23 de mayo de 2022

Agua de timónCarmen Martínez Castro

La lista de Junqueras

El presidente de Esquerra ha ido señalando, pieza a pieza, funcionario a funcionario, institución a institución, todos los objetivos del secesionismo para revertir o vengar la derrota que sufrió entonces a manos del Estado de Derecho

En la toma de posesión de la nueva directora del CNI, Esperanza Casteleiro, no se vio a ningún representante del Ministerio del Interior ni de Presidencia del Gobierno. Tan ostensibles ausencias constituyen todo un aviso para la sustituta de la decapitada Paz Esteban: la crisis dista mucho de estar cerrada. Casteleiro va, como San Lamberto, con la cabeza en la mano, a la espera de que los ausentes del acto del jueves se vuelvan a hacer presentes para conseguir su objetivo, que no es otro que controlar el CNI y desactivarlo en su lucha contra el secesionismo.
Lo ha dicho el vicepresidente in pectore del gobierno, que no es Félix Bolaños sino Oriol Junqueras: no se puede repetir lo ocurrido. Los secesionistas no quieren ser molestados, ni interrumpidos, ni vigilados en sus tejemanejes contra nuestro país. Paz Esteban ha sido cesada por ello; Casteleiro ya sabe a qué atenerse y Margarita Robles, que ha arruinado todo su prestigio político en el lance, no ignora que ella misma tiene un futuro muy similar al de la funcionaria cesada: los sediciosos han pedido su cabeza y Sánchez jamás les ha negado ni uno solo de sus chantajes.
Sánchez llegó al poder aupado por los que dieron el golpe en Cataluña y con ellos ha conseguido mantenerse en el poder. Empezó a indultarlos políticamente al pactar con ellos y concederles esa mesa de negociación al margen del parlamento y, por lo tanto, al margen de la democracia. Y desde entonces no ha dejado de entregarles todo tipo de concesiones. La peor, sin duda, es la sistemática demolición de todos los éxitos y los avances del Estado en su lucha contra los responsables de la intentona independentista.
Junqueras ha ido señalando, pieza a pieza, funcionario a funcionario, institución a institución, todos los objetivos del secesionismo para revertir o vengar la derrota que sufrió entonces a manos del Estado de Derecho. Y Sánchez ha ido cumpliendo uno a uno sus designios: La Abogacía del Estado fue obligada a rebajar la calificación penal de aquellos hechos, el Supremo desautorizado con unos indultos humillantes, el Tribunal de Cuentas maniatado para reducir al máximo las responsabilidades económicas por lo ocurrido y la Fiscalía General del Estado degradada por Dolores Delgado hasta niveles desconocidos para ayudar en todo ese proceso. Ahora ha sido el CNI, en la persona de su directora, el castigado y puesto en la picota por haber seguido tratando a los secesionistas como lo que son: una amenaza para España.
El cese de Paz Esteban no es distinto al de tantos otros altos funcionarios arrasados en esta estrategia suicida de desarme del Estado de Derecho frente al secesionismo, pero el balance de daños de este último episodio no puede ser más oneroso: dos ministros achicharrados, los servicios de inteligencia humillados de forma pública, los golpistas más envalentonados e insaciables cada día y entre los servidores públicos la inquietante sospecha de que cualquier puede ser el siguiente en la lista de Junqueras.
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