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21 de febrero de 2024

Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Un país humillado en un cuarto oscuro

Tremendo: España no ha podido evitar que un partido separatista minoritario decida el futuro de una nación de 48 millones de almas en secreto en el extranjero

Actualizada 11:01

De todas las acciones erradas que ha cometido y tolerado Sánchez, la peor de largo es la de este sábado en Ginebra. Pero no solo él sale mal parado de esa escena. Por desgracia, hay que reconocer que hemos quedado retratados todos nosotros, los españoles, pues hemos sido incapaces de evitar que el futuro de una nación valiosa y antiquísima, de 48 millones de ciudadanos, se decida en un cuarto oscuro del extranjero, al dictado además de un partido minoritario con solo 392.000 votos en las últimas elecciones (de hecho, el PP logró más apoyos en Cataluña, 469.000, que la formación de Puigdemont).
¿Qué nos ha pasado? ¿Cómo es que un país del primer mundo, que en teoría era una democracia bien cimentada y con un estado de derecho sólido, ha podido consentir este delirio tercermundista? ¿No delinque un presidente del Gobierno que negocia el futuro de su país en el extranjero al margen de sus ciudadanos y en la más absoluta oscuridad? ¿No existe ningún tipo delictivo que se le pueda aplicar a quién comete esta barbaridad (aceptando además que el interlocutor sea un prófugo reclamado a día de hoy por la justicia española)?
¿Cómo es que un país que cuenta con una Constitución en vigor que prevé su reforma solo mediante unos cauces bien reglados permite que se abra una negociación clandestina en el extranjero que de hecho va a afectar a cuestiones constitucionales medulares? ¿Cómo pueden negociar el futuro de España en una mesa dos mediocres de segunda división, que ni siquiera tienen estudios superiores o trayectoria de valor alguno, el ramplón apparatchik socialista Cedrán y la manifiestamente exaltada Miriam Nogueras?
¿Cómo es que en España mandan los partidos separatistas antiespañoles ERC, Junts, Bildu, PNV y BNG, cuando todos juntos suman solo 1,6 millones de votos, poco más de la mitad de los tres millones que tiene, por ejemplo, Vox (por no hablar ya de los 8 millones del PP, ganador de las elecciones y que no pinta nada en el proceso secreto que marcará cómo serán nuestras vidas)?
¿Por qué permitimos que el Parlamento, sede de la soberanía nacional que reside en el pueblo español, pase a ser una institución superflua, pues lo que cambiará el futuro de España se va a dibujar entre tinieblas en Suiza? ¿Por qué hemos admitido que se hable de «conflicto», como si hubiese una guerra violenta entre dos estados, y se acepten «mediadores internacionales»? ¿Cómo pueden dos partidos que han perdido las elecciones, uno en su región y otro en su país, erigirse en los representantes únicos que van a decidir el futuro de esa región y ese país? ¿Qué arbitrariedad autoritaria es esta?
Iniciada ya una negociación secreta en la que una de las partes exige un referéndum de independencia manifiestamente inconstitucional, ¿continuará el Rey, símbolo constitucional de la unidad y permanencia del Estado, en las apelaciones generales a la valía de la Constitución del 78 y la Transición? ¿Qué más tiene que pasar aquí para que se entienda que a los españoles se les está hurtando ya, en este momento, su soberanía, pues no pintan nada en decisiones trascendentales sobre la organización de su país?
¿De qué pasta están hechos los diputados y dirigentes territoriales del PSOE que tragan con este disparate, con esta traición a España consumada de la manera más abyecta? ¿Cómo puede Page seguir saliendo a la calle después de amagar con defender a su patria para luego quedarse en una cosita acoquinada que ya brinda su apoyo a Sánchez y calla cuando se consuma la felonía? ¿Cómo pueden aceptar esta puñalada a su país Margarita Robles, la responsable de las Fuerzas Armadas, o técnicos serios como Planas, gente que teníamos por más o menos normal? ¿No queda nadie en activo en el Partido Socialista capaz de decir en alto que el futuro de España no puede decidirse a escondidas en el extranjero y al dictado de un delincuente golpista?
¿Qué «Club de Democracias» es la Unión Europea cuando asiste silente al despropósito de Ginebra? ¿Cómo es que periodistas y comentaristas españoles, que aparentemente son gente cabal y bien formada y que residen en la capital de España, tragan y hasta apoyan con sus artículos y tertulias semejante infamia contra su país y su democracia? ¿A qué andan en esta hora dramática nuestros intelectuales y empresarios? ¿Ha estado a la altura una oposición que a fin de cuentas no ha logrado evitar la inconcebible escena de Ginebra?
Sánchez y las minorías separatistas están intentando cambiar para siempre nuestro país y nuestra democracia. Lo hacen ante nuestros ojos y la lacerante verdad es que no estamos logrando pararlos, a pesar de la admirable batalla que están dando los jueces y los millones de particulares que protestan en las calles.
Lo de este sábado de Ginebra nunca debió haber ocurrido. Es la prueba de que en España se han hecho demasiadas cosas mal durante demasiado tiempo.
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