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Después de García, los apellidos Rodríguez, González y Fernández son los más comunes en España. El quinto puesto lo ostenta López que, según el INE, lo llevan en su DNI alrededor de 900.000 nacionales. Lo luce con donosura el primer astronauta español, López-Alegría, o la actriz Pilar López de Ayala, o el cantante Pablo López, y hasta un demagogo como el expresidente mexicano López Obrador, porque López es el cuarto apellido más habitual en ese país hermano. Y ese nombre lo ostentó asimismo el humanista y maestro de Cervantes, Juan López de Hoyos. Cómo olvidar, además, al periodista López de la Calle, al que asesinó ETA, y a cuyo criminal, Asier Arzalluz Goñi, acaba de sacar de la cárcel el PNV, un socio privilegiado del PSOE de Pedro Sánchez.

Ese partido que desprecia a las víctimas y auspicia que se libere prematuramente a sus verdugos, es el que más tiempo ha gobernado España y tiene hoy una dirigencia infectada por una enfermedad mortal: la vileza. Naturalmente, no todos los socialistas son ruines, los hay muy decentes y abochornados con la deriva del sanchismo, pero está demostrado que hay un requisito insalvable para militar entre sus dirigentes: ser servil pretoriano de Pedro Sánchez con el compromiso de chapotear en la peor de las miserias morales a cambio de mantener el nombre en el BOE y el sueldo en el presupuesto público.

Hay dos de esos tiralevitas de Moncloa que reúnen la común necesidad de hacerse perdonar que ambos tiraron de otras levitas hace pocos años y no fueron las de Pedro, precisamente. Son los López, Patxi y Óscar, protagonistas de las más repugnantes declaraciones públicas que se han hecho en los últimos años. Y no era fácil batir ese récord. El portavoz parlamentario ha arremetido con quien es el presidente socialista –y no socialista– más apoyado de nuestra historia reciente, que encadenó tres mayorías absolutas y que articuló un proyecto de país, con errores gravísimos, pero que siempre respetó nuestro marco legal y los fundamentos constitucionales que tanto el zapaterismo como después el sanchismo han dinamitado. Escuchar los insultos de Patxi a Felipe González por decir que votará en blanco si el actual líder socialista se vuelve a presentar solo puede mover a la risa ante la distancia entre las tallas políticas y humanas de ambos.

Pero González está vivito y coleando y puede defenderse a las mil maravillas. Tan grande es el decalaje intelectual y político entre uno y otro, que el expresidente ni siquiera ha entrado a polemizar con el portavoz de Sánchez. Mejor no degradarse. Sin embargo, culpar a un muerto del terrible batacazo que se ha dado el socialismo en Aragón, precisamente por acabar con la socialdemocracia que defendía la persona a la que se responsabiliza, es lo más canalla a lo que hemos asistido últimamete. Pues lo ha hecho Óscar López, candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, al que probablemente los electores madrileños darán su merecido en las urnas en nombre de los aragoneses a los que ya no se les va a preguntar por el abyecto comportamiento del todavía ministro.

Es evidente que ni este López que ha insultado a Javier Lambán, ni el otro López, ni el responsable de ambos, Pedro Sánchez, se acercan ni un milímetro a la altura ética del exbarón fallecido, que dejó esta vida desazonado por la traición a las siglas y al ideario que él profesaba de los que ahora cometen con él –y con su familia– esta bellaquería. Porque nadie dude que: lo que ha dicho Óscar López se lo inculca Pedro. Vamos, es él realmente el que lo piensa y el que lo ha transmitido para que un turiferario pagado con dinero público lo verbalizara en RNE. Y ahí estaba el candidato madrileño en primer tiempo de saludo.

Este par de López son solamente dos bandarras que pasarán a la historia como compendio de los siete pecados capitales, que gracias al peso de sus culpas no se elevarán del cieno ni impelidos por el huracán que nos visita estos días, pero siempre nos quedará ¡Superlópez!, una historieta creada por otro López muchos más divertido.

La exhibición de ingratitud a González y a Lambán debería dar vergüenza a aquellos que pierden elecciones continuamente y que han inoculado el odio, el cisma civil y el enfrentamiento entre españoles. Ya sabemos que la reserva de vileza del sanchismo se apellida López. Pero el guardián de esa biosfera es Pedro, un individuo que se benefició de un negocio de prostitución y que se estrenó en la vida de adulto copiando una tesis doctoral. Buena base fundacional. Por eso los mejores, Felipe y Lambán entre ellos, han huido de esta tóxica facción.