06 de diciembre de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

De eso nada, Pit Pit

«Reserva el avión, y a Londres. Con la cabeza muy alta, Pit Pit, que no sé lo que te pasa últimamente. En Londres te quieren, y lo vamos a pasar muy bien en el funeral»

He sabido, y no por Albares, que en la intimidad gozosa de la Moncloa, cuando a ella le sobreviene el arrebato del amor y la admiración, se dirige a su marido con el cariñoso apodo de Pit Pit. Dislocación verbal de Peter, cuya pronunciación correcta es «Piter». De «Piter», Pit, pero Pit a secas queda soso, y ella que es mujer de mundo y de saunas, dobla el Pit para ahondar su hallazgo en la cavidad pectoral del corazón de su héroe. Un error que se debe a los poetas, siempre facilones para buscar rimas sencillas, como el corazón. El corazón bombea la sangre, pero en cuestiones del amor, ni goza ni padece. Los sentimientos, los afectos y los odios se reflejan en el colon, el más sensible del paquete intestinal. Pero como escribió don José María Pemán, decirle a una mujer «te quiero con todo mi colon» no queda del todo bien. El amor es abrasivo, evasivo y caritativo, pero jamás digestivo. Y su rima consonante es tan complicada como la de lámpara, que en un alarde de sabiduría poética, don Joaquín Calvo Sotelo la descubrió, con una pequeña trampa.
El panadero, a la luz de la lámpara
La harina amasa con arduo frenesí,
Después la hornea, y hace el pan para
Ti.
Y no ha sido Albares el que me ha revelado el monólogo que le soltó Begoña a Pit Pit, cuando éste le adelantó que si el Rey Don Juan Carlos I se presentaba –y se va a presentar por ser invitado especial como exjefe de Estado y familiar de la difunta Isabel II–, en el funeral de la Reina británica, él renunciaría al desplazamiento a Londres.
–De eso nada, Pit Pit, y a ver si se te mete en la cabeza. Si tú no vas, yo no pinto nada. A mí me han invitado por ser tu ejemplar mujer, no con carácter individual. Y yo no quiero perderme el funeral. Yoli Díaz, que se viste divinamente, me ha presentado a su modista, y me he encargado –a costa del Estado, no te preocupes– un vestido de luto ideal. Ideal de lo más ideal que puedas imaginarte. No me puedes negar la posibilidad de lucirme entre tantas Reinas y Princesas, que van muy mal vestidas porque no conocen al modista de Yoli. Y ahí estarán las cámaras de televisión, y con toda seguridad, el ¡Hola! va a publicar un reportaje de aúpa, y me ha prometido Albares que le va a pedir a su director que publique algunas imágenes mías, siempre de tu brazo, Pit Pit, que para mí, y lo sabes muy bien, nada me enorgullece más que ir de tu brazo. No tienes ningún motivo para sentir complejo de inferioridad porque vayan Juan Carlos y Sofía y los acomoden en una fila más importante que a nosotros. Ya sabes cómo son los ingleses. No agradecen nada. Además, si no fuéramos, algunas compañeras de las niñas se reirían de ellas en el colegio, y eso sí que no, porque hay cada hija puta suelta que no pierde comba para reírse de ellas. ¿Qué te importa coincidir con Juan Carlos, al que hemos expulsado de España? Tienes que sentirte orgulloso de lo que has hecho. Y si no ha cometido delito alguno, más orgulloso todavía, porque estos Reyes se creen con derecho a todo. Nosotros no tenemos que avergonzarnos de nada, y lo prueba el cariño y el entusiasmo que te demuestran los españoles cuando bajas a la calle, que eso también, Pit Pit, bajas bastante poco, e ignoro cuál es el motivo, porque la gente te adora. Así que ya sabes. Reserva el avión, y a Londres. Con la cabeza muy alta, Pit Pit, que no sé lo que te pasa últimamente. En Londres te quieren, y lo vamos a pasar muy bien en el funeral.
- Lo que tú digas, Beg Beg, lo que tú digas.
-Que vamos Pit Pit, que vamos.
Está por ver.
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