Fundado en 1910
tribunaAntonio Bascones

España siempre en el corazón

No se puede juzgar la Historia con los parámetros actuales, pues siempre nos equivocaremos. Cada relato, cada hecho significativo tiene su momento y a él debemos ceñirnos si queremos hacer juicios inteligentes y con raciocinio. Lo demás es palabrería, hojarasca intelectual que no nos deja ver la realidad

No ha desaparecido aún el eco de la Fiesta de la Hispanidad porque siguen resonando en los oídos de la mayor parte de los españoles el sentimiento de ser español. Es como una sinestesia en el sentido metafórico, un sonido dulce, una emoción que resuena en mis tímpanos. Es un estremecimiento que grita sin voz, que resuena en los oídos del alma. Es difícil explicarlo, pero el 12 de octubre no es solo una fecha, sino, también, una raíz, un origen de algo que conmocionó el tránsito de la Historia. Ha sido, y es, lo más granado que una cultura ha hecho sobre otra. Ha habido un sincretismo, una mezcla de dos saberes muy diferentes, en el que dos distintos desarrollos se han fundido, se han mezclado y esto, con todo lo que significa, ha sido realizado por un país que se encontró de una manera casi fortuita con otros países disímiles, pero ansiosos de crecer en la argamasa del encuentro.

Los que frecuentamos estos predios nos damos cuenta de la ingente labor realizada, de las universidades, de las iglesias, de los edificios. Por eso, cuando se habla con insidias y malas artes, no solo significa el desconocimiento, sino que patentiza el odio intrínseco de algunos que o no comprenden o no quieren comprender. No hay nada más que aplicar la inteligencia y un poquito de raciocinio para darse cuenta de lo que se hizo. No se puede juzgar la Historia con los ojos actuales sino entenderla con la vista puesta en el siglo XV. Recorrer las ciudades y pueblos de Hispanoamérica es caminar por sus calles empedradas, transitar por la Historia, entendiendo los sacrificios de los españoles y también, hay que decirlo, de los moradores de estas regiones al encontrarse con gente nueva a la que nunca vieron, con armaduras y trajes que los hacían como encantadores de algo desconocido. Eran alquimistas de un nuevo mundo al que llevaron conocimientos y animales, desconocido para ellos, como caballos, burros, vacas, ovejas, perros y gatos, maíz, trigo, cebada, arroz, cebollas y frutas cítricas como naranjas y limones, así como café y olivos. También se llevó uvas, manzanas y plátanos, legumbres tipo lentejas y garbanzos. Entre las hortalizas destacan las lechugas y espinacas. Hoy día son alimentos usuales en cualquier lugar.

Pero todo no fue bonito. Hubo un intercambio de enfermedades: los españoles introdujeron la viruela, el sarampión y la gripe, y los americanos transmitieron enfermedades como la sífilis y la malaria. La patata fue un producto muy importante y que junto con el tabaco adquirió una gran profusión en Europa. Los españoles trajeron oro y plata, no tanta como la maldita leyenda negra auspiciada por ingleses y franceses dice, pero hay que señalar que, en gran parte revertía en la creación de universidades e iglesias que están por todas partes en ciudades y pueblos pequeños donde la huella española se encuentra.

La quinina es una sustancia natural que se obtiene de la corteza del árbol de la quina, originario de los Andes y se usa para la malaria. Los indígenas la utilizaban para bajar la fiebre y los españoles, que conocieron este remedio lo difundieron en Europa. Un hecho importante es que Isabel la Católica abolió la esclavitud y en las leyes de Burgos en 1512 se dictó, ella había fallecido, que los habitantes de las tierras descubiertas fueran reconocidos como súbditos de la corona libres y personas con derechos a los que se debería dar buen trato. También se establecieron límites en la jornada de trabajo regulando el descanso al que tenían derecho. Un indígena de Perú o de Venezuela eran iguales a uno que vivía en Arévalo o Trujillo por poner algún ejemplo indicativo.

Nunca un país ha hecho una tarea igual. Hemos dejado la impronta allá donde fuere. Lo más importante es que se crearon lazos indisolubles entre las razas. La transmisión del conocimiento, la enseñanza de la religión, la mezcla de sangre ha sido una de las gestas que ningún otro país ha hecho. ¿Nosotros qué decimos? Pues nos avergonzamos, nos criticamos, nos odiamos, decimos que hay que pedir perdón. Y los romanos ¿deben pedir perdón por traernos infraestructuras, el derecho romano, la cultura, las técnicas agrícolas avanzadas y la importante organización administrativa y social sin olvidar el latín que sentó las bases de las lenguas romances actuales?

No se puede juzgar la Historia con los parámetros actuales, pues siempre nos equivocaremos. Cada relato, cada hecho significativo, tiene su momento y a él debemos ceñirnos si queremos hacer juicios inteligentes y con raciocinio. Lo demás es palabrería, hojarasca intelectual que no nos deja ver la realidad. A todos los que de una manera fácil critican les haría viajar por estos lugares. Cada piedra, cada mirada, cada esquina nos recuerda los pueblos de España. Las plazas porticadas de Arequipa o Cuzco no son muy diferentes de las de Chinchón o de Pedraza. Seamos sensatos.

Antonio Bascones es presidente de la Real Academia de Doctores de España