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Perro come perroAntonio R. Naranjo

Orgullo progresista

No se preocupen, que ya tenemos explicación para todo y el pobre Sánchez tiene claro cómo proceder

Ya tenemos respuesta de Sánchez y de todos sus mariachis a la evidencia de que, además de comprarle el poder en un oscuro callejón al separatismo, se sirvieron de métodos mafiosos para mantenerlo: el orgullo progresista. La frase no es nueva, y funciona en ese ideario para todo: que sorprenden a Ábalos enchufando a sobrinas en empresas públicas, orgullo progresista. Que la señora se crea cátedras pantalla, mete en ellas a empresarios beneficiados luego por adjudicaciones de su marido y se dedica a captar fondos, orgullo progresista. Que detectan un cártel en Ferraz, dispuesto a enviar cabezas de caballo a jueces, fiscales, y guardias civiles, orgullo progresista.

El orgullo progresista vale para todo: también para mentir sobre las causas de un accidente mortal en Adamuz, para escurrir el bulto con la dana, la pandemia o los incendios; y desde luego para que el mismo presidente que anuncia la abolición de la prostitución haya vivido y veraneado durante lustros en pisos comprados por el suegro gracias a ella, e incluso su querida esposa pueda alquilarlos ahora al módico precio de 1.750 euros mensuales a un amigo de la infancia de Pedro, que la ayudaba a buscar patrocinadores para su chiringo y mantenía algún tipo de relación con Plus Ultra, según el informe de la UCO que los palmeros sanchistas presentan, sin pudor, como la prueba de que la dama es inocente, la pobre.

El orgullo progresista necesita, para completar el soneto, otra estrofa, y también es pública y notoria: la conspiración, igual de bonita y de vacía. Si la contestación a miles de páginas, pruebas, conversaciones, escritos, transferencias, facturas y testimonios sobre la Rosa Nostra y sus distintas «famiglias» es apelar al «orgullo progresista», que suena como la berrea de los ciervos o una reforma con pladur si se paran a pensarlo; el contraataque pasa por presentarlo todo como una sinfonía concertada de un montón de poderes ocultos para acabar con ese orgullo y con quien lo encarna.

No dicen exactamente quién conspira, con nombres, apellidos y cargo. Tampoco en qué momento exacto, con qué, cómo y cuántas veces, pero no hace falta: a la evidencia de que Santos Cerdán dio órdenes de pagar a Leire Díez para que extorsionara a la UCO, acosara a la Fiscalía o buscara trapos sucios de la juez de David Sánchez Pérez-Castejón, utilizando facturas falsas compulsadas por la gerente del PSOE; le basta con sacar al eslabón perdido de Puente denunciando una campaña antidemocrática para derribarles.

Hasta el más tonto de los sanchistas aceptará que no se puede replicar al cúmulo de bochornos apelando a la identidad ni denunciando un acoso indefinido pero masivo. Y desde luego al periodismo de trinchera gubernamental le debería empezar a dar vergüenza apelar al mismo mantra cuando un periodista serio la ponga delante de sus morros cualquiera de los cientos de pruebas que ya atestiguan, sea o no delito, las andanzas infames de todos los protagonistas de los distintos sumarios.

Leire Díez, por ejemplo, nunca fue expulsada del PSOE, no ha sido demandada por actuar en su nombre, mantuvo al menos 17 reuniones con Cerdán, recibió pagos del partido y fue colocada por el Gobierno de Sánchez en Correos y en Enusa, donde también está colocado el exgerente socialista. Y sale grabada organizando un entramado para cargarse al responsable de las investigaciones de la UCO. ¿Cuando estos hechos irrumpan en un debate o en un tribunal también van a cacarear que «orgullo progresista» y que «conspiración» sin sentir un poco al menos de alipori?

El orgullo progresista sería decirles que deben todos dimitir, aceptar la prisión que piden a voces, pedir disculpas y, en los improbables casos recuperables, hacer acto de penitencia y contrición con la oportuna devolución de todo lo mangado. Y también lo sería que cuatro diputados del PSOE, al menos, dijeran hasta aquí hemos llegado y pensaran más en su país que en cómo llenar la barriga.

Pero qué vamos a esperar de una tropa que, con un país endeudado, empobrecido y con un crecimiento económico de mentirijillas, presume también de «orgullo progresista». Están a cinco minutos de sostener que las saunas de Sabiniano creaban trabajo y daban escudo social a chaperos y prostitutas, presentados como embajadores del amor. Vaya chusma.

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