamos, lo que viene siendo un tonto con balcones a la calle. Pues eso le ha ocurrido a Podemos, un partido que llegó a tener 2.800.000 votos de otros tantos españoles que creyeron su gran mentira, que más que una mentira era una trola con alevosía, defendida por un político vil, dispuesto a arrasar una vieja nación, que en tiempos fue un imperio, por sus sueños adolescentes y su vanidad enciclopédica, aliñados con un resentimiento social incomprensible en un profesor universitario con nómina fija desde que echó los dientes.
Podemos en Andalucía, o la confluencia (eufemismo para no llamar batiburrillo a lo que es un batiburrillo) de todos los partidos a la izquierda del PSOE, excepto el de Teresa Rodríguez que va por libre, corre peligro de no poder presentarse a las autonómicas del 19 de junio porque la Junta Electoral considera que no ha presentado sus credenciales a tiempo. Y ¿a que no saben quién es la ideóloga de esa ensalada de antisistemas, anticapitalistas y comunistas que no han tenido tiempo de rellenar los papeles a tiempo? Pues la inefable Yolanda Díaz, que se iba a estrenar ante el electorado andaluz con esta marca denominada «Por Andalucía», como parte del «espacio de Yolanda», que diría Pedro Sánchez. La ministra que tiene que arreglar el paro (en el tiempo que le deja libre su estilista, claro) resulta que, a tortas con Iglesias, no sabe ni cumplir con las formas. Que Dios nos coja confesados si el yolandismo sucediera al sanchismo algún día.
El problema es que el gallinero no se puso de acuerdo a tiempo porque Pablo intentó imponer a su candidato sobre el de Díaz (les ahorro los nombres de los elegidos porque todo hace indicar que conseguirán ser extraparlamentarios a poco que se esfuercen). Iglesias, cuando vio que la ventanilla se cerraba, se intentó sumar sin éxito a otra coalición con Izquierda Unida. Ya saben que al exvicepresidente lo mismo le da Juana (pobre Juana) que su hermana. Él tiene bien engrasado el juego de cintura: sus abrazos con Sánchez y su mudanza de la mítica Vallecas al casoplón de Galapagar le han otorgado un máster en la materia.
Yolanda Díaz bajó a la Feria para lucir modelis y servir cañitas a su compi, Alberto Garzón, evitando así que se atragantara con el jamón que se zampó mientras nos pone a dieta a los demás, y solo ha conseguido el ridículo ibérico. Hay que reconocerle un tino envidiable a la hora de elegir activos para su causa: Ada Colau vive en los juzgados de Barcelona acusada de hacer con el dinero de todos un sayo para amiguetes; Mónica Oltra se enfrenta a un asunto sucio por tapar a su exmarido condenado por abusos; y la otra Mónica, la madrileña, madre y médica, ha dejado la medicina para recibir sin cortapisas las tundas épicas que le propina Ayuso.
Así que si no fuera por los cariñitos de Garamendi y los sindicalistas amigos de su padre, Yolanda ya estaría pidiendo un módulo de corte y confección. Eso sí, que no se le pasen las fechas. Y si no, que se integre en el PSOE, como número dos de Sánchez. No descarten que sea finalmente lo que haga.
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