28 de noviembre de 2022

Agua de timónCarmen Martínez Castro

Ir a por todas

Esta semana un grupo de diputados han decidido que unas fantasmagóricas tramas franquistas, de las que nadie teníamos idea, nos siguieron mangoneando ya con Felipe González en el poder

Mantenía Fernando García de Cortázar con toda razón que en España la Historia se había vuelto impredecible. Esta semana un grupo de diputados han decidido que unas fantasmagóricas tramas franquistas, de las que nadie teníamos idea, nos siguieron mangoneando ya con Felipe González en el poder. Desde que en 1977 se celebraron las primeras elecciones libres, hemos condenado el franquismo de las más variadas maneras y se han establecido todo tipo de reparaciones para sus víctimas, pero nada de ello es suficiente para quienes son incapaces de encontrar su razón de ser en el presente y tienen que buscarla en un pasado convenientemente manipulado.
La elección de Bildu como socio preferente para la aprobación de la ley no ha sido un error, como pudimos pensar los más ilusos; ha sido la voluntad deliberada de marcar el terreno de juego para lo que nos queda de legislatura y para la política española mientras Sánchez siga al frente del PSOE. El presidente del Gobierno lo repitió machaconamente durante el debate: «Vamos a ir a por todas». Esa es la única declaración de Sánchez a la que debemos hacer caso.
Sánchez miente pero no engaña. De vez en cuando se entretiene jugando a ejercer como hombre de Estado y se convierte en el más atlantista de los atlantistas, pero eso no deja de ser uno más de los trajes ceñidos que viste. Una postura de quita y pon con el mismo valor que sus promesas electorales. La única certeza que se puede tener con él es su manera de entender la política como un puro ejercicio de frentismo. Ante cualquier circunstancia, siempre escogerá la opción más divisiva, siempre buscará el enemigo contra el que construir su estrategia y reclutar aliados.
La digestión que Sánchez ha hecho de sus derrotas electorales en Galicia, Madrid, Castilla y León y Andalucía la hemos visto esta semana. Lejos de la saludable rectificación que dictaría el sentido común, él ha decidido doblar la apuesta: Frankenstein a todo lo que da, criminalización de los empresarios, asalto definitivo al Tribunal Constitucional y estacazo a la Transición de la mano de los herederos políticos de ETA. Como prometió, va a por todas. Ración doble de frentismo.
En el debate de esta semana no le hemos escuchado ni una propuesta de futuro ni una reforma digna de tal nombre ni una idea para luchar contra la inflación o por mejorar la competitividad de nuestra economía. Por no hablar, ya ni siquiera habló de los Fondos Next Generation de la Unión Europea que nos iban a transformar en la Dinamarca del Sur de Europa. También han sucumbido a la huida hacia delante de Pedro Sánchez. Esos 140.000 millones de ayudas europeas no casan con el nuevo cuento de victimismo que se ha sacado de la manga tras la debacle andaluza.
Sánchez ni puede ni quiere cambiar, pero los españoles sí cambian de opinión. La mayoría no viven fanatizados por el odio y recelan de quienes quieren reescribir el pasado para envenenar el presente. Bastante envenenado lo tenemos ya por la inflación y guerra.
Comentarios

Más de Carmen Martínez Castro

  • De Vista Alegre al Matadero

  • Nuestra memoria democrática

  • Sánchez, la crisis eres tú

  • Higiene democrática

  • Pedro, ¿qué has hecho esta vez?

  • tracking