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Ojo avizorJuan Van-Halen

Lo que se encontrará Feijóo

La derecha a menudo asume una sorprendente bondad política. Será relevante conocer los colaboradores que elija Feijóo. Releo a Mauriac: «Los gobernantes son como los cirujanos: sus errores son mortales»

No insistiré en la catástrofe ferroviaria de Adamuz por la que sufrimos todos, pero menos, acaso, Marisu Montero que aprovechó la tragedia para acercarse al Rey dando codazos y así salir en la foto. De vergüenza ajena. Yerra si cree que le dará votos; los andaluces no son tontos. No sucederá, pero me alegraría la dimisión de Puente, experto en insultos desde su condición de Homo neanderthalensis, especie que creíamos extinguida. La mezcla explosiva de ideología, incompetencia y corrupción hace de este Gobierno el peor que se recuerda.

Permítaseme una mirada al pasado. Puente le dijo a Feijóo en el debate de su intento de investidura en 2023: «Aprenda algo del señor Sánchez». Fue premiado con el Ministerio de Transportes. El consejo de Puente a Feijóo solo trataba de agradar al Puto Amo, su definición de Sánchez, porque del presidente del Gobierno es imposible aprender. Y comprobamos cada día que Puente tampoco es sujeto para enseñar nada. Dedicarse a insultar en lugar de a gestionar sus responsabilidades le ha llevado a estar de moda. Todos hablan de él, pero para mal, y últimamente con un fondo de decenas de muertes.

Un gobernante que merezca ese nombre no trabaja para el hoy, trabaja para el mañana. Padecemos un Gobierno que vive al día, okupa instituciones sin descanso, con una deuda desbocada y mayor que nunca, sin presupuestos, sin apoyos parlamentarios, anunciando que ignorará al Parlamento, repartiendo dádivas, bajando pequeños impuestos cuando creó más de noventa, buscando trampas como las nacionalizaciones masivas. Sánchez aspira a mantenerse en Moncloa sin excluir maniobra alguna y, me temo, también durante las elecciones. Ha hecho del decreto-ley su brazo armado, del gasto sin freno su fórmula mágica, y de la corrupción su territorio.

¿Cómo dejará Sánchez España? ¿Qué situación se encontrará su sucesor? Tenemos un ejemplo no lejano. Cuando Rajoy ganó las elecciones por amplísima mayoría, el Gobierno de Zapatero mintió en el traspaso de poderes: Recibió unas cuentas falsas. Los «hombres de negro», ya previstos en el final del zapaterismo, iban a llegar, como ya había ocurrido en Grecia, con el látigo y la tijera. Lo primero que tuvo que afrontar el nuevo Gobierno fue tratar de cuadrar las cuentas desde decisiones duras pero necesarias.

La oposición socialista activó a sus sindicatos –los actuales son aún más sumisos–, a sus huestes, y montó movilizaciones. Acusaba a Rajoy de subir impuestos que, por cierto, luego bajó. Aquel Gobierno puso las cuentas en orden, arregló la economía; es comúnmente reconocido. Es cierto que aparcó decisiones políticas, algunas de ellas importantes. No derogó lo que debería haberse derogado. Ni siquiera la ley de Memoria Histórica tan dañina para la concordia de los españoles. Desatender la política al priorizar la economía fue un error. Y, desde una opinión prescindible, abrió una brecha en su partido que había unificado Fraga con tesón. Sin proponérselo gestó a un competidor.

La izquierda cuando gobierna crea pobreza, conflictos y caos, y cuando pasa a la oposición achaca a sus sucesores sus drásticas decisiones, necesarias para reconstruir lo que encontró destruido. Acosa a los que reciben su herencia envenenada y han de hacer lo que sus antecesores no supieron afrontar. El sanchismo dejará una economía muy tocada. Ese ir como un cohete de Sánchez es la resurrección del estar en la Champions League de Zapatero. Mentira tras mentira. Y ahora vivimos el daño sistemático a la clase media, la cada vez más grave pobreza de la gente, el espejismo de bonanza que choca con la realidad que constata el ciudadano cada día.

Feijóo encontrará una realidad que Sánchez negará como en su día negó la suya Zapatero. Una España al borde del precipicio en la que el sanchismo, con su fundador u otro, acusará cínicamente a su sucesor desde una ficción angelical. Nos lo enseña el pasado. Por ello Feijóo deberá aparcar el buenismo, los impulsos complacientes, el buen rollito. Por fortuna, Feijóo ha pedido ya explicaciones sobre la catástrofe ferroviaria. Ellos reaccionan acusando a los demás de asesinos. La derecha a menudo asume una sorprendente bondad política. Será relevante conocer los colaboradores que elija Feijóo. Releo a Mauriac: «Los gobernantes son como los cirujanos: sus errores son mortales».