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HorizonteRamón Pérez-Maura

La antítesis del sectarismo de Napoleonchu

El paso por Sarajevo fue importante y Westendorp se reía contando cómo le había tocado crear la bandera nacional y la moneda. E incluso me confesó que, en perspectiva, la nueva bandera nacional de Bosnia Herzegovina le parecía espantosa

Act. 01 abr. 2026 - 05:51

He leído con pena los obituarios y las notas necrológicas dedicadas a Carlos Westendorp. Fue un socialdemócrata a la vieja usanza al que tuve el gusto de tratar a finales de la década de 1990 y principios del nuevo siglo. En esa época le pedí que escribiera mensualmente en ABC lo que llamábamos un «Contraste europeo», en el que un socialdemócrata y un popular mostraban su punto de vista sobre un tema dado. Sería bueno que los que hoy dicen que el PP y el PSOE son la misma cosa en el Parlamento Europeo repasaran aquellos contrastes en los que el lado popular lo escribía Íñigo Méndez de Vigo. En 1999 y por ese «Contraste Europeo» ambos ganaron el premio Salvador de Madariaga de periodismo en la categoría de prensa escrita. Es un premio que otorga la Asociación de Periodistas Europeos que empuja mi colega Miguel Ángel Aguilar.

Me ha hecho gracia leer en El País el obituario que ha dedicado Pedro Sánchez a Carlos Westendorp. Razones de gratitud tenía. Cuando Westendorp fue Alto Representante de la UE para Bosnia y Herzegovina (18 de junio de 1997-17 de agosto de 1999), Pedro Sánchez encontró la posibilidad de ser becario en su oficina. Y Sánchez hace un elogio de su andadura, pese a que esta es la antítesis del sectarismo que practican él y Napoleonchu. El currículo de Westendorp parece el de un culo inquieto. Fue un socialdemócrata que buscaba consensos. Pasó menos de seis meses como último ministro de Asuntos Exteriores de Felipe González. Y el primer Gobierno Aznar lo nombró embajador en Naciones Unidas. Vean lo que hace Napoleonchu hoy con cualquier diplomático mínimamente afín al Partido Popular. O incluso con los que, sin tener esas ideas, solo aspiran a un servicio exterior con políticas de Estado.

Aznar se quejaba de que, sin consultar con el Gobierno, Westendorp empleó su embajada en la ONU para promover su candidatura en Bosnia Herzegovina donde sustituyó al ex primer ministro sueco Carl Bildt. El Gobierno español finalmente apoyó su designación. El paso por Sarajevo fue importante y Carlos se reía contando cómo le había tocado crear la bandera nacional y la moneda. E incluso me confesó que, en perspectiva, la nueva bandera nacional de Bosnia Herzegovina le parecía espantosa.

Tras dos años en Sarajevo Se fue al Parlamento Europeo en la lista del PSOE. Y después regresó a la política nacional para algo que casi nadie quiere recordar. En las elecciones a la Asamblea de Madrid de 2003 fue candidato en la lista del PSOE. Una vez elegido, le tocó presidir la mesa de edad de la Asamblea madrileña. Y fue tras su Presidencia cuando se produjo el célebre «Tamayazo»: la votación celebrada el 30 de junio de 2003 en la Asamblea en la que dos diputados del PSOE, Teresa Sáez Laguna y Eduardo Tamayo, se abstuvieron. Eso hizo que el candidato socialista, Rafael Simancas, no fuera investido presidente de la Comunidad. Westendorp asistía desconcertado a la abstención de sus conmilitones. Él creía que presidir la mesa de edad habría sido un asunto menor. Pero este caso de transfuguismo le metió en un proceso que acabaría obligando a repetir las elecciones en octubre con la victoria de Esperanza Aguirre.

Ya en 2004 el nuevo Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero lo nombró embajador en Washington, donde se las vio y se las deseó para defender ante el presidente Bush y su administración la España que salía corriendo de Irak. Fue un último destino de una carrera de relumbrón, sin duda. Pero siempre fue un placer hablar con él desde la discrepancia. En ocasiones muy profunda.

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