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El astrolabioBieito Rubido

Adiós a Ussía

Afortunadamente, El Debate acogió su talento y aunque ahora no es el momento de ajuste de cuentas alguno, sí parece obligado lamentar que por algún momento el periodismo español hubiese tenido arrumbado a un gigante del articulismo como Alfonso Ussía

Se ha muerto Alfonso Ussía. Era el más libre y el más simpático de los articulistas que llenan las páginas de los diarios de España. Se va el último de una estirpe y su ausencia la vamos a sentir muy especialmente en El Debate, su última casa, la misma que acogió hasta su trágico final a su abuelo, Muñoz Seca. Inevitablemente, nos deja un hueco enorme, de muy difícil sustitución. No sólo era su ingenio, su dominio del vocabulario o su sentido del ritmo del artículo. Como todo buen poeta, poseía ese sexto sentido, el del ritmo, ese que le da musicalidad al texto, a la escritura. Era, por encima de todo, un insobornable y libérrimo analista de la actualidad y de la realidad, que son dos conceptos distintos. Por eso convocaba en torno a su columna diaria a decenas de miles de lectores que en algunas ocasiones llegaron a ser centenares de miles.

Insobornable y leal a sus ideas, pero es que además era un obrero de la pluma. Hasta el último aliento quiso escribir y estar presente en este diario. Mi gratitud hacia él es inmensa. Tuve la oportunidad de conocer a lo largo de los años a muchos articulistas. Notables, brillantes, generosos, pesados, eruditos, pedantes, mezquinos, mediocres y deplorables. De todo hay en la viña del Señor y en la hoguera de las vanidades periodísticas. Desde el que no permitía cambio alguno en su texto ni aceptaba sugerencia por menor que fuese hasta el autor siempre abierto a cualquier comentario y que de buena gana aceptaba el pequeño apunte, por insignificante que fuese. Los había y los hay plagiadores, estupendos, orgullosos y sobre todo se da el que cree que cada mañana tumba a un gobierno con su columna. A ninguno de esos modelos pertenecía Ussía. Era firme en la defensa de sus valores y ello le dio más de un disgusto, pero no plagiaba, aunque solía repetir alguna anécdota propia, no aspiraba a tumbar a nadie, y mantenía una radical propuesta de originalidad en sus textos que hace imposible el reemplazarlo.

Durante años tuve que soportar a directivos que querían relevar a determinados columnistas solo por el hecho de que «eran viejos». Había que rejuvenecer la oferta de opinión con jóvenes de cincuenta años. Cuando escuchaba la propuesta me acordaba siempre de Indro Montanelli, que escribió hasta el final de sus días, cuando contaba ya con 92 años. Montanelli fue una de las grandes cumbres del periodismo italiano hasta el final. Como lo fue Mingote, el gran amigo de Ussía, que dibujó su viñeta diaria, hasta el último aliento. Si hiciésemos caso a esas promesas de la gestión, nos habríamos perdido algunos de los mejores años de Alfonso Ussía, estos últimos. Afortunadamente, El Debate acogió su talento y aunque ahora no es el momento de ajuste de cuentas alguno, sí parece obligado lamentar que por algún momento el periodismo español hubiese tenido arrumbado a un gigante del articulismo como Alfonso Ussía.

Alfonso amaba la poesía, era gran lector y solía acudir a ella para pintar de colores sonoros algunos de sus artículos. Me gustaría traer hasta aquí a Juan Ramón Jiménez, que compartía con Ussía su mitad de alma andaluza, y aunque el pueblo de Alfonso está al norte, en Ruiloba, donde llueve por este tiempo, y el de Juan Ramón Jiménez estaba lleno de luz y calor, en el sur cálido, las palabras se ajustan a este momento de manera admirable:

Se morirán aquellos que me amaron
​Y el pueblo se hará nuevo cada año;
​Y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
​Del domingo cerrado,
​Del coche de las cinco,
​De las barcas del baño,
​En el rincón oculto de mi huerto encalado,
​Entre la flor, mi espíritu de hoy errará 'nostáljico'.
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