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El astrolabioBieito Rubido

La desaparecida neutralidad de Marlasca

Es llamativo el silencio de los movimientos feministas radicales. En realidad, esos movimientos son de izquierda y radicales, feministas no. Finalmente, hay que recordar la sobreactuación de Marlasca en el Congreso de los Diputados, amplificada después por el ministro Siniestro Puente

En el caso de José Ángel González –el que fue DAO de la Policía Nacional hasta el martes pasado– el personaje más inquietante del drama, el verdadero protagonista, al menos para mí, es el ministro del Interior, Fernando Grande Marlasca. Lo es por muchas razones, pero principalmente porque se trata de un juez de carrera que no ha actuado en este asunto con la diligencia que se espera de cualquier político, pero muy especialmente de un hombre público que se ha dedicado a impartir justicia.

La trayectoria de Grande Marlasca al frente del Ministerio del Interior está marcada por una serie de actuaciones, tanto en el ámbito oficial como en el privado, y me refiero a algún comportamiento suyo en las manifestaciones del 8-M o del Orgullo, que evidencian la degradación en la que ha entrado la política española desde que Sánchez ocupa la Moncloa. Si hay un ministro que debe ser neutral en cualquier gobierno, ese es el responsable de la cartera de Interior. Marlasca ha sido con mucho el ministro menos neutral de la historia reciente y se ha convertido en una activista de la agitación política, del enfrentamiento entre españoles, y ha dejado una sombra de sospecha sobre un buen número de acciones suyas, que van desde la persecución a Pérez de los Cobos hasta el extraño desmantelamiento de la unidad antidroga de la Guardia Civil en las costas de Málaga y Cádiz. Expediente X que todavía no ha sido explicado a la ciudadanía española. Ciertamente, los españoles no nos merecemos un gobierno como el que ahora padecemos.

Vayamos, sin embargo, al último escándalo, el presunto delito de violencia sexual del anterior director adjunto operativo de la Policía con una subalterna. Marlasca lo despachó el miércoles diciendo que se había enterado el día anterior. Lo que no deja de ser un dato muy inquietante acerca de la impericia profesional del ministro, y lo resolvió todo remitiendo a la víctima la responsabilidad de decidir si él debe o no dimitir. Dice él que si la víctima se considera desprotegida, dimitirá. Señor Marlasca, la víctima nunca puede ser responsable. El verdadero responsable es usted. Y lo es porque o bien lo sabía y no hizo nada, o bien carece usted de los mecanismos para detectar un hecho tan grave como el que ha protagonizado José Ángel González al presuntamente abusar sexualmente de una subordinada. Esto viene a demostrar que el responsable de la cartera de Interior es un incompetente porque o bien sabía y no hizo nada, o porque no supo evitarlo o porque no posee los medios para conocer algo tan grave de un hombre de su máxima confianza. No olvidemos que José Ángel González tenía que estar ya jubilado y Marlasca prorrogó su situación por la puerta de atrás. Esa puerta tan querida por el socialismo actual y muy especialmente por Marlasca.

Conviene dejar claro que, según los expertos en Derecho Penal, en los delitos contra la libertad sexual siempre hay que evitar la revictimización. Se dice que cuando la víctima, en este caso una subalterna del presunto delincuente, ha sufrido un delito de la naturaleza que ahora nos ocupa, acudir nuevamente a los juzgados, especialmente en la vista oral, provoca un segundo sufrimiento que internacionalmente está reconocido que hay que evitar. ¿Qué ha hecho el ministro del Interior el miércoles pasado en el Congreso de los Diputados, poniendo en el disparadero a la policía abusada? Denigrarla de nuevo. Y este señor es juez. Espero que no vuelva nunca a los tribunales. Creo que todos aquellos jueces y fiscales que optan por la vida política no deberían, al igual que los militares, volver a su trabajo anterior.

Es llamativo el silencio de los movimientos feministas radicales. En realidad esos movimientos son de izquierda y radicales, feministas no. Finalmente, hay que recordar la sobreactuación de Marlasca en el Congreso de los Diputados, amplificada después por el ministro Siniestro Puente. Ese momento en que responde: «Eso no te atreves a decírmelo fuera de aquí». Amenazando claramente con los tribunales. Pues yo creo que Marlasca, de seguir así, es posible que regrese a los tribunales, pero no a sentarse precisamente en la silla del juez. Otros asientos son más probables para una trayectoria como la suya.