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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

La izquierda como onanismo moral

Cuando eres de izquierdas sientes que un caparazón te protege, como si fueras un armadillo. No, un ciempiés. Es el caparazón de la superioridad moral, una sensación duradera

Tomemos un ejemplo poco discutible de gestión catastrófica: desde que gobierna Sánchez hasta 2025, las agresiones sexuales con penetración aumentaron un 215 % (datos Ministerio del Interior). No hay modo de enfocar esto sin condenarlo, sin pedir dimisiones, sin reclamar responsabilidades, sin exigir un giro radical en la ley y en las políticas. Bueno, sí lo hay: ser de izquierdas. Entonces siempre despejas el balón: los jueces no aplican bien la ley porque son machistas, hay que formarlos en cuestiones «de género». O bien niegas los datos, a sabiendas de la incompatibilidad del ser de izquierdas con lo fáctico. ¿Qué es la verdad, Claudia? O arguyes que antes de Sánchez las violaciones no se denunciaban tanto. Averígualo, Vargas. O bien, a la desesperada, aseguras que si no gobernara Pedro Sánchez se violaría más. Cuando eres de izquierdas sientes que un caparazón te protege, como si fueras un armadillo. No, un ciempiés. Es el caparazón de la superioridad moral, una sensación duradera, posiblemente provocada por algún tipo de endorfina, por la que el adicto llega a emocionarse al pensar en lo bueno que es. Aunque el afectado no piensa en la palabra «bueno» de manera literal. Tiende más a «solidario», «concienciado», e incluso recurre al podrido comodín «comprometido».

Lo anterior vale para el izquierdista dispuesto a entablar un debate, aunque este suele desembocar en el insulto: «¡Facha, nazi, homófobo, violento, machirulo...!» No olvidemos que, en el individuo y en la masa zurda, la disposición a hablar con alguien que no comparta sus tres prejuicios tiende a cero. Así pues, empiezan por el insulto porque no te quieren delante. Una vez te han agraviado, comprenden que, en realidad, no quieren que existas, sienten que deberías desaparecer. Y aquí aguarda una panoplia de reacciones: está la agresión física directa, la amenaza de agresión inmediata, las maniobras histéricas sin rematar, el escupitajo, la amenaza más velada, el intento de aleccionamiento a lo Charo… Hay un juego interesante: situar al progresista que te amenaza, golpea o alecciona dentro del espectro de partidos que apoyan a Sánchez. Sin importar que en esa charca chapotee la extrema derecha del PNV o de Junts, pues al ser enemigos de España se ganan la consideración de progresistas, avanzados. Al querer romper España merecen respeto.

En la lógica abyecta de hoy, lo importante es no callarse. Hagan lo que hagan para que desaparezcas de escena, incluso para que desaparezcas del mundo de los vivos, no te calles nunca. Busca y encuentra la manera de seguir desquiciándolos con datos de la realidad que prueben lo traidores que llegan a ser, lo mal que gestionan todo, lo mucho que roban, la manera en que están disolviendo el estado del bienestar al traer extranjeros por millones. Complacen a la vez al antioccidental y al empresario de patronal (¡cuántos esclavos!) Pero, sobre todo, alimentan tramas carísimas que se lo llevan crudo mientras se sienten solidarios sobresaturando los servicios. Con similar generosidad, su memoria democrática aumenta el censo en varios millones.

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