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Lástima que el mundo de las proezas deportivas la pille ya un poco añosa (el mes que viene le caen los sesenta tacos). Y es que a tenor de su sensacional internada por la banda izquierda que pudimos ver en Adamuz, si nuestra Marisu, la Gento de Triana, llega a ser más joven, habría terminado de extremo zurda titular en la selección española femenina de fútbol (conocida también como Las Insufribles).

Esta alborotada señora ocupa el cargo de vicepresidenta primera del Gobierno, es la ministra de Hacienda y también la vicesecretaria general del PSOE. Esos cargos de campanillas se supone que conllevan la observancia de unas pautas elementales de urbanidad. O quizá ya no. A lo mejor la educación es un rancio lastre fachosférico, que toca superar. Nuestra nerviosa Marisu acaba de dar un recital de cara dura arrabalera, abriéndose paso a codazos para posar al lado de los Reyes. Lo hizo en unos momentos extraordinariamente dramáticos, donde lo de menos debería haber sido chupar foco.

Hay personas que poseen el don de colocarse siempre en la primera fila de las colas. En cambio, otras acaban relegadas por sistema. Yo fracaso siempre, tal vez por mi condición de bajito, tímido y miope. Cuando en el descanso de un partido de fútbol o un concierto me comisionan para ir al bar a comprar un refrigerio, siempre soy el último en el que reparan los camareros. Lo mismo sucede cuando llaman a formar una cola para subir a un avión o un tren, se me cuelan desde los briosos adolescentes de la arandela en la nariz hasta los nonagenarios con andador.

Ante mi incompetencia para triunfar en las colas he estudiado a fondo el instructivo vídeo de la gran colada de Marisu de Triana. En las imágenes, los Reyes se encuentran en la calle, frente a un edificio acristalado, atendiendo a varios periodistas y rodeados de gente. Al lado de Felipe y Letizia está el presidente andaluz, Moreno Bonilla. Marisu, candidata del PSOE en Andalucía (que es a lo que se dedica mayormente, toda vez que no hay ni presupuestos), se encuentra cuatro filas por detrás de las autoridades.

«Qué mal rollo –se diría para sí la intrépida vicepresidenta polvorilla–, el Bonilla ahí, delante de las cámaras en primer plano, y yo tapada aquí atrás». Había que arreglarlo. Así que dicho y hecho. Marisu inicia su gran internada. Se va abriendo paso con cargas con el hombro antirreglamentarias, apartando a otras personas de la concurrencia. Hasta que logra su meta: plantarse a la vera de la Reina, momento que celebra arqueando las cejas en un gesto extraño, más propio de una fiesta de exaltación del peyote que del dolor general que imperaba allí tras el espantoso accidente ferroviario.

Esta escena es una anécdota. Pero refleja la pasta humana de la que están compuestos muchos de los dirigentes que hoy nos desgobiernan. Viven obsesionados con la propaganda. La aburrida gestión y la molesta verdad son lastres obsoletos, cuestiones secundarias.

Sánchez nos cuenta desde Bruselas que su Gobierno está «asumiendo toda la responsabilidad» por el accidente. Gas. Cháchara hueca. ¿Qué es en concreto lo que asume? No lo dice. ¿En qué se traduce su asunción de responsabilidad? En nada. No habrá una sola dimisión. Es la misma historia del apagón. Fundieron España y Portugal con su cerrazón ecologista y la presidenta de Red Eléctrica, una apparatchick clásica del PSOE, ahí sigue, trincando medio millón al año, en lugar de llevar meses en su casa con un cese de manual.

Se sabe ya sin dudas lo que ha pasado: una vía rota, una trampa mortal que ninguna inspección acertó a ver. Es decir: fuera Óscar Puente, pues no ha sabido garantizar la seguridad de nuestro sistema ferroviario. Pero tampoco lo veremos. ¿Qué esperar de una tropa que se abre paso a codazos por una foto?

Analizando el accidente, una audaz tertuliana de la esperpéntica TVE ha defendido muy seria y muy rubia que «las ruedas de los trenes son cuadradas». No me extrañaría verla cualquier día elevada a ministra, porque ese es el nivel.