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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Otra candidata a ser sacrificada en el altar de Pedro

Mientras tanto, el artífice de toda esta pantomima ya ha sugerido que el TC revisará el veredicto, y en su túnel de lavado de corruptelas socialistas dejará a García Ortiz como un primor, con o sin la abstención de Cándido. Si no, habrá indulto parcial

Ya tenemos aspirante al sacrificio sanchista: Teresa Peramato, con un perfil que ni hecho a propósito por el laboratorio de ideas de Moncloa. La de ella, como la suerte de Álvaro García Ortiz, será lo de menos en toda esta penosa historia de ambiciones de uno y servilismo de otros. Pedro Sánchez no hace rehenes. Ni siquiera a los suyos: o estás con él hasta el punto de perder la dignidad, el puesto y la decencia, o terminas en una cuneta política. Luego ya, si haces acto de contrición, puedes ser recuperado para una empresa pública de uranio o para el despacho de Paradores. Óscar López, Antonio Hernando, Patxi López y otros podrían escribir una tesis al respecto. Así que la renuncia del fiscal general se ha producido cuando el presidente ha querido: ni un minuto antes ni uno después. Moncloa le exigió que permaneciera en el puesto, aunque por delante se llevara la malherida reputación de la Fiscalía, porque fuera no podía servir al objetivo de la operación que se inició el día que recibió una orden del 'jefe' que lo nombró. Una mañana de marzo del año pasado, en el que nunca se cuestionó si lo que le pedían era legal o no. Un fiscal que juró defender la ley se lo saltó porque los soldados siempre cumplen lo que el mando les exige. No lo sabíamos (o sí), pero García Ortiz era una soldado de obediencia debida. No un alto representante del Ministerio Público como fue presentado el día de su designación.

Un procedimiento abierto a la pareja de la principal rival del presidente del Gobierno, aquella a la que profesa un odio cerval, le abrió una ventana de oportunidad al sanchismo hiperventilado. Para explotar la situación, se pusieron en marcha todas las terminales subvencionadas. El Gabinete de Moncloa, el grupo parlamentario socialista en la Asamblea de Madrid –a excepción de Juan Lobato, que se fue al notario–, todo el equipo de opinión sincronizada y, sobre todo y fundamentalmente, la Fiscalía que investigaba al ciudadano González Amador y con la que su defensa estaba negociando un acuerdo de conformidad.

El jefe de los fiscales sabía esa tarde en la que removió Roma con Santiago, fiscales con jefes de prensa, periodistas de confianza con subordinados provinciales, que con Sánchez dirigiendo la operación no le valían medias tintas. Como la fiscal de Madrid, Almudena Lastra, aseguró en el Supremo, habría sido suficiente para matizar una información parcial que había dado El Mundo sobre los contactos entre Amador y el Ministerio Público, haber emitido una nota rectificando al periódico, sin entrar en ningún tipo de detalles y, mucho menos, usar entrecomillados y destripar unos correos que exigían máxima confidencialidad, pues atañen al derecho de defensa de un ciudadano que todavía no era culpable de nada.

Pero no: había que ir con todo y no dejar a ningún enemigo vivo. Como le gusta a Sánchez. Y ahora, tras el fallo del Supremo condenando al fiscal general y su renuncia al cargo, hemos entrado en la etapa dos. Tras las raquíticas y pintorescas manifestaciones delante del TS antes del almuerzo, encabezadas por la pareja Garzón-Delgado, ahora ha llegado el momento de articular una oleada de indignación contra la instancia judicial más alta del Estado de derecho en busca de una remontada en las encuestas. Que no se hable de Santos, ni de Ábalos y Koldo, que podrían entrar mañana en prisión, ni de Begoña, ni de su cuñado. Que se hable del golpe blando del Supremo contra el Gobierno. Solo hace falta decir que el ataque viene de la derecha judicial y mediática que, con Ayuso a la cabeza, quieren acabar con el Ejecutivo progresista. Vamos a ver si dentro de menos de un mes, en los comicios extremeños, este embuste cala. No pinta muy bien para el amigo del hermanísimo Azagra, que como cabeza de cartel electoral es una enmienda a la razón. Pero carne y sangre se van a poner en el asador. Ya lo verán.

Mientras tanto, el artífice de toda esta pantomima ya ha sugerido que el TC revisará el veredicto, y en su túnel de lavado de corruptelas socialistas dejará a García Ortiz como un primor, con o sin la abstención de Cándido. Si no, habrá indulto parcial. Pero en todo caso el ya exfiscal general del Estado será una anécdota en la infame historia del sanchismo. Por eso, Álvaro sabrá ya que su sacrificio solo ha servido para dos cosas: aniquilar el prestigio de la institución que debió blindar y acabar con su carrera profesional. Lo primero es muy grave. Lo segundo, pues ya se sabe: sarna con gusto no pica. Vamos a ver si sigue esa senda Peramato. Ojalá que no.

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