09 de diciembre de 2022

Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Lo del colegio mayor y todo lo demás

No se puede hacer el cafre así, por supuesto, pero también resulta evidente que la izquierda ha vuelto a aplicar el doble rasero

Por temperamento un tanto solitario nunca me han agradado los mogollones gregarios, ni el rollo de cuadrilla de gañanes haciendo el cabestro. Pero de chaval, cuando te sobra alboroto hormonal y te falta experiencia, imagino que como todo el mundo alguna vez hice el imbécil. Una perfecta imbecilidad es también lo que han hecho los internos del colegio mayor Elías Ahuja de Madrid, poniéndose a corear burradas impresentables desde la fachada del centro, dirigidas al centro femenino de enfrente. A nadie le puede parecer bien su festival de cánticos escatológicos de cutre soniquete machista. La dirección del colegio, que ostentan los agustinos, ha tomado medidas disciplinarias y ha condenado esas conductas. Todos los partidos, desde la ultraizquierda de Podemos a los conservadores de Vox, han repudiado lo sucedido. El acuerdo es universal: no se puede admitir algo así en una sociedad civilizada del siglo XXI.
Y dicho esto, me voy a saltar la corrección política para osar a decir que el asunto se ha sacado de quicio. En primer lugar, no se ha contado en toda su extensión. Los chicos y chicas de los dos colegios son amigos, no era una agresión, y cada año repiten este rito –lamentable–, que denominan «La Granja». Ellos hacen el animal –en efecto de manera inaceptable– y ellas les responden con cánticos (y la mayoría riéndose). De ahí a asegurar que se ha fomentado «la cultura de la violación», como dice Errejón, media un trecho. Las propias alumnas han restado importancia a lo sucedido (que insisto, no se debe permitir nunca).
¿Qué está pasando? Pues que una vez más se ha aplicado el doble rasero de la izquierda. Seamos francos, cada día hay dos o tres violaciones, algunas a chicas menores, protagonizadas por jóvenes inmigrantes extranjeros. ¿Qué hacen ante esos casos los que ahora crucifican a los alumnos del colegio mayor? Pues ocultan escrupulosamente las identidades y nacionalidades de los agresores. Para nada son señalados por la izquierda supuestamente defensora de las mujeres (la misma que calla ante lo de Irán). En España hay una ministra que todavía no ha dimitido después de defender algo tan repugnante como que los adultos puedan tener relaciones sexuales con los menores que lo deseen (y esa señora se ha puesto al frente de la manifestación contra los tarugos del colegio mayor). En este país ha habido abusos graves a menores tuteladas por las administraciones de los gobiernos socialistas de Baleares y Valencia, y la izquierda hizo el avestruz. En este país se aprobaron este jueves dos leyes de ingeniería social de ribetes delirantes, que pisotean el sentido común más elemental. En este país un partido de Gobierno coreaba como un magnífico lema el «sola y borracha quiero llegar a casa». En este país infinidad de padres toleran cada fin de semana que hijos muy jóvenes, a veces menores, se pillen unos bolingones de espanto en botellones que duran hasta altas horas de la madrugada. En este país hay discotecas donde circulan las pastillas de MDMA como si fuesen caramelos, con hordas de chicos con la cabeza rayada. En este país, España, el vicepresidente segundo valenciano, de Podemos, acaba de blasfemar ofendiendo a millones de cristianos, para risitas y loas del ex vicepresidente Iglesias. Pero el asunto de Estado, la segunda noticia en todos los telediarios, es el colegio mayor Elías Ahuya.
Si me permiten el coloquialismo, en efecto, los chavales del colegio mayor adscrito a la Complutense han hecho el gilipollas a fondo (y las chicas de enfrente que les han reído la cafrada, también). Los promotores de los cánticos deben ser sancionados por el colegio y los hechos deben condenarse sin fisuras. Por supuesto hay que acabar también de una vez con las burlas rancias y amargas de las novatadas y con otros ritos del mundo estudiantil fuera de lugar. Pero que no nos distraiga la doble moral del «progresismo obligatorio». Los problemas reales de España son otros.
Comentarios
tracking