Fundado en 1910
en el recuerdoAlfonso Ussía

Casta indemnizada

Este hombre, y hay que reconocer que lo ha conseguido, fundó Podemos para ligar lo que no pudo hacer cuando era solo gente más o menos fea. Ha ligado y se ha hecho millonario. No es vicepresidente y sigue custodiado por veinte guardias civiles –a los que aborrece–

Mi primer trabajo –meritorio, sin cobrar–, lo tuve en el diario Informaciones, en su Servicio de Documentación. Ahí estaban, entre otros, Víctor de la Serna Arenillas, José Luis Martín Prieto, Joaquín –Jimmy- Giménez-Arnau, María Antonia Iglesias, y José Luis Rodríguez Alfaro. Lo dirigía Guillermo Medina, y de cuando en cuando, si la noche se le había presentado fructífera, echaba un sueño matutino Manuel Alcalá.

Fue una época estupenda en la que aprendí mucho. El director de Informaciones era Jesús De la Serna, un señor, y el subdirector un joven hijo de un falangista influyente, Juan Luis Cebrián.

Un día conocí a Juan Garrigues Walker –Tanines–, y me propuso trabajar en su empresa, la 'Inmobiliaria Garona'. Juan era todo generosidad, altruismo y bondad. En Garona fue traicionado, pero antes de la traición, compró el paquete mayoritario de 'Air Spain', una compañía aérea bastante desajustada. El jefe administrativo de Garona se apellidaba Sánchez Torres, y llevaba la adusta seriedad de un lado a otro. Decidimos que era la persona idónea para, en el caso de accidente aéreo de un avión de «Air Spain», notificar a los familiares de los accidentados el suceso. Era muy serio y poco locuaz. Un día me crucé con él en un pasillo de Garona y me dio la enhorabuena. –Enhorabuena, Ussía–. Le di las gracias sin saber el motivo de la enhorabuena. –Ha cumplido usted un año en nómina, y por ello, en el caso de ser despedido, tendrá derecho a un mes de paga en concepto de indemnización–. Y me pareció bien, y hasta generoso.

No cobré la indemnización porque no me despidieron, lo cual me convirtió en un trabajador jamás indemnizado, que tiene su mérito. Me consoló, muchos años después, saberme del mismo equipo que Pablo Iglesias, a quien no conocía y al que tengo el placer de no tener interés alguno en conocerlo. Pero en su mensaje en Twitter se acercaba a mi coyuntura. Decía textualmente: «Hemos renunciado a los privilegios. Devolvimos las dietas y renunciamos a la indemnización por despido. Pablo Iglesias».

Pocos años después de escribir tan heroico mensaje, Pablo Iglesias, ya millonario, fue invitado por un gamberro a ser vicepresidente del Gobierno de España. No hizo nada bueno durante su «trabajo», enfangó a España en el odio, y a los 14 meses, agotado de ver series en su casa bien guardada de Galapagar, dimitió. Pero dimitió con trampa, pactando con el gamberro alguna compensación. Y ayer supe que aquel hombre que renunciaba antaño a todo, hogaño no renuncia a nada, y ha solicitado la indemnización que le corresponde como exvicepresidente del Gobierno, 5.316 euros por mes durante 16 mensualidades. Es decir, que ha «trabajado» 14 meses y pretende cobrar 16 en concepto de indemnización.

Sucede que se ha presentado a las elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid, y si es elegido diputado autonómico, tendrá que renunciar a la indemnización como vicepresidente del Gobierno, porque así está reglado por la ley. Pero si los resultados son los que se esperan, es probable que renuncie a su acta de diputado por Madrid y se pase 16 meses viviendo de gorra a costa de los contribuyentes mientras sigue en su casa las series de televisión, que de eso es de lo único que entiende.

Pero su figura se me ha desmoronado. Más aún, cuando su solicitud de indemnización coincide con la denuncia de una alumna de Monedero, Fernanda Freire, que aceptó la invitación de la pareja atómica –Monedero e Iglesias– para acudir a una discoteca. En aquellos tiempos Iglesias carecía de poder político, y no se comía una rosca. Según ha manifestado la chica, a la que creo por orden de Irene Montero y Carmen Calvo: «Me encontré mano a mano con un tío feísimo, con chepa y un piercing choni, que me soltó de golpe: «Voy al baño a refrescarme. Te espero ahí». Cuando se fue hacia el baño, saqué cinco euros, pagué mi copa y salí a toda pastilla».

Este hombre, y hay que reconocer que lo ha conseguido, fundó Podemos para ligar lo que no pudo hacer cuando era solo gente más o menos fea. Ha ligado y se ha hecho millonario. No es vicepresidente y sigue custodiado por veinte guardias civiles –a los que aborrece–, y un boxeador de Vallecas, su jefe de Comando violento, conocido como 'el Pirracas'. Acosó a una alumna de Monedero, y como nos ordenaron Carmen Calvo e Irene Montero, nuestra obligación es creer siempre a la mujer acosada. Y para colmo, el disgusto de la indemnización.

Hay días que lo mejor que se puede hacer es quedarse en la cama. Como él lo hace. Claro, que unos son vagos encamados indemnizados y otros sin indemnizar. Y prefiero a los segundos.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 10 de abril
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