Florentino, su impresionante éxito y sus detractores
Dedicándome a esto no me puede agradar su disputa con la prensa, pero lo que dice es cierto: ha logrado un éxito sensacional que no cabe poner en solfa por una mala temporada
Aunque queremos envolverlo en un romanticismo ya desaparecido, el fútbol es hoy un negocio hiperprofesionalizado. Pero presenta una diferencia respecto a las restantes actividades económicas. Y es que los seguidores de los clubes, que hoy son empresas, siguen sus avatares con el corazón –y a veces hasta con las tripas–, y no con la cabeza.
Si le preguntas a un aficionado de un equipo de fútbol si prefiere que un ejercicio se cierre con un título importante o con un enorme superávit contable, el 99 % de los hinchas te dirán que se quedan con la copa, que el dinero es lo de menos, que eso «ya se verá».
Esa dictadura de las emociones de la cancha provoca que en el estado de ánimo de los aficionados prime el último resultado, que se antepone a cualquier otra consideración. Si una temporada sale chunguilla, de inmediato un velo de desmemoria opaca todos los éxitos pretéritos, por magníficos que sean. Y eso es lo que ha pasado en esta campaña con el Real Madrid, donde además se han tomado algunas decisiones erradas, sobre todo la de desautorizar a un entrenador que quería poner orden a los divos y, finalmente, echarlo y sustituirlo por un Arbeloa sin experiencia en el exigente fútbol megaprofesional. Todo con la guinda de unos impresentables sopapos en el vestuario, que siempre han existido en los equipos de fútbol y que no son nada nuevo. Pero que aquí se han filtrado de inmediato, que es lo que realmente agrava el problema, pues se ha vulnerado el código de honor de que «los trapos sucios se lavan en la caseta».
Y luego está el mundo del periodismo deportivo, que no deja de ser una forma de entretenimiento. Lo conocí de chaval, cuando empecé a velar mis primeras armas como un gacetillero deportivo más malo que la quina (no tenía ni idea de fútbol y en mis épicas crónicas de los partidos del Súper Dépor siempre abusaba de las mismas metáforas). Enseguida me di cuenta de algo evidente: la mitad de los días todo aquello era un puro relleno. Muchas veces no había mucho que contar (o nada). Pero cada día era obligado ofrecer alguna historia a la afición para entretenerla. Se genera así una enorme inflación informativa, que con el mundo digital se ha amplificado, se ha vuelto instantánea y cuenta con menos filtros profesionales. Todo el mundo raja, todo el mundo opina y muchos esparcen rumores, o a veces mentiras rampantes. Por supuesto en cuanto un triunfador pasa por un bache llegan las críticas, muchas veces en forma de facazos dialécticos mal sustentados, que atienden más a los mentideros que a hechos comprobados.
Florentino Pérez, de unos 79 años que se le van notando, como a todo el mundo, es un formidable empresario forjado en épocas informativas más sosegadas que las actuales. Si a ello se une que siempre ha sido bastante alérgico a la crítica, el resultado es que se le han inflado las meninges y ha dado un puñetazo en la mesa contra cierta prensa crítica convocando elecciones.
Ayer lanzó su órdago, con el que venía a decir: el voto masivo de los socios os callará la boca a los que estáis poniendo a parir al Real Madrid, y en especial, a mí. Todo expuesto de una manera muy dolida, llegando a hablar de «una campaña de difamación» contra él.
La rueda de prensa constituyó un inesperado espectáculo, con el Florentino más castizo y retador encarándose con los medios en una llamativa liza propia casi del Despacho Oval. Como periodista no me agrada su disputa con la prensa (aunque es verdad, y me consta, lo que dijo sobre algún aprendiz de seudo editor que iba a por él). Sin embargo, lo que alegó el presidente del Real Madrid en su defensa es cierto: ha logrado un éxito impresionante, casi impensable, que no se puede poner en solfa solo por una mala temporada.
El ingeniero Pérez salvó al Real Madrid de la ruina y lo hizo muy próspero, llenó sus vitrinas con siete Champions, que antes se escapaban, ganó otras tantas ligas y convirtió al club en el mejor del mundo y el más valioso. Además, lega un estadio rutilante y una puntera ciudad deportiva. Todo eso no se puede olvidar para ponerlo a parir a degüello en el bar de barra libre de cierta prensa deportiva, donde algunos gañancetes altivos van de reencarnación de Woodward y Berstein.
Florentino muy probablemente ganará sus elecciones y seguirá mientras el cuerpo aguante, porque el club y su trabajo extenuante en él ya se confunden con su propia vida. El Real Madrid volverá a conquistar títulos por todo lo alto (y a perder algunas veces de manera tontolaba, como es ley de vida). Mientras tanto hemos tenido una tarde de espectáculo de lo más curiosa. Hace muchos años que no compro el Marca y el As, pero mañana les echaré un ojo a ver cómo se ha encajado la andanada.
Pero bueno, tampoco hay que darle a todo esto muchísima más importancia que la que tiene, porque como dijo el más importante filósofo serbio, Vujadin Boskov, entrenador del Real Madrid del 79 al 82, sabido es que «fútbol es fútbol».