Adiós al Larra de la Transición
Ha fallecido el Larra de la Transición. Y yo siento profundamente su muerte.
Alfonso Ussía ha destacado por su versatilidad: ha sido protagonista tanto en la prensa escrita como la televisión y sobre todo en la radio, donde ha participado a lo largo de muchos años en programas en los que se hablaba de lo divino y de lo humano y en el que él intervenía con una gran carga de ironía y desde una visión marcada por su gran cultura.
Aparte de la herencia genética de su abuelo Pedro Muñoz Seca, cuya memoria tuvo siempre presente en sus artículos, gozó de un inmenso privilegio: empezó muy joven y lo hizo rodeado de plumas acreditadas como Jaime Campmany, Antonio Mingote y, en general, los principales columnistas de la época, y además en un medio como era el ABC de Luis María Anson. Muy permeable, el trato cotidiano con ellos le permitió acumular en su experiencia conocimientos aprehendidos de toda aquella pléyade de grandes comentaristas que, durante decenios, fueron los grandes referentes del columnismo español.
Pasó también por periódicos como Diario 16 y Ya o La Razón, y en los últimos años hemos tenido la suerte de leerlo de forma gratuita en El Debate, desde la fundación de este diario digital. Es el periódico más independiente actualmente en España, donde colaboran además otra serie de plumas tan prestigiosas como Ramón Pérez-Maura, Mayte Alcaraz o el coruñés Luis Ventoso, todos guiados por El Astrolabio del gallego Bieito Rubido. Alfonso Ussía era uno de los mejores analistas del presente, una pluma libre en este panorama tan desolador que tenemos en la información, sobre todo en los medios de carácter público o los subvencionados directamente por el Gobierno central, donde hay una distorsión de la realidad tremenda. Ussía era todo lo contrario, una pluma insobornable que se marchó de medios importantes justamente por no doblegarse a los intereses de la empresa editora, mentían siempre una rigurosa independencia.
Me gustaría reseñar también que era un monárquico convencido, convencido no solo desde la perspectiva histórica sino desde el impulso democrático que la corona puede darle a la convivencia en un país. Ussía ponía siempre el ejemplo de las monarquías europeas, que convertían al Viejo Continente en un oasis de libertad en el conjunto del panorama mundial.
A nivel personal, destacaría su singular y acusadísima empatía, que lo convertía, enseguida, en amigo de las personas con las que trataba. En concreto, yo he tenido una buena amistad con él, de la que quiero destacar algo de lo que no se habla muchas veces, o al menos tanto como se merecería, que es su condición de bibliófilo. Es muy conocido, por ejemplo, que era un gran amante de los tebeos, especialmente de los de vaqueros, de los que nosotros llamábamos los tebeos mejicanos, de Roy Rogers, Gene Autry, Hopalong Cassidy, todos aquellos personajes de la editorial Novaro a los que él les profesaba una auténtica devoción.
Tenía no solo una biblioteca extraordinaria, sino un magnífico archivo. Y no me refiero solo al personal de intercambio de cartas con otros intelectuales, hablo también del que ha ido acumulando recortando noticias, haciendo fichas a partir de informaciones; este archivo es importantísimo tanto para el conocimiento de una época como para aspecto vinculados a la literatura de estos últimos decenios, especialmente la poesía humorística, en la que él era un gran especialista.
Era un conferenciante muy destacado, al que he tenido ocasión de presentar en varias ocasiones. Siendo yo alcalde de La Coruña, vino a visitarnos varias veces invitado por mí, la más destacada cuando en 1985 celebramos el centenario del nacimiento de Wenceslao Fernández Flórez, al que Ussía tenía una profunda admiración. Además de él, estuvieron Mingote, Tip, Coll… pero destacaba sobre todo el conjunto porque él aportaba un análisis literario de la obra de Wenceslao, como lo hacía también de Julio Camba, otro de sus gallegos reverenciados.
Tengo el honor de que me dedicó tres artículos. En uno recordaba que, tras verlo entusiasmarse en mi biblioteca personal, le había regalado una caja de los tebeos mexicanos que ambos admiramos. Mucho antes escribió por el tema del topónimo «La Coruña», en el que mostraba su acuerdo conmigo y su desacuerdo con Fraga en este asunto, y decía que eso de «A Coruña» a él le sonaba a señal de tráfico. El primero fue en aquellos tiempos en los que se decía que yo era guerrista: él escribió un artículo en el que sostenía que tenía que ser al contrario, es decir, que era Guerra el que tenía que ser vazquista. Genio y figura hasta el aliento final, Alfonso Ussía.
- Francisco Vázquez fue embajador de España ante la Santa Sede, alcalde de La Coruña, diputado y senador.