Fundado en 1910
Pecados capitalesMayte Alcaraz

Leguina gana, Cerdán chapotea

Joaquín es doctor en Económicas por la Complutense y en Demografía por la Sorbona de París, y Sánchez copió la tesis de recortes de otros autores. El socialista purgado ha escrito una quincena de libros de éxito, y al líder de Ferraz le tuvo que redactar sus dos hagiografías la periodista Irene Lozano

Ha querido la casualidad que hayamos conocido el triunfo judicial de Joaquín Leguina frente al PSOE de Santos Cerdán, exactamente el mismo día en que se ha hecho público el demoledor informe de la UCO sobre las corruptelas, mordidas y basuras del preso más famoso de Soto del Real. La cara y la cruz: mientras a Leguina le ha dado la razón la Audiencia Provincial de Madrid al estimar que el PSOE vulneró su derecho fundamental de asociación, aquel que le suspendió de la militancia que ejercía desde 1977 va camino de perfilarse como uno de los ejemplares más deleznables de la factoría sanchista.

Cuando todavía era secretario de Organización en Ferraz el inefable Ábalos y en carta firmada por Félix Bolaños, el partido le abrió al socialista madrileño un expediente disciplinario (por incurrir en el «grave delito» de haberse fotografiado en un acto con Ayuso, la sucesora del cargo que él ostentó), que año y medio después, ya con Santos en el despacho noble socialista, se convirtió en una suspensión de militancia que se ha ido dilatando durante más de tres años. Así, el único presidente socialista que ha tenido Madrid se quedaba en un limbo jurídico, ni dentro ni fuera, pero estigmatizado por Pedro Sánchez, que odia cuanto ignora. Y Madrid es un territorio ignoto y odiado por quien ha llevado a su partido a la indigencia electoral en la capital de España: llegó a perder la segunda plaza frente a Más Madrid.

Leguina ha sido durante estos años un enemigo a batir por parte de Ferraz y sus medios afines. Ya lo intentó Zapatero, cuando lo mandó a vegetar a la Comisión de Defensa del Congreso para que tomara la puerta de salida, como así hizo en 2008. Pero, para desgracia de Ferraz, el exdirigente socialista no cejó desde entonces de cantarle las verdades del barquero a Moncloa; primero a ZP y después al actual presidente. Leguina nunca ha callado lo que ha pensado: que el socialismo que apoyaron los madrileños y que encabezaron con fortuna él en la Comunidad y Tierno en el Ayuntamiento, hace ya más de treinta años, no iba de traiciones a la patria, compadreos con herederos de ETA y amnistías a separatistas. Así lo interiorizó desde que conoció a Felipe González haciendo la mili en Zamora o cuando fue comisionado de la ONU en Chile los días en que cayó Allende.

Sánchez desprecia al autor de Tu nombre envenena mis sueños, porque representa todo aquello que él no ha podido ser. El cántabro obtuvo dos mayorías absolutas en Madrid, y su hasta ahora jefe es el inquilino de Moncloa con menor apoyo de la historia de la democracia. Joaquín es doctor en Económicas por la Complutense y en Demografía por la Sorbona de París, y Sánchez copió la tesis de recortes de otros autores. El socialista purgado ha escrito una quincena de libros de éxito, y al líder de Ferraz le tuvo que redactar sus dos hagiografías la periodista Irene Lozano. Joaquín, que se fue a su puesto de Estadístico del Estado cuando abandonó la política –hoy preside la Cámara de Cuentas regional–, pasará a la historia como un dirigente de éxito, aunque en su gestión hubo luces y alguna sombra también, mientras su contrafigura, Pedro Sánchez, lo hará por traicionar todos los principios con los que se encaramó al poder.

Dos formas opuestas de estar en política. Sánchez levanta muros y desprecia a la mitad de España y Leguina inventó la fórmula de la «mesa camilla», donde distintas familias, entre ellas la todopoderosa facción guerrista, trascendían sus diferencias y terminaban entendiéndose en el avispero de la Federación Socialista Madrileña. El actual presidente, en vez de dialogar, dio un golpe en esa mesa camilla en 2015 y destrozó aquellos equilibrios históricos echando a Tomás Gómez. Resultado: el PSOE hoy ya no es ni sombra de lo que fue y ha ido sacrificando a ministros, catedráticos y demás paracaidistas enviados por Moncloa al PSM, los mismos que han ido quemándose en el altar de la fracasada izquierda madrileña. El último líder autonómico con posibilidades de éxito, Juan Lobato, resultó ser demasiado decente y no entró al juego de Pedro y del fiscal general del Estado para destruir a la pareja de Ayuso. Hoy está fuera, pero con ganas de volver cuando su verdugo desaparezca.

El día primaveral de 1995 en que perdió la Comunidad de Madrid, Leguina tomó un taxi y se fue a su casa de la madrileña calle de Divino Pastor, pagando las cuotas de afiliado al PSOE hasta que le expulsaron y desahogando su desazón con la literatura y la urgente reflexión sobre el suicidio demográfico español. Allí recibió la carta en la que su querido partido le incoaba un expediente y luego le suspendía de militancia: no era soldado del sanchismo y eso no se podía consentir.

Pero Leguina es tan optimista que siempre relee a Antonio Machado: ¡Hombres de España, ni el pasado ha muerto, ni está el mañana -ni el ayer- escrito! Ahí está Santos Cerdán y aquí Leguina. El epítome del sanchismo y su némesis.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas