27 de septiembre de 2022

Pecados capitalesMayte Alcaraz

Pedro, siniestro total

El triunfo de Juan Moreno es una refutación absoluta a la estrategia sanchista y quién sabe si el primer paso para la salida del presidente del Gobierno por la gatera del PSOE, donde los barones empezarán a ponerse nerviosos

La mayoría absoluta del PP – de Juanma Moreno y de Núñez Feijóo, tanto monta- es el siniestro total de Pedro Sánchez. Los españoles (el todo) habían encomendado una misión a los andaluces (la parte) para que dieran una oportunidad a España de cambiar de conductor en la próxima meta volante, e impedir así que el piloto devuelva el vehículo siniestro total, directo al desguace. La parte (Andalucía) cumplió ayer: el peor presidente de la democracia ya tiene el peor resultado en el que fue su feudo primario: allí donde el poder y el descontrol transformó a algunos socialistas en puteros, a varios sindicalistas en mariscadores con tarjeta pública y al dinero de los parados en pasta «pa' asar una vaca». El presidente de las sonrisas se dio la primera chufa en 2020 en Galicia (le adelantó hasta el BNG) y en el País Vasco (Bildu lo superó); después en Cataluña (donde Illa ganó para nada que no sea ejercer de gregario de ERC), en Madrid (donde hasta una madre y médica incompetente le hizo el sorpasso) y en Castilla y León (donde el batacazo se llevó por delante siete escaños).
Es lo que tiene abrir las urnas, que los parados, los autónomos, las familias, los transportistas, las clases medias, hablan y dicen lo que no quieres oír. El problema de Sánchez es que en su esquema de poder, sobran las elecciones. Igual su amiga Delcy le puede dar unas nociones rápidas de cómo acabar con ellas. Ni la mejor maquinaria de propaganda puede convertir el precipicio por el que ha caído el escudo humano de Sánchez, Juan Espadas, en un resultado propio del desgaste de poder. El triunfo de Juan Moreno es una refutación absoluta a la estrategia sanchista y quién sabe si el primer paso para la salida del presidente del Gobierno por la gatera del PSOE, donde los barones empezarán a ponerse nerviosos. Otra política es posible: que no estamos obligados a insultar y ser insultados, que el resto de españoles no son nuestros enemigos, que la ruina andaluza es inevitable, que lo que interesa son las cosas del comer, y que cuando uno se encama con los odiadores de España, pues los españoles se rebotan contigo.
A Sánchez ya no le vale Franco, ni la ultraderecha, ni las alertas antifascistas. Ni siquiera allí durante años muchos se tragaron ese discurso y sobre el que edificaron una hegemonía que ha durado 37años. Por Sánchez habla ya su irresponsabilidad institucional, la inflación, la deuda desbocada y las sonrisas televisivas de Rufián.
Además, lecciones aprendidas: Vox no será necesario para Moreno y eso interpela a la sobreactuación de su candidata, Macarena Olona, una buena diputada nacional pero que ha errado en la estrategia de confrontación directa con el presidente hoy ya reelegido. Lo que queda de los restos de Pablo Iglesias (Teresa Rodríguez e Inma Nieto) son ya solo paupérrimos herederos de Izquierda Unida, que llegó a ser decisiva para algunos gobiernos del PSOE. Y Juan Marín, un buen y leal gestor, con la peor marca, la de la nueva política que terminó siendo muy vieja. Tan vieja, que ya está en el olvido. Solo queda Begoña Villacís.
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