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Agua de timónCarmen Martínez Castro

Higiene democrática

Esta noche confirmaremos que se pueden ganar las elecciones con absoluta autoridad sin renunciar al respeto y a la moderación

Esta noche mediremos exactamente la magnitud de la victoria de Juanma Moreno y del Partido Popular en Andalucía. Veremos si es lo suficientemente amplia para legitimarle a reclamar un Gobierno en solitario o si las encuestas fallan y debe buscar alianzas. El debate de la gobernabilidad se abrirá esta noche como también esta noche pondremos cifra exacta a la profundidad de la crisis del socialismo o al tirón electoral de Macarena Olona. Sin embargo, no necesitamos esperar al recuento de los votos para saber que la victoria de Juanma Moreno no solo será histórica sino muy saludable para la política española.

Los resultados que va a obtener el Partido Popular se deben en gran medida a los méritos y la personalidad de su candidato, que ha sabido gobernar en coalición y gestionar con eficacia los servicios públicos. Pero además Moreno encarna una manera templada de hacer política, ajena a todas las estridencias que terminan por degradarla. Esta noche confirmaremos que se pueden ganar las elecciones con absoluta autoridad sin renunciar al respeto y a la moderación, sin forzar enfrentamientos estériles y sin descalificaciones gratuitas al contrario. Eso es una auténtica lección de higiene democrática y no las prácticas inquisitoriales y sectarias que la izquierda ha venido perpetrando bajo ese nombre.

Todos hemos leído y hemos comentado cientos de análisis sobre la polarización política, la fragmentación y el populismo que está dividiendo a las sociedades modernas, sobre las limitaciones de la democracia representativa o el auge imparable de los extremismos. Pero, sin darnos cuenta, en Andalucía se estaba escribiendo un tratado práctico de cómo vencer a todos esos males. La anunciada victoria de Juanma Moreno demuestra que al extremismo y la polarización no se los derrota entrando en su estrategia de tensión, sino ofreciendo a los ciudadanos una alternativa distinta, basada en la transversalidad, la eficacia y la templanza.

Moreno no ha necesitado hablar de los ERE para ganar las elecciones, ni llamar mangantes al gobierno anterior como hace Sánchez a todas horas, ni amenazar con lanzar a la gente a la calle para protestar contra el resultado electoral, la gran aportación de Adriana Lastra a esta campaña; le han bastado su talante y los resultados de su gestión.

Que esa victoria serena de la política moderada vaya a coincidir en el tiempo con el hundimiento moral de uno de los símbolos del peor extremismo que hemos visto en España, como es Mónica Oltra, no deja de ser un sarcasmo del destino.

Oltra no es una víctima de la ultraderecha, como pretende. Es una víctima de sí misma, de su demagogia, de su discurso de odio y de sus afanes inquisitoriales. Toda esa basura con la que inundó la política en Valencia durante tanto tiempo se vuelve ahora contra ella y contra Ximo Puig, que aún la mantiene en el cargo. Al parecer, la higiene democrática, como la risa, va por barrios.

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