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Desde la almenaAna Samboal

La estrategia del avestruz

El Gobierno tiene un problema. El epicentro de la corrupción socialista está instalado en el despacho del ministro. Es el mismo desde el que Ábalos daba la orden de contratar a sus amiguitas, el mismo junto al que se sentaba Koldo para amañar obras, el mismo al que llamaba Santos para ordenar contrataciones

Después de atender con atención las explicaciones del ministro Puente y sus subordinados en rueda de prensa, extraigo, a vuela pluma, tres conclusiones de la gestión del accidente de Adamuz. Una: un tren que colisiona puede estar durante al menos cuarenta minutos arrumbado en una vía sin que nadie, absolutamente nadie, tenga noticia de ello. En la era de la IA, hay que ir a buscarlo andando por la vía con una linterna. La comunicación entre el centro de control y los convoyes depende de que en Atocha tengan a mano el teléfono particular del maquinista. Dos: los que, desde la oposición, demandan respuestas inminentes tras accidentes o atentados catastróficos cuando son otros los que gobiernan, no están altura de su propio nivel de exigencia. Setenta y dos horas después de la tragedia, dicen que no saben qué ha ocurrido y que lo que saben no lo cuentan por respeto. Tres: ya tienen estrategia para tratar de salir políticamente indemnes de esta tragedia. Es la misma que tan buenos resultados les dio cuando nos explotó encima el Covid que no querían ver o tras el apagón del que aún desconocemos el origen: aparecer con frecuencia en los medios y abrumarnos con un sinfín de datos para no decir nada que no sepamos ya. O para mentir descaradamente.

Entra dentro de la lógica que Óscar Puente pretenda restablecer la confianza perdida en una gran infraestructura que es patrimonio de todos. Pero difícilmente podrá hacerlo faltando a la verdad. Más de un año llevan los maquinistas reclamando que se rebaje la velocidad en el trayecto entre Madrid y Barcelona, porque está gravemente deteriorado. Y sólo ahora, después de la tragedia, ha accedido a sus demandas. Si alguien conoce la vía, son ellos. Atribuir a un estado de ánimo alterado la convocatoria de huelga con el fin de intentar templar los ánimos demuestra que es incapaz de calibrar el grado de hartazgo del personal que trabaja a sus órdenes. Ahora, cuando lo que está en juego es su propia vida, no darán marcha atrás por recibir una palmadita de consuelo en el hombro.

El Gobierno tiene un problema. El epicentro de la corrupción socialista está instalado en el despacho del ministro. Es el mismo desde el que Ábalos daba la orden de contratar a sus amiguitas, el mismo junto al que se sentaba Koldo para amañar obras, el mismo al que llamaba Santos para ordenar contrataciones. Andaban distraídos organizando fiestas y llenándose el bolsillo. Este es el resultado.