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24 de febrero de 2024

Cosas que pasanAlfonso Ussía

El chulo del AVE

Lo único que puedo opinar al respecto es que, si en alguna ocasión me veo obligado a viajar en compañía del chulo, me bajo del tren y espero a que pase el siguiente

Actualizada 01:30

Cuando se inauguró el primer AVE, el Madrid-Ciudad Real, Puertollano-Córdoba-Sevilla, el mayor peligro era el de coincidir en el tren con un miembro de la tribu de los «indios motorolos», según acuñación del genial barroco sevillano Antonio Burgos. El motorolo pasaba el viaje hablando a gritos con otro motorolo que le preguntaba el motivo de los retrasos en sus pagos, de sus desavenencias conyugales, de sus compras, de sus ventas y del colegio de los niños. Yo tuve la triste experiencia de viajar de Madrid a Sevilla con un motorolo anímicamente destrozado por una confesión de infidelidad de su novia. Sucedió a la altura de Ciudad Real. «Te estuve llamando toda la noche y no respondiste a mi llamada»; «¿Cómo? Repite lo que me acabas de decir. ¿Con Kevin? ¿Has dormido con Kevin? ¿Te has acostado con Kevin?»... El motorolo engañado viajaba en asiento de ventanilla y después de colgar, se consoló con la contemplación del paisaje que viaja en dirección contraria a 300 kilómetros a la hora. Moderación de la velocidad y paso por Puertollano. El motorolo reaccionó y habló con su torturadora. «No puedo perdonarte. Tienes que explicarme mucho y muy bien lo que hiciste anoche con Kevin. Sí, tenías permiso para ir con Kevin al concierto, pero no a la cama, zorra». Me salió del alma defender a la novia desconocida. «Eso que le ha sucedido a usted ha pasado centenares de millones de veces desde que el mundo es mundo. Si todavía la quiere, intente arreglarlo sin insultarla». Atravesábamos la «Garganta» del duque de Westminster, y llegamos al infinito paisaje de las dehesas. Llamó ella. «Pues claro que estoy destrozado, Magnolia. Lo que has hecho conmigo no tiene nombre. Hemos terminado. Y lo del plan de comprar el piso, se acabó». A la altura de la sierra de Córdoba, ya en tramo descendente, llamó él. «No llores, Magnolia. Tu eres la responsable de todo lo que ha pasado. No es excusa que te agarraste un pedo y perdiste la cabeza. Y no intentes convencerme de que pasaste toda la noche con Kevin y no pasara lo que pasa siempre. Pero sí, te quiero. Si no te quisiera no estaría así». Me permití un comentario de amigo. «Bien dicho». Superada Córdoba, mientras se acercaba a gran velocidad el precioso castillo de Almodóvar del Río, el enamorado muchacho llamó de nuevo. «Bueno, lo dejamos en 'standby' hasta que hablemos. Pero sí, Magnolia, te adoro». Lágrimas dulces. Intensifiqué mis palabras de ánimo. «Vamos, vamos que esto tiene arreglo, lo de dejarlo en 'standby' me ha parecido muy sensato e inteligente. El 'standby' hace milagros».
Llegando a Sevilla, la reconciliación se consumó. Me despidió con un abrazo. El motorolo, con la cuerna de un venado medallable, se perdió en la cola de los taxis de Santa Justa. Un viaje horroroso. Para viajar tranquilo en el AVE hay que solicitar un asiento «A», separado por el pasillo de los «B» y «C» . Pero mi experiencia fue positiva.
Otra cosa es tomar el AVE de Valladolid a Madrid, y toparse con un chulo. Un pasajero se topó con un chulo y, por lógica, le dijo que no quería viajar con un chulo. Y el chulo, también por lógica, se enfadó y se armó un barullo. Cuarenta y cinco minutos de retraso. Los pasajeros se pusieron del lado del que llamó chulo al chulo, y la policía tuvo que intervenir. En mi opinión, el chulo podría haber viajado en el cochazo que le presta ese amigo que se benefició de sus favores cuando el chulo era alcalde, pero en un rasgo de sencillez, eligió el AVE. Y esa sencillez no le evitó el disgusto. El chulo ya ha dado muestras de irritación incontrolada en numerosas ocasiones, y es de los que se descalzan en el tren, y hablan por teléfono con sus asesores. El chulo ha dejado de ser alcalde, y su amigo el del coche, ya no se lo presta. Lo único que puedo opinar al respecto es que, si en alguna ocasión me veo obligado a viajar en compañía del chulo, me bajo del tren y espero a que pase el siguiente. Este chulo produce un gran recelo de cercanía. Y no es necesario que insulte, como hace habitualmente, de viva voz. Su sola presencia, es ya un insulto. Y mejor llegar a Madrid tarde que muy mal acompañado.
Me solidarizo con el responsable de la trifulca. Y que Dios me perdone.
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