La Audiencia Provincial no salva a Begoña y señala además a Pedro
Ni todas las mentiras del Régimen pueden ya exonerar a la siniestra pareja
Solo en el ecosistema pútrido que ha generado Pedro Sánchez a golpe de talonario puede entenderse que el implacable auto de la Audiencia Provincial de Madrid sobre Begoña Gómez haya sido presentado, en las trincheras y sentinas del Régimen, como una victoria de la esposa del presidente y un desprecio a la instrucción del juez Peinado.
Nunca en España una línea editorial había llegado al deshonor fecal de inventarse una realidad paralela a la verificable por cualquiera y nunca una interpretación creativa o piadosa de los hechos había incluido su negación obscena y su sustitución por otros sencillamente falsos, adornados por un ensordecedor eructo coral sobre la famosa «máquina del fango», la conspiración judicial y la amenaza ultra, cacareado de manera sincronizada por secuaces del patrón en su partido y en los medios sumisos.
Y preludio, para hacer aún más repugnante todo, de la caciquil batería de reformas legales necesarias para frenar, ojo al tirabuzón, ese desafío a la democracia procedente de quienes no digieren, sin más, la bondad natural de Sánchez y de su «Gobierno de progreso».
La insistencia en la mentira, la agresividad de la defensa y la predisposición a hacer lo que sea para imponer ese relato y acabar con la insurgencia involucionista, como califican a la simple acción del Estado de derecho y a la labor encomiable del periodismo decente; demuestran el grado de deterioro de la democracia española y anticipan las malas artes que van a desplegar, hasta el último segundo previo a su caída, para dotarse de impunidad como sea.
Pero no cambian los hechos ni, desde luego, doblegan la resistencia de la justicia y del periodismo a cumplir con su función, por mucho Gobierno autoritario que tengan en frente y mucho orfeón paniaguado que oree las instrucciones recibidas para vergüenza del oficio.
Y los hechos son que la Audiencia Provincial no ha cerrado ninguna investigación sobre el rescate de Air Europa ni sobre la posible participación de Begoña Gómez en esa operación con aroma a corruptela que tira para atrás: simplemente ha concluido que, si se considera que hay materia, debe instruirse en una pieza propia separada de la relativa a la famosa cátedra de cartón piedra negociada en la propia Moncloa por su indiscreta beneficiaria.
Y sobre esto y los cuatro delitos que puede haber cometido la mujer del presidente, nunca se había consignado en una resolución judicial algo tan grave de alguien de su condición. Porque Begoña Gómez, según conclusión literal de la Audiencia Provincial, pudo valerse «de su posición como esposa del presidente para vender favores siempre a cambio de contraprestaciones», en lo que sería una clara «desviación de poder».
Y porque su propio marido aparece contundentemente señalado en otro párrafo demoledor que, unido al anterior, sería suficiente para provocar su dimisión si España siguiera siendo una democracia europea seria y no el cortijo neochavista en que nos han convertido, al menos de manera temporal:
«Se deducen múltiples reuniones para la constitución de la Cátedra de Transformación Social Competitiva, celebradas en el entorno institucional de la Presidencia del Gobierno, habiendo estado presente en alguna ocasión el presidente», concluyen los magistrados.
El auto es un relato perfectamente reconstruido de las andanzas de una señora sin escrúpulos, en compañía de un marido con el mismo déficit moral, que derriba los llantos del coro rociero presidencial, invalida toda reforma tendente a proscribir las investigaciones judiciales y periodísticas y coloca el foco donde en realidad siempre ha estado: en la impúdica utilización del poder para beneficio personal de una pareja que, por mucho que se crean los Kennedy, son los Kirchner y como ellos deberían terminar si volvemos al camino de la democracia a no mucho tardar.