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Perro come perroAntonio R. Naranjo

Sánchez en el Foro contra el Odio y un caníbal en las jornadas veganas

Los montajes del sanchismo, cada vez más cutres y peligrosos, nunca pueden con la verdad

Al escribir estas líneas Pedro Sánchez inauguraba el I Foro contra el Odio, que es algo así como si un caníbal presentara las Jornadas Gastronómicas Veganas, un ayatolá la Convención Internacional sobre Libertades o José Luis Ábalos, Paco Salazar y el suegro del presidente, al unísono, el Congreso sobre Feminismo y Cultura Sexual.

El odio es Sánchez y hace de él el único catalizador de su triste supervivencia: el muro que levantó para criminalizar a sus adversarios y blanquear sus nefandas alianzas, entre ellas con el terrorista que le ha hecho presidente, es su unidad métrica política: todo lo que no le sigue merece odio, señalamiento, repudio, aislamiento y persecución, con un lenguaje y una intención inspirada en Largo Caballero, de tono guerracivilista, contrario a la Transición y dispuesto a renovar el Frente Popular para salvar a su inexistente democracia de una ficticia ultraderecha violenta.

La verdad, con Sánchez, se ha convertido en una opción más, residual en su caso y violenta en los demás, y encuentra en sus juguetes en televisión la triste lanzadera del discurso: la pobre Sarah Santaolalla, presente en la cosa ésa del odio, se marchó entre insultos y voces de televisión el otro día porque, simplemente, le recordé que según el informe de un médico forense, la resolución de un juez y las pruebas audiovisuales presentadas en el juzgado, era falso que Vito Quiles la hubiera agredido físicamente.

La reacción normal de alguien sorprendido en una mentira es disculparse: la de Sánchez y los que le ayudan a montar el relato es hacerse los ofendidos, marcar al mensajero, exigir militancia en la farsa a sus seguidores, presentarse como víctimas y utilizar un caso falso para montar una causa general: no importa Santaolalla, cada uno puede hacer el ridículo como quiera, sino el uso que le da todo un Gobierno para que ese sainete obsceno justifique el impulso legislativo contra la prensa, el repudio de los jueces independientes y la victimización del presidente y de su familia: él no es un tío que gobierna sin ganar en las urnas, sin mayoría parlamentaria y sin cumplir con la Constitución. No. El pobre es el objetivo cinegético de unos escuadristas intolerantes que le acosan con montajes y acosan a su inocente familia.

El bochorno de Sarah, que se negó a presentar ante el juez las pruebas audiovisuales de su agresión porque simplemente demostraban que no existió, se completa con un informe del médico forense que niega la existencia de lesiones objetivas, descarta la agresión y achaca el cabestrillo y el resto de abalorios al deseo de la denunciante de usarlos, obviamente para decorar su función. Y se remata con la negativa del magistrado a imponer una orden de alejamiento porque las pruebas conocidas «contradicen la versión dada por la denunciante de los hechos». Punto.

Esto no convierte a Quiles en un ser de luz ni legitima un tipo de periodismo activista que no es periodismo, pero desmonta el número del agresor violento y lo ubica en el espacio correcto: el de un montaje para que, a cambio de alguna tertulia y algún premio, se preste la dama a la explotación obscena del caso desde el poder político para tapar sus propias vergüenzas y proseguir en su intentona de acabar con la disidencia y con los contrapoderes democráticos.

Uno no disfruta haciendo sufrir a nadie y no necesita ocupar tantas horas de conversación por algo tan rutinario como decir la verdad constatable cuando alguien se empeña en mentir; pero el padecimiento de ser cómplice de una mentira explotada por un Gobierno peligroso es infinitamente superior para la conciencia. Y como ahora se desatará la enésima campaña de ataques contra servidor, desde todos los satélites del podrido sanchismo, conviene aclarar un último punto: la verdad no varía, no se asusta y sabe pelear. Y generalmente no está sola, aunque haga menos ruido. Odio, Sánchez, es usted: el que lleva años auxiliando a terroristas de ETA para que le vote Otegi y no ha tenido ni un minuto para ver a sus víctimas.

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