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Post-itJorge Sanz Casillas

Tiemblan las encuestas: Rufián se pone al frente

La gente mínimamente instruida está harta de esta izquierda friki que ha pasado del «os dan miedo nuestras tetas» a defender el burka como el epítome de la libertad

Desde que sigo con atención la política, he asistido a más refundaciones de la izquierda radical que Copas de Europa tiene Guardiola. Me crié viendo la Izquierda Unida de Anguita y Llamazares. Después llegó Podemos, el referéndum del chalé y el rebranding hacia Unidas Podemos, devorando en el proceso a la Izquierda Unida de Alberto Garzón, que después se jubiló tras unos años agotadores como ministro de Consumo.

«La gente» a la que decían representar les dejó de votar en cuanto comprobaron que ese partido funcionaba como una pyme, donde uno ascendía en función de su cercanía –más o menos carnal– con Pablo Iglesias. En ese contexto de degradación emergió Yolanda Díaz, convencida de que podía reflotar aquello porque unos cuantos aduladores le calentaron la cabeza. Heredó 35 escaños sin someterse a primarias, bajó la cifra hasta los 31 y las encuestas le dan hoy no más de una docena. Que no era buena idea se lo confirmaron sus vecinos en las elecciones gallegas de 2024, donde Sumar obtuvo exactamente cero diputados.

Ahora es Gabriel Rufián quien quiere ponerse al frente del Titanic, aunque solo quede tiempo para un último selfie en cubierta. Resulta llamativa la cobertura que recibió su presentación a través de la televisión pública, donde le dedicaron un tiempo y un espacio que no merece por número de votantes (y que ya quisiera Vox para sí, pese a ser el tercer partido de España). Tampoco deja de sorprenderme cómo Sumar y Podemos son «la izquierda a la izquierda del PSOE» en el lenguaje televisivo, pero nunca la «extrema izquierda» o la «ultraizquierda», que es lo que son.

Así que allí se presentó Rufián, con look tardoadolescente, zapatillas y camiseta. Durante su intervención deslizó que su programa se reduce a elegir bien el partido con el que presentarse en cada circunscripción para sacar el máximo partido al sistema electoral, el mismo que permite a Junts (con el 1,6 % del voto válido) tener de rodillas al presidente del Gobierno y, por extensión, a toda España. El proyecto político es el de casi siempre: que no gobierne la derecha; de ahí lo de «ganar provincia a provincia escaños a Vox».

¿Reacciones? De momento, Sumar no dice nada y Podemos se resiste a la disolución porque tiene un par de sillas muy bien remuneradas en Europa. Pero la realidad es que Rufián afronta dos problemas: el primero es que aquellos a los que espera convencer entienden la política como un fin (para hacerse ricos) y no como un medio. Y el segundo es que la gente mínimamente instruida está harta de esta izquierda friki que ha pasado del «os dan miedo nuestras tetas» a defender el burka como el epítome de la libertad.