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22 de febrero de 2024

Ojo avizorJuan Van-Halen

El embudo

Sánchez cree, o no, que el ciudadano está cansado, que lo aguanta todo, pero la paciencia inagotable no ha sido nunca virtud de nuestro pueblo

Actualizada 11:01

Resulta que los declarados inocentes del PP son culpables y los condenados del PSOE son inocentes. «Han pagado justos por pecadores». Eso es lo que creen Sánchez y su sanedrín. Es la ley del embudo que también sigue fielmente Podemos. Sus condenados no han de temer nada. Pueden incluso irse de vacaciones a hacer unas risitas con las amigas en Nueva York y Washington a cuenta de su dinero; del de ellas no, lector, del tuyo. En el PSOE el juego no es nuevo. Desde el senador Sala y otros dirigentes socialistas condenados en el caso Filesa por asociación ilícita entre otros delitos, los indultos han jalonado las peripecias judiciales de la izquierda; acaba de ser refrendada su sentencia por el Supremo y ya se da por seguro el indulto a Griñán. Su abogado estudia acudir al Constitucional en el que, con tantas prisas, buscaba el Gobierno una mayoría progresista, es decir, suya. La alcanzará en septiembre.
Los ERE de Andalucía, casi setecientos millones de euros de los parados para los amigos, para muchos que ni siquiera habían trabajado en las empresas afectadas, para chiringuitos de la Junta gobernada por el PSOE, para putas y drogas, hasta el punto de que la madre de uno de los condenados declaró que con el dinero que guardaba «se podía asar una vaca». Pues esa es la imagen de la inocencia para Sánchez. Si no hubiesen sabido que contaban con la complicidad de los dirigentes de la Junta y del PSOE, o al menos con la convicción de que mirarían para otro lado, la enorme corrupción, la más grande conocida en España, no se hubiese producido. Esta es la verdad, aunque la historia desemboque en indultos y aunque los españoles parezca que contesten «sí, bwana» a la nueva ocurrencia letal de Sánchez. Ya hablarán con sus votos en las urnas. Sánchez cree, o no, que el ciudadano está cansado, que lo aguanta todo, pero la paciencia inagotable no ha sido nunca virtud de nuestro pueblo. Si el presidente leyese Historia y no sólo los libros que le escriben con su supuesta autoría y las hagiografías que le dedican, la última del inefable Tezanos, no lo ignoraría y en su momento no se sorprendería. Pero ¿quién puede desentrañar los arcanos de Sánchez?
El presidente gobierna sólo para los suyos, que no representan ni mucho menos la mitad del país, y muchos de ellos es dudoso que lo sigan siendo, y sólo lo hace con un propósito: llegar a las elecciones con el menor daño posible. Para él. Pero cada día toma decisiones que aumentan el daño al país. Expone todo y lo pone en juego todo: la verdad, la coherencia, el orden constitucional, la seguridad de la Nación, la propia unidad de España y la concordia de los españoles. Y una de esas decisiones de Sánchez, el exterminador, la penúltima porque ya habrá tomado otra nueva que aún no conocemos, ha sido ejercer la ley del embudo con los independentistas catalanes. Lo ancho para el independentismo y lo estrecho para el resto de los españoles. Se valió de Bolaños como chico de los recados. Su reunión «en la cumbre» con consejeros de la Generalidad fue de traca. El Gobierno de España se bajó los pantalones hasta los tobillos.
Sánchez ha dado una patada a las sentencias de los tribunales, ha aceptado que los escolares de Cataluña no empleen el español en todo el sistema y lugares, hasta en el recreo, como había decidido la Generalidad incumpliendo las sentencias judiciales que imponían al menos un 25 por ciento en el idioma común constitucional. También el Gobierno de España se ha comprometido a no judicializar la política, lo que supone asegurar impunidad para todo lo que la Generalidad decida. Los españoles dejan de ser libres e iguales porque así lo quiere Sánchez. Además, España pedirá al Parlamento Europeo que se considere el catalán entre los idiomas oficiales, y que en el Senado se hable normalmente catalán, lo que ya se hacía, junto al gallego y al euskera, desde 2010 en las intervenciones de mociones ante el Pleno. Ahora se ampliará.
Tras la bajada de pantalones de Bolaños, y con él del Gobierno, quienes no residan o hayan nacido en Cataluña, los ciudadanos de otras comunidades autónomas, verán en un segundo plano sus lenguas reconocidas en la Constitución. Pero lo resolverán pronto porque Sánchez no se opondrá a nada que le quite el sueño, entre otras cosas porque su aspiración es seguir durmiendo plácidamente sobre el colchón de Moncloa. Caiga quien caiga y entregue lo que entregue, aunque suponga una indignidad. La desembocadura de tanta entrega, si tiene tiempo y unos gobernantes futuros no lo enmiendan, será una España absolutamente distinta a la que han conocido los siglos. Una España aldeana, de nuevos reinos de taifas; es lo que se trata al reescribir la historia mintiéndola. En sus primeras declaraciones tras su reunión con la Generalidad, Bolaños enfatizó que el encuentro había sido «amable». Pues claro. Cuando te dan todo lo que pides no vas a ser desagradable con el dadivoso.
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