28 de junio de 2022

Agua de timónCarmen Martínez Castro

El equipazo

Este es el equipazo del que presume Sánchez: una desvencijada colección de políticos amortizados, sin cohesión y sin más proyecto que sobrevivir un día más a las humillaciones de Rufián

La vicepresidenta primera tiene tan claras las cuentas del país y tanta confianza en su gestión, que cuando le preguntan por ello se esconde tras la matanza de los niños de Texas. La vicepresidenta segunda se adorna con un discurso político de parvulario, pero cuando llega el momento de competir en unas elecciones se hace la rubia y evita someter su colección de cursiladas al escrutinio de los votantes. La vicepresidenta tercera todavía no ha conseguido poner en marcha la urgentísima intervención del mercado del gas que nos anunció para el mes de abril, aunque ya nos ha adelantado que la rebaja real en el precio de la luz, si por fin es autorizada por Bruselas, será la mitad de la que nos había prometido en un principio. Así luce la tripleta prodigiosa de Pedro Sánchez.
A partir de ahí, el resto del equipazo gubernamental malvive como puede. El ministro Bolaños, después de sus éxitos en la crisis de Pegasus, es el encargado de mantener el suspense en la legislatura: las leyes pueden salir con los socios o a pesar de los socios y enmendadas por la oposición, aunque lo más habitual es que ni siquiera lleguen a votarse. El pleno de esta semana nos ha demostrado que a pesar de los oficios de Bolaños las relaciones del Gobierno y sus apoyos parlamentarios recuerdan a los mafiosos que magistralmente interpretó el fallecido Ray Liotta: oscilan entre el chantaje, el maltrato y la traición.
Margarita Robles se ha recluido en sus cuarteles tratando de encontrar el rastro de aquella insobornable defensora del Estado de Derecho que a las primeras de cambio entregó al secesionismo la cabeza de una funcionaria inocente. Escrivá, el sofisticado, se regatea a sí mismo con las cuentas de la Seguridad Social porque ya no tiene margen para regatear a Europa ni al Tribunal de Cuentas que acaba de calcular el agujero del sistema de pensiones en 70.000 millones de euros. Y Marlaska hace tiempo que decidió pasar a la historia, no como un buen juez ni como el jefe de los guardias, sino como el libertador de los etarras condenados, que jamás pudieron imaginar un horizonte de impunidad más esperanzador.
Este es el equipazo del que presume Sánchez: una desvencijada colección de políticos amortizados, sin cohesión y sin más proyecto que sobrevivir un día más a las humillaciones de Rufián. Todos saben que la legislatura no da más de sí, que la economía se complica cada día y que los próximos meses no les van a deparar ningún alivio. Pueden revolverse contra la oposición pero todos saben que el problema no lo tienen enfrente sino detrás. No en sus adversarios sino en sus socios.
Están donde están gracias a Sánchez y les pasa los que les pasa por Sánchez. Son ministros gracias a él pero nunca han podido ser un auténtico Gobierno porque que ante la amenaza del secesionismo su presidente siempre se ha limitado a decir: «Yo lo respeto».
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