Un homenaje con flores y velas se ha ubicado cerca del lugar del ataque terrorista en Sidney, Australia
El Mal Absoluto y los tontainas útiles
Lo malo no era la colectiva sino el lema que idearon sus organizadores y que Biel Ferragut, campeón del buenismo con sifón, había aceptado sin rechistar
Todo hacía pensar en un domingo tranquilo. La mañana quieta, caliginosa, evocaba ocios neblinosos y misterios intrascendentes. El mar mostraba una calma perezosa, como si se sumase al deseo de un día plano. Mi idea era la de un desayuno largo, con el reloj relegado a un papel marginal y el móvil en modo silencio. Pero no tuve tiempo de acallar el artilugio que me hace las veces de secretaria, agenda y anunciador de noticias. Un sonido estridente rasgó el placer del café con leche en la boca. Pude haber desoído el aviso, pero algo me dijo que podía ser importante.
Bailaban las hojas caídas sobre el cristal de la claraboya cuando me laceró la noticia: masacre antisemita en Australia, al menos diez muertos. Se me cayó el alma a los pies. Era la mañana anterior a la celebración del primer día de Hanuká y los judíos mallorquines -más asimilados- teníamos prevista una fiesta en la sinagoga. De nuevo el odio que nos mata. Otra vez el miedo: ni siquiera nos permiten celebrar en paz nuestras fiestas, el mundo bulle en animación navideña pero los judíos ni siquiera podemos encender en paz las velas de la hanukiya -tocaba la primera- sin miedo a que unos fanáticos nos acribillen con las balas de su odio.
La fe y la tradición le pueden al miedo. Pero el mal sigue ahí. Y los que callan -o los tontainas buenistas- permiten que crezca
Entre el dolor insoportable recordé la frase según la cual «para que triunfe el mal es suficiente con que los buenos no hagan nada». Y me vino a la memoria que dos días antes de la masacre el ayuntamiento de sa Pobla, con su alcalde al frente, había inaugurado una exposición de pintura titulada Art per Palestina. Lo malo no era la colectiva sino el lema que idearon sus organizadores y que Biel Ferragut, campeón del buenismo con sifón, había aceptado sin rechistar: Entre el mar i el mur. La paráfrasis con la consigna asesina ideada por Hamás y coreada por la izquierda era evidente, ahí no podía haber buena intención. «Desde el río hasta el mar», en efecto, fue el eslogan agitado por quienes claman por la desaparición del estado de Israel y el exterminio de los judíos.
Ha ocurrido en Australia, que cae muy lejos de sa Pobla, pero puede ocurrir cualquier día entre nosotros, puede ocurrirme a mí o a cualquiera de los que no estamos dispuestos a callar ante el terror irracional ni a contemporizar con Amalek, el Mal Absoluto. Ese mal que ha infestado entidades públicas y privadas, que se ha metido en las instituciones y ha envenenado a personas de buena voluntad. Ese mal que no parece tal y que lleva a un alcalde que no es capaz de que sus ciudadanos tengan agua potable a contemporizar con los que juegan al equívoco para dar rienda suelta a su antisemitismo. El arte como coartada, la ignorancia como instrumento vehicular. Y 16 muertos en Australia, como podría haber sido en Barcelona, en Hervás, o en Palma de Mallorca.
A media mañana supe que la presidenta Prohens había publicado un tuit de condena con palabras de consuelo para los judíos mallorquines. En la noche del domingo celebramos el encendido de la primera vela y para la jornada dominical del 21 tenemos previsto encender la última. La fe y la tradición le pueden al miedo. Pero el mal sigue ahí. Y los que callan -o los tontainas buenistas- permiten que crezca.