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Pecados capitalesMayte Alcaraz

De cómo la izquierda tapa a sus machistas

Si ha habido y hay una ideología machista es la del comunismo, donde todo se cuece en la oscuridad de un cuarto, bajo el manto de complicidad de los poderosos y con la circunstancia agravante del sometimiento a jovencitas valiéndose de la superioridad jerárquica del macho-alfa

El juez Adolfo Carretero acaba de procesar a Íñigo Errejón por la supuesta agresión sexual contra la actriz Elisa Mouliaá, que le pide tres años de cárcel por un delito continuado de abuso. Hace unas semanas, la Fiscalía archivó la denuncia contra Juan Carlos Monedero, el otro cofundador de esa formación de ultraizquierda, por acoso a alumnas de la Complutense. De lo que se infiere, según el Ministerio Público, que los comportamientos que tuvo con las estudiantes el amigo de Nicolás Maduro y de su dictadura no son constitutivos de delito. De esto va el Estado de derecho: la Fiscalía abre diligencias, analiza el expediente disciplinario que abrió la Universidad a Monedero y si no ve elementos incriminatorios, archiva el procedimiento. A sensu contrario, Errejón sí se sentará en un juicio oral. Pero siempre es así, incluso cuando los mismos actores judiciales hacen justamente lo contrario. Monedero y su examigo deben gozar de idénticas garantías que cualquier otro ciudadano; la diferencia es que los demás respetamos al prójimo, no hacemos escraches a sus familias, no acusamos de prevaricación a los jueces cuando no nos gustan sus resoluciones, ni pretendemos aplicar jarabe democrático ni justicia popular al que no opina como nosotros.

En estos días, otro proceso, debidamente ocultado por Ferraz, tiene inquieta a la izquierda mediática, que ve cómo su trinchera se queda descubierta y sin argumentos para proclamar un feminismo que solo es propaganda barata, porque sus partidos bandera no lo ejercen cuando tienen que depurar a los suyos por comportamientos inadecuados. Es el caso de Paco Salazar, mano derecha de Sánchez en Ferraz y uno de los ocupantes ocasionales del Peugeot, que estuvo a punto de ser nombrado sustituto de Santos Cerdán, al que sus compañeras, por canales «seguros» de la organización, han acusado de actitudes deleznables, acoso indisimulado y tics groseros y zafios. Ahorraré los detalles que han trascendido, puesto que no se ha hecho una denuncia formal en los tribunales. Pero, claro, ¿Qué ha hecho el PSOE?, dos cosas: «perder» los expedientes y las denuncias de las subordinadas de Salazar y, por si eso fuera poco, recuperarle para la asesoría externa del presidente. Vamos, que simuló que le echaba, pero ahora lo ha premiado por la puerta de atrás. El señalado, de quien trascendió una polémica foto comiendo con Pilar Alegría, su amiga, se dio de baja en el partido recientemente, circunstancia que aprovechó la formación para dejar en suspenso el caso. Ahora la portavoz socialista dice que hubo un problema en el sistema, la misma cantinela que sostiene la ministra de Igualdad con la birria de pulseras contra maltratadores. Es un patrón inquebrantable: se acusa a la derecha de negacionismo respecto a los comportamientos machistas y cada vez que tienen un caso en sus filas lo esconden como si no fuera con ellos.

Aquí también hace falta separar dos planos: el judicial y el político y moral. En el segundo, es evidente que Monedero ha demostrado que su integridad es tan sólida como el hueco del dónut. Tanto es así que, en el escrito, la Fiscalía de Madrid señala el perjuicio y daño que ha causado el feminista de pro a las víctimas de su larga mano e invita a la Complutense a que corrija por vía disciplinaria al susodicho. A Errejón, que dimitió en octubre del pasado año tras ser denunciado por Elisa y unas cuantas mujeres más que se mantuvieron en el anonimato, le espera el banquillo por tres episodios de índole sexual que, a juicio del instructor, podrían integrar «un delito contra la libertad sexual con carácter continuado». Los dos cojean del mismo pie que Salazar.

Tras años de farsa y de lecciones de feminismo trasnochado y falaz, todos han sido reducidos a exponentes de lo peor del ser humano y de la política. Los examigos de Pablo Iglesias llegaron, junto a sus colegas, a limpiar la sociedad de comportamientos casposos, y han terminado siendo el ejemplo mismo del casposo. Ahora tenemos claro por qué las mujeres de Podemos criminalizaban a todo hombre viviente como si fueran violadores en potencia. Es que tenían en sus filas a ese género masculino baboso que engañaba a propias y extrañas mientras las invitaba a subir el puño agarrado el dobladillo de la falda.

Por tanto, con o sin denuncias penales, estos sujetos son una vergonzosa hipocresía. La izquierda se ha dedicado a inocular odio y rechazo hacia lo que llamaban heteropatriarcado, ese delirio que solo está en sus mentes rijosas. Solo tenían que ponerse delante de un espejo. Lo peor es que sus compañeras –Irene, Ione– lo sabían, veían y callaban. Ellas debían pagar el tributo de pertenecer al mundo revolucionario. Realmente jamás les importó el feminismo si no para ideologizar hasta la náusea las aberrantes leyes que parían.

Si ha habido y hay una ideología machista es la del comunismo, donde todo se cuece en la oscuridad de un cuarto, bajo el manto de complicidad de los poderosos y con la circunstancia agravante del sometimiento a jovencitas valiéndose de la superioridad jerárquica del macho-alfa. Ni una lección más, Íñigo. Ni una lección más, Juan Carlos. Ni una lección más, Paco. Al PSOE, con la familia política del presidente, los audios de su mano derecha Ábalos, las pulseras fallidas, la ley del 'solo sí es sí' que aprobó en Consejo de Ministros y el episodio de Salazar ya no le queda crédito alguno para proclamar ninguna defensa de la mujer.

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